Caverna 36 (novela) por Talismán

28 enero 2012 at 14:03 4 comentarios

36

No se sabe si resulta fácil comprender o difícil apreciar la inmensa felicidad que se siente cuando se vive conla novia. Volvera casa conla amada. Nosepararse más. No volver cada uno por separado a lacasa delos padres sino ala propia. Compartirla casa, la cocina, la cama, y dormirse juntos, y lo que es más maravilloso aún, despertarse juntos, y así todos los días.

No es un matrimonio. El matrimonio es otra cosa. Hay una institución detrás. ¿En qué sentido? Algo así como un deber, una tarea social. Se trabaja, cada uno va a su trabajo, hay un orden doméstico, se distribuyen roles y funciones, uno decide, otro propone, ingresa la tolerancia o sus sucedáneos, también ingresa lo desagradable y la irritación, el sentido del deber yla fidelidad. Esotra cosa.

Se podrá llamar o no conyugalidad, hay que pagar la luz, no te olvides de hablar con la maestra, ¿llamó tu mamá?, esas cosas de la vida cotidiana que quien las expulsa pierde.

Volver a casa con la novia sabiendo que se despertarán juntos, que la vida continua el día siguiente con la misma felicidad, ninguno de los dos vuelve a lacasa desus padres a la noche, que ya no hay llamadas por teléfono que compensen el dolor de la distancia, que ya no hay amor telefónico porque hay otro mejor, que esel demirarse.

Era lindo París. Tan hermoso que es difícil dar una idea de la belleza de un día nublado. Una mañana con escarcha. La caminataa la facultad. Elsoplo de aire caliente que sale de la boca y se suma a la niebla que empaña, la nariz congelada, la risas de la caminata con el amigo, y la clase sobre Platón. Luego al comedero estudiantil, en fila con la bandeja y la albóndiga cruda que le dicen tartare con ensalada de crudités y un postre blando. El agua y el ruido de las mesas. Y nuevamente a la calle pero esperá que paso por la librería para ver si ya salió el libro sobre la tricontinental, después te veo que debo verla a Alicia.

Todo el mundo con bufandas, sin política, mucho cine, muchos libros, castañas calientes, las frites en cucurucho, los mostradores con viejos tomando el cassis, nadie grita, nadie susurra, hay gente sola, chicas con espuma ácida invisible que las hace deseables, estudiantes jóvenes que caminan solos, no son todas parejas, no es como en la Argentina que la gente va de a dos, las parejas, los amigos, de a dos, acáel dea uno es frecuente, es usual, es continuado.

Y las valijitas baratas, las que llevan un libro y alguna carpeta, y los bolsillos con los gitanes sin filtro negros con encendedores bic a rosquilla, quien tuviera un ronson. La felicidad parisina, la del vino tinto, la de los latinoamericanos que se especializan en seguida en marcas de quesos y tipo de quesos, que saben más que todo el mundo, que los franceses quizás también aunque no se puede saber porque los franceses no se los oye hablar de quesos que son finalmemente sus quesos.

Las conferencias de políticos brasileños en el exilio, Celso Furtado, Fernando Henrique, los meeting, como dicen los franceses los mitín con acento agudo, todos solidarios, todos juntos, la política no es nacional, es internacional, intercontinental, antiimperialista, anticolonialista, tercermundista, solidaridad, habla Sartre con vos carraspeada, escucha Cortázar con campera, qué linda es París, tan linda como Françoise Hardy, tan desenvuelta como Jacques Dutronc, tan ridícula como Johnny Halliday, tan pintarreajada como Claude François, tan megafónica como Mireille Mathieu, tan melosa como Adamo, tan hechicera como Barbará, tan francesa como Leo Ferré y Georges Brassens, desconocida como Jacques Brel, y Pierre Mendès France, el político de la pureza socialista, con su portafolio bruñido inflado de lejagos numéricos para mostrarle a los franceses que la producción industrial estaba en baja.

París era una fiesta, ¿ por qué no repetirlo?

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4 comentarios

  • 1. Ma.Cristina  |  28 enero 2012 en 16:26

    Es como estar viendo una película francesa, uno vive las escenas.

  • 2. Ma.Cristina  |  28 enero 2012 en 16:32

    Es como una película francesa con sus cafés de artistas.

  • 3. Jorge Alonso Pérez  |  29 enero 2012 en 9:59

    Solo faltó Heminway en tu descripcción aunque no en el cierre de tu breve pero hermoso pantallazo. Claro que ya se había despedido de este mundo de un escopetazo para esos días, si mal no recuerdo. Abrazo.

  • 4. Mar  |  29 enero 2012 en 12:31

    Me había olvidado de Johnny Halliday! es cierto, qué ridículo era!


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