Caverna 38 (novela) por Talismán

28 enero 2012 at 14:06 1 comentario

38

La rue de l`Odéon, cerca del subte, cerca del teatro, dicen que por ahí vivía Cioran, en una calle aledaña a Saint Germain, en otra casa vieja de cuatro pisos como tantas casas viejas de cuatro pisos del barrio, con una puerta de entrada de madera pesada verde, con un timbre incrustado en un platillo de bronce desteñido, en el muro a la derecha de la bisagra, se lo presiona y suena ese sonido seco, un timbre mudo, que abre la puerta a cualquier pasante, se ingresa, nuevamente a la derecha la puerta de la portería, de la concierge, por lo general mujeres con mala cara y peor maneras, y la escalera con los escalones revestidos de una alfombra vieja con lamparones apretada en los bordes con una tira de bronce con clavijas sueltas, un pasamanos lustroso por los años, hasta el cuarto piso, no hay ascensor, y un descanso con tres puertas, la de la izquierda esla de R.

Humedad y olor a sopa,el delas pensiones y las cárceles, me abre la puerta este hombre de unos treinta y tres años, grandote, con cejas tupidas y pelo abundante lacio y gris, ¿cómo se pueden tener canas a esa edad?, cara aindidada, de francés no tenía nada, ni las maneras frías, cortantes, retenidas, protocolares y antipáticas de los franceses, ni ese tono que termina en punta, en el agudo de la última sílaba, ni el trato distante y calculado, no tenía nada de eso, era algo así como un mestizo grandote, mal afeitado, con bolsas debajo de los ojos, y ojos achinados, voz susurrante, como se debiera hablar bajo porque alguien dormía en el departamento, con un saco azul gastado y no del todo limpio, un pantalón de corderoy usado, negro, esa combinación de azul con negro de ropa empeñada, una camisa debajo de un pulóver azul algo corto, un profesor de sociología de la Sorbonne que escribía novelas.

Era mayor. No tenía edad. No era ni joven ni viejo. Parecía agotado. Como un jugador de rugby de otra época retirado por lesiones. O un custodio despedido por borracho. Me llevaba trece años. Hablaba castellano como un extranjero, pero no a la manera francesa ya que la `r´ la pronunciaba bien, sin gárgaras, con un cantito suave. Siempre me daba esa sensación de fortaleza por su tamaño, que no era tan grande como macizo, y esa torpeza en su caminar, por sus noches de borrachera que a la mañana deja huellas, me decía que la carrera de sociología era una mierda, que la facultad era una mierda, que París era una mierda, todo esto son decir la palabra mierda. Con ese resoplido, esa manera de bufar que tienen los franceses cuyo sentido no es fácil de traducir aunque obvio, como un todo da lo mismo, un ya sabemos como son las cosas, un para qué gastar palabras, no sé por qué me dijo que uno de sus mejores amigos se había suicidado, Lucien Sebag, autor de Marxismo y Estructuralismo, se mató porque lo plantó la novia, la hija de Lacan, por otro joven filósofo.

Quizás porque venía de la Argentina y quería saber si me quedaba en París, o porque era tímido, lo que caía bien, o porque se estaba divorciando de Yolaine y estaba triste. No recuerdo si ya en esa casa estaba Mirtille, la perra cocker blanca y marrón.

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1 comentario

  • 1. Ma.Cristina  |  28 enero 2012 en 16:31

    Ya estamos de nuevo en la vida de Nicolás.


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