Puerto Argentino: Un nuevo Poder (Perfil 31/3/2012)

31 marzo 2012 at 7:01 13 comentarios

Puerto Argentino: Un Nuevo Poder

I

Recién tengo una idea de lo que debe haber sido lavida delos reclusos enviados a las cárceles de Tierra del Fuego gracias a la experiencia que el diario Perfil me invitó a disfrutar en nuestras queridas Islas Malvinas.

Un periodista dela revista Gente, otro del diario Patagónico de Chubut, conforman todo  el pelotón nacional aquí presente ya que ninguna otro visitante argentino se percibía en los primeros días de esta semana del treinta aniversario de lo que acá consideran como un día macabro de la historia de las islas. Siendo el 2 de abril un día de luto, el 14 de junio festejan lo que llaman el día de la liberación, jornada de agradecimiento a Margaret Thatcher y a Gran Bretaña en general.

Asistí este domingo a una misa en la iglesia anglicana y conocí al párroco Richard Hines que hace cinco años vive en Puerto Argentino que aquí llaman Stanley. En los años setenta vivió cuatro años en el chaco salteño trabajando de ingeniero fitopatólogo en una comunidad de matacos. Dejó nuestro país hacia el Paraguay en el comienzo de la contienda por consejos de su propia embajada dado que el clima con los ingleses se había enrarecido.

Es lo mismo que me pasa a mí en este puerto. Es un clima más que raro, más bien hostil. Lo que no quiere decir que haya caza de argentinos, les llevaría unos minutos, pero me recomendaron no ir a los pubs porque la borrachera metódica a base de lúpulo despierta cierta animosidad ante quien habla castellano y no es chileno. Me basta con no salir del hotel para evitar mirarle la cara a la señora de la recepción cada vez que le pregunto algo.

Es posible que por mi edad se me confunda con un veterano de guerra, más de uno me lo preguntó, a mí, que ni siquiera hicela conscripción. Digoque soy periodista, labor que no es mejor catalogada ya que aquí, como en nuestro país, dicen lo mismo: los periodistas argentinos mienten! Les faltan los alfajores con la consigna resaltada porque desconocen el producto.

Nos tienen miedo. Es un temor difuso pero real. No creen del todo en una nueva agresión militar – así la sienten – pero viven con inquietud las declaraciones de nuestros gobernantes. Al mismo tiempo se sienten bien protegidos por la base militar inglesa y por la actitud británica de concentrar cada vez más intereses en las Malvinas.

Una señora que era parte del pequeño grupo que se reunió para tomar un refrigerio luego de la misa, se acercó a la amable charla que tenía con Hines, y me preguntó de dónde era. Le dije que de Buenos Aires. Tenía estampada en su campera de lana un distintivo con el croquis de las dos islas y una inscripción que decía Falkland Islands. Lo primero que me aclaró es que era malvinense – palabra desconocida aquí – , una falklander, de varias generaciones. Y declaró su propiedad sobre las islas: esto es mío, me dijo, esta tierra es mía, repitió. No refuté su afirmación porque estaba en lacasa deDios y de acuerdo a mi credo pienso que el universo es su creación y por lo tanto un producto de su exclusiva posesión, y, además, porque debo permanecer en la isla una semana completa hasta que llegue el próximo avión.

Quiso que la entendiera, lo repitió ante la presencia de Hines y del periodista chubutense, de una periodista brasileña y un camarógrafo uruguayo. Me pidió que descifrara el código de lo que habría de decirme para que no hubiera malentendidos.

Hay algo que le agradezco a Galtieri, me dijo mientras me miraba fijamente, ese general hizo que Gran Bretaña no terminara por olvidarnos. Gracias a él, subrayó, se acercaron a nosotros y nos permiten vivir en paz y prosperidad. Mucha prosperidad.

Agradecer no es la palabra, me permití contestar, pero en mi caso, le dije, y no sólo en el mío, a nosotros nos diola democracia. Laverdad es que no quería hablar de la herencia benéfica que nos dejó Galtieri ni escuchar en silencio sin opinar por conveniencia. No soy un buen periodista. El tema se me volvía algo escabroso y no quería perder el buen humor que se pierde cuando se habla de política con panza de bocón y cerebro de mosquito.

Gracias a la guerra, a los ingleses se les ocurrió en el año 1986 decretar una zona de exclusión de ciento cincuenta millas que les permite a los isleños adueñarse del mar circundante y dar licencias de pesca a los barcos interesados en la explotación marina. Su producto bruto pasó de tres millones de libras a cien millones. Se ufanan porque cuidan la fauna marina limitando la pesca de especies menguantes y no como nosotros que la depredamos según ellos sin consideración.

Por unos folletos que me entregó el jefe deprensa dela gobernación de la isla, el señor Darren Christie, y a un dvd ilustrativo sobre la situación actual en las islas, me informo que de una recaudación fiscal de cuatro millones de libras por año, pasaron por el otorgamiento de licencias a obtener veinte millones.

De ello deriva que el ingreso anual sea de unos veinte mil libras o cuarenta mil dólares por habitante medio por año, y que conserven su idea de que viven en un territorio libre de drogas – a pesar de que vi a través de una ventanade una casaa jóvenes despreocupados pasarse cigarritos de mano en mano -, con aire limpio, productos orgánicos y armonía comunitaria.

Digo esto para entrar en tema. Los isleños quieren ser ricos. Y quieren que los dejen ser  ricos. La garantía de que lo sean se la dan los ingleses, que quieren hacerse ricos con ellos. Indudablemente, conocen a laargentinacomo la conocemos los argentinos, y saben que de parte nuestra la garantía que pueden tener para acumular recursos es de otra índole. No sé por qué pero no confían en nosotros ni en nuestra pericia contable. Pero no sólo por el dinero se sienten más cómodos con los anglos sino por razones culturales.

Los malvinenses, o kelpers – palabra que tampoco se usa en este lugar – dicen que no son ingleses pero sí británicos, que son autónomos, autosuficientes, e independientes aunque bajo un paraguas imperial. Que eligen a sus propias autoridades pero no del todo. Que no son una colonia sino un territorio anexo. Cuando me mencionaba esto Tony Smith, un referente necesario de todo visitante a las islas por su agencia de viajes y sus dos jeeps que nos pueden llevar a los lugares habituales que impone el turismo de guerra yel depaz – este último referido en especial a las pingüineras – le respondí que por lo que yo sabía, el gobernador era elegido por las autoridades en Londres. Me confirmó que era cierto, pero me aseguró que no tenía facultades delegadas de importancia y que las islas estaban administradas por un consejo elegido por voto popular.

Dije que entrábamos en tema. Había dos cuestiones al parecer inevitables para un argentino en viaje a las Malvinas. Una es la identidad, y la otra el homenaje a los héroes muertos en la guerra por la recuperación de las islas. Por lo que una visión dramática se vuelve inevitable.

¿Las Malvinas sonargentinas? Y si lo son, ¿cuál es el argumento que sostiene esta afirmación? Para saberlo es frecuente recurrir a la historia, todos los hacen. El problema es que la historia no es precisamente una esfera de vidrio por la que aquello que sucedió allá lejos y hace tiempo nos vuelve en su pureza original gracias a un vidente o una bruja de oficio.

La historia no se separa de las versiones que de los sucesos hacen testigos, cronistas y académicos. El llamado conflicto de interpretaciones es una realidad. No por eso hay que  rasgarse las vestiduras mientras se denuncia a la posmodernidad, al nihilismo, al nominalismo, al escepticismo y al cinismo. Nadie dice que la verdad no existe, el problema es que no viene sola, siempre está acompañada por alguna fe, o creencia, o, al menos una investidura o autoridad que la decreta verdadera.

En este caso la verdad está ligada a un problema de identidad. Y la verdad – ya que hablamos de ella – es que estas cuestiones de identidad pueden volverse indecidibles.

Si se me permite una alusión personal que me autoriza aunque fuere por el hechode que soyyo quien está en las Malvinas en estecuarto dehotel a estas horas de la madrugada, destemplado porque me hacen cenar a las ocho de la noche a más tardar, tengo un televisor muy pobre en canales que no me permite ver las derrotas de los equipos de Avellaneda ni el esperado triunfo que fue derrota de Vélez, para hablar de este tema de la identidad como un caso personal.

Todo el mundo quiere una identidad. Ser idéntico a algo, al menos a sí mismo. Yo algo sé del asunto. Judío, rumano y argentino. Los judíos son especialistas en preguntarse quienes son. Después de que la Biblia les aseguró de que son un pueblo elegido, no satisfechos con eso, siguen luego de cinco mil años con el interrogante de qué es ser judío, dan vueltas sobre el asunto y organizan paneles, conferencias, pastorales, sobre esta autorreferencialidad infinita.

Los argentinos también nos hemos especializado en la cuestión y nunca nos agotamos de interrogarnos sobre qué somos, quienes somos, adónde vamos y de dónde venimos, para finalmente rematar con el qué nos pasa a los argentinos, tan abusado por los cómicos.

No hablo de los rumanos porque me interesan menos pero ellos también hace siglos que sostienen que no son lo que deberían ser y nadie sabe a qué apunta semejante deuda. Pero lo que no me esperaba es que aquí los kelpers no se llaman kelpers, los malvinenses no se llaman malvinenes, ser isleños tampoco ofrece referencialidad cierta porque es una generalización no identitaria, y por lo tanto tampoco saben lo que son.

Y como sucede habitualmente, los que sí lo saben, o al menos quienes llegan  a una conclusión sin tantas artimañas son los otros, los que los contemplan, los observadores. Estos señores que viven en estas islas que no se sabe en principio de quienes son,  parecen más ingleses que los ingleses de Inglaterra. Uno toma un subte en Londres y está en la India, en Nigeria, en Pakistán, en Jamaica y a veces en Inglaterra. Aquí sólo se está en el United Kingdom, como le dicen acá, con sus costumbres aldeanas, sus pubs en los que el domingo la gentes se emborracha sin pausa mientras tira unos dardos y ve televisión, sus casitasde madera blanca, sus inevitables jardines de invierno y pequeñas porches que se anticipan a los recoletos interiores, sus chuletas grasientas, su cerveza tibia, sus “bacon”  hasta en los baños – al menos en el mío – y con un agregado: la mirada fría y despreciativa frente a un argentino.

Si uno recorre el Penguin News que sale los viernes, únicodiario delas islas, pueden informarse de las actividades que ofrece Puerto Argentino-Stanley entre las que se destacan la arquería y el badminton. Es una pena que no haya tenido oportunidad de sumarme a alguna de estas actividades, en especial a una que nunca practiqué, pero por razones de seguridad no creí conveniente participar de un deporte cuyos blancos pueden llegar a ser móviles y dar la excusa de un accidente lamentable, en especial para mí.

No quiero decir con esto que no haya falklanders que no sean simpáticos, los hay, como de todas las nacionalidades en todas partes del mundo. En algunas reuniones a las que asistí pude ver que conforman una comunidad unida, respetuosa de sus tradiciones, alegre en sus festividades.  No tienen por qué tener buenos recuerdos de una invasión violenta cuya legitimidad les es totalmente ajena cuando no exterminadora, pero de hecho somos sus enemigos, dicen que ocupamos sus casas y tierras, que matamos doscientos cincuenta británicos, además de tres isleños que murieron por una bomba inglesa perode responsabilidadargentina, nos ven agresivos y que no tenemos otro propósito queel denegarles el derecho a la existencia.

Esta tierra es mía nos dicen, la ocupamos desde ocho generaciones, somos tres mil habitantes con una sola voluntad que es la de no irnos nunca más.

Ahora, ¿por qué es de ellos? Nuevamente, gracias a los implementos que me facilitó laoficina deprensa de la gobernación, recibí un informe histórico detallado sobre la historia de la isla que me llevó largas horas leerlo que demuestra que los argentinos mienten. Tantas veces dicen la palabra mentira a propósito de nuestras versiones que nadie con un gramo de cerebro debería dudar ante la acumulación de nombres, fechas y hechos que nombra el folleto, de que las Malvinas…no son de nadie!

Es posible que carezca de ese gramo de cerebro prescripto, pero lo que la abundancia de acontecimientos muestra es que son francesas, españolas, norteamericanas, noruegas, claro que nuestras y…brasileñas!

Eso sí que no es aceptable, lo que sostiene la simpática periodista brasileña que hace un documental sobre los recuerdos de la guerra para la televisión de nuestro hermano mayor, es que no sé cuantos cariocas, creo que dos, pasaron por las islas, y que les da derecho a participar de la controversia sobre su propiedad.

II

Al menos lo que yo entendí, es que las Malvinas no son inglesas, si lo son es por apropiación a partir de 1833 aprovechando de que los argentinos se cansaron de litigarlas desde 1820 y porque las guerras civiles y la conformación de la nacionalidad llevó casi otro medio siglo con lo que devoró durante ese tiempo las energías políticas, porqueLuisVernet sólo quería hacer negocios, porque Rosas una vez expulsadas las fragatas inglesas y francesas, se tomó una pausa en el reclamo y arregló un modus vivendi que sentaría una base de silencio por años, y porque hasta los mismos kelpers dicen que no son inglesas porque son de ellos como ocupantes estables por ocho generaciones.

Parece cierto que nuestro país cuya diplomacia es tan creíble como el Indec pasó largas épocas en que no denunció nada, y delegó su reclamo de soberanía en un francés como Paul Groussac para elaborar en su momento textos reinvindicativos de nuestros derechos cuando no lo hacía casi nadie salvo el “exótico” – como lo llaman aquí – Alfredo Palacios.

De todos modos este asunto de la pertenencia es un contubernio, y hasta diría una discusión anacrónica. La guerra cambió todo.

Los periodistas argentinos que llegan acá se acoplan a un veterano oa un grupode veteranos de guerra para recorrer los campos de batalla y el cementerio en donde están enterrados nuestros soldados. El problema es que en estos días previos al 2 de abril no hay ningún ex combatiente. Los isleños están de muy mal humor porque recibieron este verano la visita de algunos grupos de veteranos a quienes califican de sumamente desagradables, irritantes, y ruidosos, calificativo acentuado con asiduidad. Imagino que los veteranos de la guerra que vienen a visitar las tumbas de compañeros muertos se deben haber tomado una cervezas y en las calles animarse a gritar “ vamos vamos Argentina, vamos vamos a ganar, que esta barra malvinera, no te deja no te deja de alentar…”.

A los kelpers les cayó bastante mal el llamado “ruido”, pero como son muy civilizados les permiten el ingreso a la isla como me lo permitieron a mí luego de preguntarme en migraciones a qué me dedicaba, y les dije “escritor”, ¿de qué? me preguntó el militar, “de libros” le dije, y cuando me miró fijo, agregué, “y diarios”, ¿cuál?, inquirió, dije “Perfil”, se fijó en una lista, y me devolvió el pasaporte.

Tan civilizados son que en el diario malvinense mencionado un miembro de la asamblea legislativa pide a los kelpers que no se alarmen ante la conducta de los veteranos argentinos porque finalmente no son más que ex combatientes ignorados por su propio país, heridos sino física, mentalmente, y que son usados como peones de brega para las más aventuradas manipulaciones políticas.  Les pide un poco de conmiseración.

La guerra es el pasado. No se trata de la vigencia de recuerdos de quienes participaron en ella o presenciaron el acontecimiento bélico. Todos recuerdan y no quieren olvidar. Sino de la situación que se vive en el presente. Los héroes de guerra son aquellos que entregaron su vida porla patria. Ytodos sabemos que la patria es un símbolo que exigedar nuestra vidacuando la patria así lo reclama. Pero no lo pide por sí misma sino por quienes dicen representarla.  Junto a Dios y a la familia, son ideales de  una fuerza ética que supera nuestro instinto de conservación. Se muere por un hijo, se muere en nombre de Dios. Y cuando alguien dice que nos han robado un pedazo de tierra que es nuestra, el sentimiento comunitario se vuelve unánime, la mirada de los otros es definitiva, y quien no cumple con el deber es condenado por traidor o humillado públicamente.

También sabemos que la guerra fue una artimaña de la junta militar para perpetuarse en el poder. Los argentinos soportamos mal un problema de consciencia con aquella guerra. Los héroes fueron también víctimas, y no de los ingleses sino de nuestro apoyo a una acción que en nombre de la defensa de la patria se alistaba detrás de una dictadura que hoy casi todos califican de genocida.

Los soldados fueron a la batalla algunos con voluntad de pelear contra un usurpador y otros obligados sin posibilidades de respuesta ni preparación para combatir a un enemigo más poderoso. Tenemos un problema de consciencia porque la derrota y las muertes de cientos de soldados provocaron el derrumbe de un régimen que hoy llamamos criminal. Y nosotros desde la sociedad civil no buscamos la democracia resultante porque no creíamos en ella. Las urnas estaban bien guardadas y ya fuera desde el punto de vista revolucionario de los setenta como desde el poder militar, aquel “ que se vayan todos” anterior al del dos mil uno, obtenía el consenso desde polos opuestosde una sociedadque vivía bajo la violencia de uno y otro lado.

La división política que podía existir en aquella época entre quienes apoyaban al Proceso – que eran muchos –  y los que lo denunciaban –que eran pocos – , además de las internas que dividían al campo militar y a sectores políticos entre masseristas populares y posvidelistas liberales,  quiso suturarse mediante la unión nacional detrás de una misión patriótica. Y fue lograda, con el costo de las muertes de nuestros soldados.

Por eso hoy no debemos escudarnos como en aquellos tiempos detrás de la heroicidad de  los soldados para ocultar nuestras falencias y acomodarnos a bajo costo detrás de una memoria manipulable. La guerra terminó y quienes murieron en ella ya no están. Nosotros sí estamos, sobrevivientes incómodos.

Hoy la situación es otra. Ya no se trata de identidad ni de heroicidad, hoy la nueva fase pertenece a los intereses crudos que delimitan ambiciones de poder. Los kelpers hasta la guerra vivían pobremente. Los ingleses estaban poco interesados en ellos. Encontraban en nuestro país lugares de recepción para sus estudiantes. Sanatorios y hospitales para sus enfermos. Nos visitaban. Aún así jamás se sintieron identificados con nuestra forma de ser, ni con la lengua, ni con la historia.

Después de la guerra todo cambió. Los ingleses tienen una base militar con personal que supera la mitad de la población isleña. La pesca en un mar que declararon propio es una importante fuente de divisas. Llegan los cruceros que aportaron cuarenta mil turistas el año pasado, más de diez visitantes por cada habitante. Y ahora el tema mayúsculo: el petróleo, la gran ilusión de los isleños. Ya se encuentran en la isla numerosos trabajadores que tienen que ver con la exploración del oro negro. De encontrase napas ricas en minerales, las islas pueden convertirse en un territorio crucial en el Atlántico Sur. Se militarizará aun más. De no hallarlo, de todos modos la presencia inglesa no deja de ser útil para sus intereses geopolíticos si se considera la cercanía del continente antártico que es fuente de futuras riquezas. No reconocen derecho alguno  de nuestro país respecto de la Antártida.

Nuestro país y nuestro gobierno hacen bien en inquietarse por lo que está ocurriendo aquí. Las Malvinas hoy parecen convertirse en un punto estratégico de importancia para grandes potencias. Nuestro país no lo es. No podrá por si solo tener peso para que la tendencia a la permanencia de fuerzas militares, la explotaciónde la plataforma marinaen pesca y petróleo, la amenaza a la ocupación de regiones antárticas, pueda ser revertida. Necesita de apoyo regional e internacional. El modo conflictivo en que el gobierno lleva sus asuntos puede serle redituable en la política interna, no loes en elorden internacional. Nos aisla.

Creemos que provocando a los isleños, amenazando con algún bloqueo, pidiendo la suspensión de los vuelos desde Chile, logramos un poco más que los aplausos de la platea que acompaña a los discursos de la Presidenta.

La solidaridad del Unasur no es suficiente, ni tampoco tiene garantías de perdurabilidad. Chile tiene intereses en la región, que no son los nuestros. Conocemos nuestras rencillas con Uruguay, nuestro pasado con los peruanos. El poder de Brasil que mira el mundo antes que a nosotros.

Quizás los cambios en el mundo globalizado que actúa a favor los países del Bric nos ayude. Pero no debemos confiar que la solidaridad posible vaya a ser gratuita. En caso de manifestarla, pedirán lo suyo.

Creer que se puede enamorar a los kelpers es un sueño de intelectuales. Lo que más quieren de nosotros es que los dejemos en paz, que los olvidemos. Nos pueden decir que en caso de renunciar al pedido de soberanía compartirán con nosotros dividendos petroleros, no creo que lo hagan. Si reconocemos su derecho a su autodeterminación se relajará el clima político, sin duda, pero lo hará sólo para que la asociación anglo-kelperiana prosiga su plan económico político. En las islas hay un habitante cada cuatro kilómetros cuadrados, uno cada cuatrocientas manzanas. Las islas  son más grandes que Chipre, más grandes que el Líbano y Gales, la mitad de Bélgica. No los convenceremos de nada. No hay ositos de peluche. Hay que hablar de soberanía y de política.  Es una cuestiónde poder. ElAtlántico Sur es el botín apetecido. Mejor que lo hagamos con una mejor diplomacia y con menor espectáculo mediático.

Del problema de la identidad y de la pertenencia que motivó el relato de la guerra del 82, pasamos a la situación degradada de los excombatientes en consonancia con un canto a su heroicidad.

Hoy ya no se trata de identidad ni de heroicidad. Hoy la soberanía se discute en términos de poder supranacional. No somos  nosotros los que estamos litigando una porción de tierra en las costas inglesas. Son los imperios o ex imperios los que crean problemas a miles de kilómetros de sus territorios nacionales. Es la historia vivida y escrita con detalle desde que el capitalismo mercantil declarara la no territorialidad de los mares para que las corporaciones pudieran franquear monopolios o soberanías inconvenientes.

No se trata de agredir a los kelpers, por el contrario, hay que ser pacientes, debemos hablar con ellos y no sólo con los ingleses,  escuchar al otro sin olvidar que el otro de ellos somos nosotros por lo que ellos también deben escucharnos, y ubicar el problema en sus términos actuales.

Quizás debamos no cerrar todas las puertas,  no mostrarnos agresivos con los isleños con actos que sólo despiertan odio como pedir la suspensión de vuelos desde Chile a las islas sin que aportemos ninguna contrapartida para mejorar las relaciones. No se entiende el abandono de la comisión que controlaba la riqueza submarina integrada por nuestro país y en la que el diálogo con los kelpers es de mutuo interés, como me lo expresó Mike Summers, miembro de la asamblea legislativa de las Malvinas. Nuestra exigencia de soberanía a toda costa impide cualquier progreso aunque fuere en beneficio muto.

Hay un poder que crece en el Sur a pocos kilómetros de nuestro territorio. No podemos aceptar que la inmunidad y la impunidad de las grandes potencias permitan ignorar escudados detrás de un pequeño pueblo tanto nuestros derechos – compartidos o no – de territorialidad como los que nos corresponde por la explotación de los recursos.

 

 

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RUMBO A MALVINAS Impresiones de Puerto Stanley (Perfil 1/4/2012)

13 comentarios

  • 1. Ma.Cristina  |  31 marzo 2012 en 8:49

    No será este gobierno el que haga las cosas como corresponde, Tomás, son bravucones, no se puede esperar nada racional. Buen consejo, no abandonar el reclamo, pero hacerlo como se debe. A no ser… que las escuchas y espionajes lleguen hasta Londres y allí encontremos pasto para las extorsiones y amenazas.

  • 2. Juan sin Tierra  |  31 marzo 2012 en 9:02

    Creo que antes que los isleños empiecen a mirar con interés una especie de asociación con Argentina, pasarán por lo menos tres o cuatro generaciones, que seamos una Argentina creíble, con instituciones republicanas y economía sólidas, y con gobiernos que empiecen a respetar a sus propios ciudadanos. A partir de alli, una polìtica como la desarrollada durante el gobierno del Tte. Gral. Lanusse a fines de la década del 60, con vuelos semanales entre CRV y Pto. Argentino-Stanley, atención médica de calidad, posibilidad de estudios superiores.A partir de allí, ellos solos empezarán a mirar con interés a nuestro País. Además de ello, nuestros gobernantes -desde hace años hasta ahora- no han demostrado capacidad para administrar bien el Territorio continental, no veo el motivo ni la conveniencia de contaminar con los vicios propios de nuestra forma de vida a una comunidad que vive desde hace varias generaciones en paz con la naturaleza y con su medio.

  • 3. Ignorante primero  |  31 marzo 2012 en 10:20

    Se podrá saber quien paga a “la barra malvinera” que apaarece por allí??

  • 4. Damian  |  31 marzo 2012 en 10:24

    Si todavía anda por allí, largue al párroco , la agencia de turismo y a pesar del riesgo tómese unas copas con los ingleses, kelpers, falklanders o como se llamen

  • 5. magu  |  31 marzo 2012 en 10:51

    Comparto los dos antepenúltimos párrafos, aunque pienso que deben ser un territorio propio y autónomo, reconocido como un país libre en el mundo entero.

  • 6. Liliana César  |  31 marzo 2012 en 11:27

    Una disgresión con una historia de familia:

    Alrededor de 1963, unas primas mías viajaron a Europa en el Arlanza, buque inglés de pasajeros, pequeño, no una mole como los barcos italianos.

    Allí viajaban también varias chicas falklanders.

    Para la visión de mis primas, jovencitas típicamente porteñas de clase media -Caballito, nietas de italianos- las chicas esas eran muy tontas, casi no normales.

    Parece que todos los del barco se divertían a costa de las isleñas, que se reían estúpidamente de cualquier cosa, no sabían bailar y casi no hablaban más de cuatro palabras seguidas.

    Una explicación que les dio a mis primas uno de los oficiales ingleses es que, como en Malvinas vivía tan poca gente, había muchísima consanguinidad y eso daba por resultado gente rara.

    Lo cuento tal como me lo contaron.

    Ahora yo me inclino a creer que es probable que esa especie de retardo fuera más bien de tipo social, ya que se trataba de chicas de un pueblito perdido en unas islas perdidas.

    Por otra parte, Tomás y otros de mi generación han sido testigos de que las chicas de Caballito de entonces no éramos lo que se dice muy despiertas. Así que estoy segura de que las isleñas esas eran MUY tontas.

  • 7. LALO  |  31 marzo 2012 en 11:49

    NADA ES PARA SIEMPRE E INGLATERRA LO SABE.

    NI CAMERON, NI SUS ANTESESORES, NI LOS PROPIOS ISLEÑOS LOS DE HOY COMO LAS GENERACIONES ANTERIORES, PUEDEN TENER LA CERTEZA Y MENOS LA TRANQUILIDAD DE QUE ARGENTINA CON SUS FUNCIONARIOS DE TURNO, LOS DE HOY COMO DE AYER, SEGUIRAN PERTINAZMENTE POR EL CAMINO DEL LA DECLAMACION PATRIOTERIL.
    NADIE PUEDE ASEGURARLES A NUESTROS EVENTUALES ADVERSARIOS QUE EN ALGUNA OTRA ETAPA, LA ARGENTINA LOGRARA DESHACERCE DE SUS CONDUCTAS ADOLESENTES.
    EN ALGUN OTRO TIEMPO POR VENIR, QUIZAS LEJANO, ARGENTINA DEJARA DE SER ” EL PAIS DE LAS OPORTUNIDADES PERDIDAS”.
    AUN CUANDO LA REALIDAD ME DEMUESTRE QUE LA MISMA PELICULA SE REESTRENA CON INUSITADO EXITO, DECADA TRAS DECADA.
    SÍ ALGO CAMBIO, EL VERDE OLIVA FUE TROCADO POR EL NEGRO LUTO.

  • 8. josesolari  |  31 marzo 2012 en 15:31

    ¡Al fin! Estaba esperando una opinión suya sobre el tema y me encuentro con mucho más que eso, felicitaciones Tomas por su decisión.
    Después de leer esta publicación reafirmo mi convicción de que Argentina, como estado-nación, debería manifestarse internacionalmente en apoyo a la independización de los isleños. No colonización Inglesa, ni Británica, ni Argentina.
    Nuestro mejor anhelo sobre este territorio, debería ser integrar las islas a Latinoamérica como un país verdaderamente libre, en cuya liberación nosotros mismos colaboremos. Tal vez necesitemos resucitar a San Martin para completar su proeza y que nos explique de vuelta de que se trata su legado. Esto no significaría ceder en nada ante las potencias colonialistas, al contrario significaría presentarnos ante el mundo como un país verdaderamente democrático y que ha comprendido al fin la grandeza de sus próceres.

  • 9. EF  |  31 marzo 2012 en 17:26

    No tengo ni idea de la historia de Malvinas del virreinato, pero 8 generaiones me suenan a exagerado. Salvo que cuenten los genes de los tatarabuelos de Darwin.

    Hay que respetar la identidad de esas 3000 personas, estoy de acuerdo. Ellos quieren mayor riqueza? Esta bien que asi lo sea, quien no la desea? Prefieren el paraguas de la corona por conveniencia o cultura? Es su identidad, hay que respetarla. Que se estarian perdiendo? Molesta que ellos hagan planes de busqueda y explotacion petrolera sin hacernos participes de las ganancias? A la mayoria argentina no les molesta no ser participe de las ganancias petroleras en tierra propia.

    Hay que mirar para adentro. Hay que dejarlos en paz y tratar de lograr ser buenos vecinos. Las Malvinas son de ellos.

  • 10. Sergio R.  |  31 marzo 2012 en 19:22

    Aún no terminamos de pagar los coletazos del proceso. Todavía estamos pagando las medidas de Martinez de Hoz, y también pagamos nuestros errores en Malvinas. Digo “nuestros” y no de los milicos, ya que gran parte de la sociedad avaló a la dictadura antes y durante. Muchos focalizan el problema en “los gobernantes” para mi es una falacia, una descarga cómoda de responsabilidades. Yo le tengo fe a este país, pero a veces me desanima…

  • 11. mar  |  31 marzo 2012 en 21:04

    Muy bueno Tomás!
    Todo lo que mencionás sobre la fragilidad del Unasur es tal cual, de hecho no sé si por estar allá te enteraste que Uruguay se manifestó en contra del bloqueo -al cual igualan a lo que le hace EEUU a Cuba y por ende justifican buscar una coherencia para ambos casos- y sus empresarios comenzarán las negociaciones directas con los habitantes de Malvinas.
    Somos para el resto del continente sudamericano tan poco confiables… tal como le pasó a Perú -viejo aliado histórico de nuestro país-, y en la primera de cambio se enteró que en pleno conflicto con Ecuador, desde acá se les mandaban armas (encima todos fueron recientemente sobreseídos!).

    Es tan complicado este asunto, que hay que ver realmente hasta dónde los dejan llegar los ingleses a los isleños. Tienen toda la razón que los “favoreció” Galtieri con la guerra, porque la verdad es que antes con ellos siempre fueron unos turros. No por nada los llamaban “kelpers”, y ahora mientras se solazan hablando de que tienen derecho a la autodeterminación, al mismo tiempo cuidan de mantenerles un pie sobre su cabeza. Si fuera cierto, porque no abandonan esa base militar en vez de perfeccionarla y agrandarla cada vez más? Les imponen un gobernador (o espía para la corona) que por supuesto, no duda en manifestarsa como “un defensor de los intereses de los isleños”.

    Tema geopolítico aparte, a las “8” generaciones no sé cómo hacen para llegar… porque a mí no me dan las cuentas.

  • 12. mazerradbergel  |  3 abril 2012 en 2:36

    Mande varios comentarios, y no lo editaron, que pasa, hay problemas ?Excelente Tomás

  • 13. Liliana César  |  6 abril 2012 en 10:34

    Me parece que hay problemas con la página, a mí no me llegan más las actualizaciones.
    Tomás ¿podés averiguar?


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