Schoklender por Caparrós (Blog Pamplinas-El País. Esp)

17 diciembre 2011 at 17:09 86 comentarios

Muerto en vida (Una tarde con Sergio Schoklender) Por: Martín Caparrós | 16 de diciembre de 2011

Esto es, sin duda, un despropósito. Es probable que no haya habido, en este sistema bloguero, muchas entradas/posts de este tamaño. Pero su largo –unas 25 carillas– es una de las razones por las cuales decidí publicar esta entrevista en este lugar. Solemos creer que internet exige textos cortos; no nos paramos a pensar que internet permite, entre tantas otras cosas, textos del tamaño que cada cual decida. Quizás éste sea un exceso, o quizás haya lectores todavía, gente a la que no le asusten unas cuantas páginas si les cuentan algo que les interese. Por otro lado, no quería publicar este relato de una larga tarde con quien es, para muchos argentinos, la encarnación del Mal, en un medio argentino: su sentido habría cambiado mucho. Virtuales, extraterritoriales, estas líneas son un intento de presentar a uno de los personajes más y menos conocidos de mi país: Sergio Schoklender, el parricida, el preso, el extremista, ahora el estafador. Para los argentinos es un modo de profundizar en una historia muy cercana; para españoles y otros latinoamericanos, una buena aproximación al paisaje de la Argentina actual. A lo largo de esa tarde Schoklender me dijo muchas cosas que me sorprendieron. Aquí están sus relatos de cómo roba el Estado argentino, de cómo las Madres de Plaza de Mayo se financiaron con asaltos, de cómo los medios se venden a los políticos, de cómo Cristina Fernández abandonó el proyecto Sueños Compartidos, entre otros. Si alguien –algún medio o persona– quiere reproducirlos es libre de hacerlo; solo le pido que cite la fuente, o sea: que diga de dónde los sacó. Para quienes prefieran bajarlo y leerlo off-line o imprimirlo –que de todo hay en la viña del señor–, hay una versión en pdf aquí mismo. :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: Entonces él dijo que quizá no tendría que haber dicho eso, y parecía que estaba diciendo la verdad. Yo lo creía; me sorprendió que él también creyera que no tendría que haber dicho eso. Fue un momento fuerte: como de quien, hablando, entiende algo. No es lo que suele pasar en una entrevista pero, para entonces, ya llevábamos más de dos horas de palabras, de miradas cruzadas, de cafés. –No te preocupes. Yo sé que uno no siempre llega cuando quiere. Me había dicho Sergio Schoklender cuando aceptó, en la puerta de su casa, mis disculpas por la demora. Yo me había perdido: su casa –o su es casa– está detrás del cementerio, en una calle que no conocía. A él tampoco, pero fuimos amables: nos dimos la mano y me invitó a pasar: –Bienvenido a la casa de mi ex mujer. La casa de su ex mujer, que construyeron juntos hace unos años, es, para empezar, un paredón sin historia en una calle legañosa de Chacarita y, detrás, tres pisos de un arquitectura moderna, a la moda, con ese aire brishoso, inquieto de tan quieto, que tienen los lugares más decorados que vividos. –Ahora gracias al juez Oyarbide estoy viviendo otra vez con ella. Dice Schoklender. El juez Oyarbide, el que atiende su causa, es una de sus bestias negras: ya tendrá tiempo de hablar, largamente, de él, de sus excesos, de los videos con que lo chantajean. Mientras tanto me explica que, como tiene todos sus bienes embargados, su ex mujer lo acogió por un tiempo en la casa, y que siempre tuvieron una buena relación y a veces se iban de vacaciones juntos y que tienen a Alejandro, su hijo de 12, que los une y que estaban distanciados porque él viajaba mucho y por esas cosas de la vida pero que ahora esas mismas cosas los reunieron y que por culpa de ese juez no tiene un centavo y corre la coneja y tuvo que vender, en estos días, su saxo y su moto. –Moto y saxo tenor: la juventud, de algún modo. Le digo y él me dice sí, la juventud, sonríe. Sergio Schoklender ya tiene 53 años, y ahora estamos en el tercer piso de la casa, el play room, a punto de sentarnos: las sillas son unos bancos como de bar muy altos; hay que sentarse encima y accionar una palanca para que los bancos bajen a la altura de sillas y nos permitan sentarnos junto a una mesa enorme, muy pulida. Sobre la mesa, solo su laptop y el brillo de una madera poco usada. Schoklender me pregunta si no quiero un café. Yo quiero y le pregunto cómo definiría su situación actual y me dice, con un tono muy suave, muerto en vida. –¿Cómo? –Muerto en vida. Repite, e intenta una risita pero tose. –Que ahora soy un muerto en vida. Digo, en este momento llevo ya seis meses imputado, inhibido, sin poder trabajar, con todos los bienes congelados, las empresas trabadas, las cuentas bancarias bloqueadas en una causa que ya es un disparate interminable que nadie lo puede desarmar. Armaron una hipermegacausa de 120 cuerpos, más 37 equipos informáticos que hay que bajar, 96 imputados, 140 empresas investigadas. Es una cosa que nadie puede sostener. Así que me vine a vivir con mi ex esposa, porque estoy en la calle. Ahora soy, cómo decirlo, un mantenido. Su ex esposa, Viviana Sala es médica psiquiatra y Schoklender la conoció en la cárcel, cuando ella fue a hacerle unas pericias. Después se casaron, tuvieron un hijo, se divorciaron y conviven y él insiste en que ella es muy buena, rebosante de títulos, repleta de pacientes, “especialista en psicooncología, psicofarmacología, con maestrías que no se pueden ni nombrar”, y que ahora viven de lo que ella gana y que ella también está incluida en la causa de Oyarbide y que a ella también la amenazaban. –Cuando empezó toda esta historia me volvieron loco. Era cosa de llamados telefónicos, coches parados en la puerta, en la esquina. De llamarme y decirme sabemos dónde estás, sabemos qué estás haciendo, tu hijo sale a tal hora del colegio y va a tal y tal lugar. Así todo el día. –¿Y quién era? –Gente de la SIDE, de los servicios de inteligencia y todo ese enredo que estaba alrededor de Aníbal Fernández. Dice, y que desde que Fernández, el penúltimo jefe de gabinete, ahora en desgracia, empezó su caída, las amenazas se volvieron más raras: ahora se paró el tema, dice, pero nos hiceron la vida imposible durante un tiempo largo. –¿Y cómo te afectan las amenazas? –Bueno, te podés imaginar que estando con Hebe las amenazas eran lo habitual. Nunca les dimos mucha importancia. Después el hecho de exponerte en primera plana de todos los medios como el tipo que estafó a las Madres… no podía sonarme la nariz que el tipo que pasaba por la vereda me puteaba. –¿Y tomaste alguna medida? –Somos un poco más… mi hijo no va ni viene solo del colegio, estamos atentos ante cualquier cosa rara, pero tampoco nos enloquecemos. No podés vivir sino. Ni tengo plata para poner custodios ni los pondría. Ya de chico me tocó vivir eso, ahora no lo haría. Schoklender habla seguro, como quien sabe qué decir: habla seguro pero fuma. Fuma sin parar, un negro tras otro, y las manos, por momentos, le tiemblan en el encendedor, el cigarrillo, y dice que en las últimas semanas incluso lo borraron de los medios, que durante un tiempo lo tenían todos los días en la tapa, que ni que fuera la guerra de las Malvinas, dice, y de pronto más nada: –¿Y vos dónde pensás que vas a publicar esta entrevista? No va a ser tan fácil… Schoklender trabaja mucho con la prensa. Cuando estalló su conflicto con las Madres eligió los medios con los que habló –empezó por Clarín, gran enemigo del gobierno– y lo que iba diciendo: regulando el tono del enfrentamiento. Y la sigue usando: hace unos días estuvo en un programa de televisión contando viejas historias de su juez, Norberto Oyarbide, con taxi boys, prostíbulos, sobornos: apretándolo, para decirlo amablemente. –La realidad es que Oyarbide es la antítesis de lo que debería ser un juez en una república: un lacayo al servicio del Poder Ejecutivo, que le manda todas las causas que a le interesan. Schoklender trabaja mucho con la prensa: después, durante las horas que dure esta entrevista, más de una vez me voy a preguntar por qué me habla: qué dice, a quién lo dice, por qué yo. Sergio Schoklender no es muy alto ni muy gordo ni muy flaco, ojos chiquitos entornados, labios finos, una de esas barbas de cinco días que ya no son un azar del momento sino una forma laboriosa de detener el tiempo. Sergio Schoklender tiene una remera –de esas que mi tía Pechuche habría llamado chomba– azul con rayitas blancas y amarillas, un bluyín, anteojos de marco negro angosto y un reloj cuadrado, grande, que le ocupa demasiado de muñeca; las uñas, en cambio, están muy bien cuidadas, dedos cortos. –¿Y cómo fue que decidiste escribir este libro? Porque la excusa de todo esto es ésa: un libro. Está por salir un libro suyo, Sueños postergados, que debería contar la otra versión de los escándalos del invierno pasado. Por ese libro, supongo, Schoklender me recibe esta tarde; por ese libro diarios y revistas van a volver a ponerlo en sus portadas. –¿La verdad? ¿La verdad absoluta? –Si se puede elegir… –La verdad es que me pagaban un anticipo que nos venía muy bien porque estábamos sin un peso. Esa es la pura verdad. Una cuestión puramente económica. No es el libro que hubiese querido. A ver, es un libro que responde a una coyuntura política muy particular, a un requerimiento de la editorial. El libro que yo hubiese querido es un libro de más anécdotas, más rico en análisis político, el momento que se está viviendo en el mundo. Pero este fue el libro que me permitieron escribir en muy poquito tiempo y que me permitió decir algunas cosas que creo que había que decirlas. Pero el motivo principal fue la plata. Supongo que es su estilo: el que lo hace particular, interesante. Muy poca gente diría que escribe un libro –donde cuenta cuestiones más que delicadas– por la plata. Aunque muchos lo hacen, aunque muchos pudieran sospecharlo; se supone que nadie dice nada que lo desprestigie mientras pueda evitarlo. Así que dirían que necesitaban sacárselo de adentro, que el pueblo tenía que saberlo, que se lo debían a la memoria de los dinosaurios; no que lo hacen por la plata. Es un estilo: honestidad brutal, digamos. Pero, de algún modo, Sergio Schoklender lleva muchos años dando la impresión de que ya no tiene nada que perder. El 31 de mayo de 1981, mañana destemplada, el portero de una casa del barrio Norte de Buenos Aires vio que del baúl de un coche grande, nuevo, estacionado, caía sangre. En esos días toda la Argentina chorreaba sangre –pero se mataba por ignorarlo. Ese chorro, en cambio, se convirtió en la noticia del año cuando la policía informó –en esos tiempos, la policía informaba– que los muertos eran Cristina Silva y Mauricio Schoklender, un matrimonio que vivía con lujos y custodios porque él, ingeniero, dirigía una de las empresas más prósperas de aquel país: Pittsburgh & Cardiff, dedicada, entre muchas otras cosas, a la importación y construcción de submarinos, fragatas, tanques y otras armas de guerra. La noticia era cruda; lo fue mucho más al día siguiente, cuando se empezó a oír que sus hijos eran los asesinos. Años después, cuando la justicia se pronunció sobre el asunto, creyó saber que, aquella noche, todo empezó cuando los Schoklender llevaron a sus tres hijos –Sergio, Pablo, Valeria– a comer a un restorán nuevo de la costanera para festejar el cumpleaños 23 de Sergio. Y que comieron y bebieron y, de vuelta en su departamente de Belgrano, la señora Cristina quiso tener –otra vez– algún modo de sexo con su hijo menor y que los dos hermanos le partieron la cabeza con un palo y la estrangularon con una cuerda. Y que después se pasaron un par de horas discutiendo qué harían con el padre –que seguía durmiendo– y que por fin decidieron matarlo también y que le rompieron el cráneo a palazos y que llevaron los dos cuerpos al baúl del coche, salieron, dejaron el coche por ahí, huyeron cada cual por su lado. Y que Sergio Schoklender se fue a Mar del Plata, se registró con nombre falso en un hotel, se contrató una puta y al día siguiente o al otro, cuando sintió que el cerco se cerraba, se compró un caballo e intentó la penúltima fuga. Su cabalgata no llegó muy lejos. Cuatro años después lo condenaron a 21 años de cárcel; en su declaración se hizo cargo de todo y exculpó a su hermano. Los jueces al principio le creyeron; después, un tribunal de apelación condenó también a Pablo –que, para entonces, ya había huído a Bolivia. Sergio Schoklender es, en la Argentina, un personaje con una historia demasiado clara, alguien que, durante tantos años, pareció que no tenía nada que perder. Su historia me interesa, me llena de dudas, pero por ahora no le pregunto sobre eso. No sé cómo hacer para preguntarle sobre eso: uno no llega a una casa y le dice a un señor muy amable que te ofrece un café, que te prepara un café en una máquina muy cara, que te pregunta si querés azúcar o sacarina o leche o crema, cómo fue que se le ocurrió matar a su mamá. Así que, por ahora, trato de hablarle de otras cosas. –¿Y cuáles eran esas cosas que te parecía que había que decir? ¿Qué es lo que te importaba decir en este libro? –Básicamente que hay dos realidades totalmente distintas en cuanto al manejo del estado y la política. Por un lado, lo que te cuentan, lo que suponés que pasa y, por el otro, lo que realmente sucede. Y también quería contar qué era el programa Sueños Compartidos, que para mí es el programa más hermoso que pudo haber creado alguna vez este país. Y quería contar también, en medio de este dolor, lo que eran las Madres, lo bueno y lo malo, lo valioso de esa lucha y los errores cometidos. Eso quería, más o menos. Yo le digo que bueno, que me cuente. Aunque sigo pensando en su libro escrito por la plata: cuando alguien dice algo tan aparentemente franco, los demás tendemos a creer que el resto de lo que diga también será verdad. Y a veces lo es, pero no tiene por qué serlo. –Sí, había un par de cosas que yo quería contar. Para empezar, cómo funciona el tema de las obras públicas. Es todo una ficción, puro relato. Sergio Schoklender debe saberlo: durante varios años dirigió el programa Sueños Compartidos, a través del cual la Fundación Madres de Plaza de Mayo recibió mucho dinero del Estado para construir viviendas populares: entre 740 y 1200 millones, según quién te lo cuente. De ese programa, en última instancia, vino todo el conflicto. –Primero, es una mentira que el Estado haga licitaciones. Toda esta cuestión de las licitaciones, concursos de precios, de calidad y de tiempo es una enorme mentira. Los contratos están asignados antes de que salga el pliego, y el pliego se arma de acuerdo al convenio que se haga con alguna empresa o pool de empresas constructoras amigas, donde entre el 15 y el 25 % de ese valor automáticamente tiene que ir como retorno para financiar la política. Porque la gran ficción es cómo se financia el Estado. Esto no es privativo en la Argentina, esto sucede en el mundo; tal vez acá se puso más en evidencia. A ver: acá antes la política se financiaba básicamente con los fondos reservados de la SIDE que eran incalculables –por eso eran reservados–, porque lo que no se blanquea nunca es que los funcionarios no viven del sueldo que figura en los papeles. No podrían hacerlo. Vos no podrías mantener una planta de profesionales de cierto nivel con el sueldo nominal del Estado. Entonces necesitás financiar ese sobresueldo que necesitás para mantener una planta estable en los ministerios. –¿Y cómo se entregan esos sobresueldos? –En efectivo, en mano a cada funcionario político a fin de mes. –¿Y qué orden de dinero sería? –Hoy ningún funcionario de primer nivel vive con menos de 20 mil dólares mensuales. Y sus sueldos nominales son de 20 mil pesos. Vos no tenés un ingeniero de primera línea para la subsecretaría de Obras Públicas de la Nación con un sueldo de 20 mil pesos. Por más que le pongas coche, chofer, teléfono celular y demás, digamos, ¿cómo los retenés? Si la actividad privada les generaría muchísimo más… El otro tema es que se necesita dinero para financiar actos, campañas políticas. Lo cual es entendible, si no los únicos que podrían hacer política serían los que tienen plata. –Si la política se hace con plata, sí. Pero se podría hacer de maneras donde la plata no importe tanto. Siempre se pudo… –Se necesita plata para hacer un escenario, para llenar la plaza, para cartelería, afiches, micros, gente. Eso se hace con plata. –Hay situaciones en que las plazas se llenan sin micros ni sanguchitos… –Sí, pero en general son situaciones de protesta o de reclamo. Para que te vayan a aplaudir y agiten tu banderita, en general necesitás poner unos mangos. Entonces ya tenés dos cuestiones: la plata para mantener una planta permanente y la necesidad de financiar esta forma de hacer política. Y después tenés las ambiciones personales de un sinnúmero de funcionarios o de gente que cree que además de ganar bien, su paso por el gobierno tiene que salvar a varias generaciones de sus descendientes. Entonces, ¿cuál era la gran discusión que yo tenía con el gobierno? Si vos tenés partidas de megaobra pública –los túneles, las represas, las hidrovías, todas esas obras gigantescas– no te metas con la leche del comedor para los chicos, no me chorees del presupuesto para villas y asentamientos. No la saqués del último escalón, sacala de donde sobra. Porque claro, la Argentina se sigue manejando a través de la Jefatura de Gabinete que te reasigna el presupuesto como quiere. Entonces de la noche a la mañana las partidas que se asignaron para educación o para vivienda o para salud van a parar a otro lado. Pero a su vez en cada ministerio tiene esa misma facultad interna, entonces ellos pueden mover esas partidas libremente. Yo de pronto me encontraba con que una partida que nosotros necesitábamos para seguir construyendo en alguno de los barrios, desaparecía. ¿Cómo que desapareció? Sí, porque Cristina resolvió lanzar el plan netbook. Pero negro, sacá la plata de de otro lado… Hay cosas que me parecen muy bien, y el Estado tiene que hacerlas y hay plata para hacerlas, o por lo menos hubo, en estos años de bonanza ilimitada. Pero no me chorees del último escalón. –¿Lo que vos decís, entonces, es roben pero razonablemente? O sea, saquen de los lugares donde más sobra y no donde más hace falta –Suponer que esto se va a terminar simplemente porque no es ético es… Dice Schoklender y, en medio de la catarata, para a pensar una palabra: me parece que quiere ser amable, pese a todo. –¿Es qué, cuál es el adjetivo? –Una pelotudez o una ingenuidad. Yo no soy ingenuo; ésa era la realidad con la que tenía que convivir. Yo les acepto que paguen una planta permanente con sobresueldo que no figura en ningún lado, les acepto que necesiten plata para hacer política de esta manera, les acepto que haya funcionarios o un entorno que tenga que enriquecerse y garantizarle el bienestar a varias generaciones. Bárbaro. Pero muchachos, hay plata que no se puede tocar, donde la inmoralidad ya es superlativa. Ahí lo que me encontré es que no hay ningún límite. Te doy un ejemplo: nosotros construíamos hospitales en 90 días, en el Chaco, en el Impenetrable, en Santiago. Hospitales de primera línea, totalmente equipados; hospitales de 1800 metros, grandes, hechos con la gente del pueblo, sumándolos al proyecto, capacitándolos, por un tercio de lo que el Estado licitaba los hospitales pelados, sin equipamiento, en cualquier parte del país. Schoklender estuvo ahí: debe saber. Porque en algún momento, a principios de los años noventas, la vida de Sergio Schoklender tuvo otro vuelco bruto. Había entrado en la cárcel en 1981: tiempos muy duros pero, dice, tan formativos. Más tarde, cuando le pregunte quién era él antes de la cárcel, me contará que un chico rico de Belgrano que leía poemas y balances, que un pichón de gerente, que un rebelde, que un insatisfecho, pero que nada de eso importa demasiado: que él empezó a ser alguien en la cárcel. –Yo empecé a ser alguien en la cárcel. Repetirá, la voz suave, educada, pero las manos con temblor y el soplo de tabaco. Entonces le preguntaré cómo fue la llegada de un chico rico de Belgrano a la cárcel más bruta de un país muy bruto; le preguntaré, en realidad, si su miedo principal no era cómo hacer para que no se lo cogieran, y él me dirá que no: que cuando entró lo encerraron en una celda de aislamiento y lo dejaron meses a disposición de unos señores de inteligencia del Ejército que lo interrogaban –que lo mataban a golpes– para que les contara qué negocios tenía la empresa de su padre con la Marina y su ínclito jefe, el almirante Eduardo Emilio Massera. Y que en esos días le pegaron tanto, lo maltrataban tanto, y que él de puro animal se resistía: –Lo más trágico es que me interrogaban por cosas que no tenía ni idea, era la pura desesperación del Ejército por saber los negocios que había hecho la gente de la Armada con mi familia. Los primeros días me venían a buscar y yo lloraba, gritaba, me escondía en un rincón; los tipos me agarraban, me llevaban, y cuando me devolvían me tiraban a la celda de castigo estaba reventado, me despertaba horas después. Pero a los 15 o 10 días ya venían y me peleaba contra los guardias. Alguna mano ponía, porque sabía que me iban a poner. Y para sacarme de la celda tenían que venir en serio, eh… Me acuerdo que lo más doloroso, lo más duro era la espera, cuando pensás cuándo te van a venir a buscar: ésa es aterradora. Pero ahora sabe, dirá, que esas torturas lo salvaron: cuando lo bajaron al pabellón general ya se había ganado una fama de ser un tipo duro. –Con todas esas palizas, a los tres meses yo ya era un perro de pelea. Y cuando me bajan al pabellón me tiran en el peor, pensando que yo tenía que jugar el papel de víctima, lo lógico para uno que venía de ser acusado de parricidio, encima a esa edad y sin experiencia. Y al día siguiente, cuando se abren las rejas y yo pienso acá a pelear, pasa uno y me deja un pulóver, pasa otro y me deja un jabón, me había hecho un nombre. Y fue así. En los años que estuve, nunca puse las manos atrás, ni la cabeza gacha: ni por puta se me hubiese ocurrido. A la mañana sonaba el silbato en el pabellón y tenías que levantarte, armar la cama, ordenar todo y poner la mano afuera de la reja para el recuento. Yo estaba acostado. ¿Qué hace ahí? ¡Andá a la concha de tu madre, estoy durmiendo!, le decía. Entraba la requisa, quilombo, palo, quejas, expedientes. Yo batí el record de días castigado. Hasta que llegó un momento en que uno decía che, Schoklender no se quiere levantar. Y bué, déjalo, le decían. Llegó un momento en que era inmanejable. Y llegué a manejar media cárcel de Caseros y media cárcel de Devoto. Hasta los guardias laburaban para mí. Monté una imprenta enorme en la cárcel, donde hacíamos apuntes para la universidad y los guardias traían los carros llenos de papel, laburaban los presos comunes, los policías, los menores. Y armamos un centro de investigación informática. Y desesamblé el formateo de disquete de Microsoft, el lenguaje binario y lo transformé en lenguaje de computación y publiqué todo el programa, fui uno de los primeros hackers, la Asociación de Programadores Libres. En la cárcel, también, Schoklender se recibió de abogado y de psicólogo, dejó sociología a falta de dos o tres materias, terminó un diploma en teología, y conoció a unos presos chilenos, militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que le hicieron entender algo de lo que le pasaba: –Ahí es donde empiezo hacer un click, en medio de toda esta locura que estaba viviendo, en medio de esa represión. Ahí empecé a entender que todo eso no tenía que ver que el guardia fuera malo sino con un sistema que reproduce este tipo de consecuencia. Que el hecho de que la inmensa mayoría de los que estaban en la cárcel fueran pobres y analfabetos no era porque los pobres y analfabetos fueran malos. Yo siempre leí muchísimo de chico, me apasionaba la lectura; ahí empecé con la lectura política. –¿Qué leías? –Por supuesto todo Marx y Engels, todo Mao, el libro verde de Kadafi, todo material político. Ya era la democracia entre comillas y circulaba todo. Antes, me acuerdo, en el pabellón, si queríamos escribir algo, lo escribíamos en formato de poesía. Si te los guardias te lo veían decías esto es poesía, y ellos ah, poesía, no pasa nada. Dice, y habla de García Lorca, de cómo lo leyó y releyó y sigue releyendo. Y le pregunto qué era lo que más extrañaba cuando estaba en la cárcel y él dice que la soledad: baja la voz, baja los ojos y dice que lo que más extrañaba era la soledad y yo le digo que claro, que debe ser dura la soledad, tanto tiempo en la cárcel y él que no, que la soledad era lo que extrañaba, lo que le faltaba, decidir estar solo y poder estar solo, dice, y yo que pongo cara de que entiendo y le digo que entiendo, sí, claro, te entiendo, pero entiendo sobre todo que hay cosas que uno no entiende si no te las dice alguien que las ha visto desde el otro lado. Y que muy de vez en cuando uno se topa con alguien que ha estado tan del otro lado como él. –La cárcel no es el encierro. La cárcel es la convivencia forzada con gente que vos no elegís. Ése es el verdadero encierro, la verdadera pérdida de la libertad. La pérdida de libertad física, ambulatoria, pesa, duele, pero lo peor es no poder sentarte a escribir o leer tranquilo, pensar, hacer música, tener tu espacio de intimidad, de reflexión. Eso es lo que te parte: no poder estar solo. Y tener que vivir alerta porque siempre hay otros, un entorno muy agresivo, aunque yo ya no necesitaba pelear porque ya los paraba con la mirada. Ésa era la verdadera cárcel. Sergio Schoklender se había acostumbrado a la prisión: era su vida. Le quedaban unos diez años de condena y no pensaba hacer nada para acortarlos: “la posibilidad de la libertad era algo que había guardado en un cajón y cerrado con llave”, dice en su libro, y me dice que lo dice porque no quería cumplir con ninguna de las condiciones que el servicio penitenciario trataba de imponerle para rebajarle la pena: que no quería someterse, y si el precio eran años de cárcel, estaba dispuesto a pagarlo. –La idea era hacerme bajar la cabeza, y yo no quería bajar la cabeza; entonces no te vas a poder ir más, me decían. Bueno, entonces no me voy más. Para mí la pelea era pelear donde estaba. Hasta que, un día, llegó a visitarlo una señora. –Alguna vez dijiste que cuando conociste a Hebe de Bonafini fue una fascinación inmediata… Es difícil exagerar la importancia de las Madres de Plaza de Mayo en el imaginario argentino. Durante muchos años fueron las heroínas intachables, las mujeres perfectas, el símbolo de todo lo que los demás tendríamos que haber hecho pero no, lo que tendríamos que haber sido y nunca fuimos. Eso, las Madres, y Hebe Pastor de Bonafini es la Madre por antonomasia. –Imaginate lo que fue tenerla ahí, que ella me quisiera conocer, me diera bola. Me dice ahora Schoklender, fuma y fuma, y me ofrece otro café. El play room es luminoso, grande, bien dotado: un flipper de verdad, una rockola, el futbolín, los cuadros pop en las paredes. Debe ser para el hijo, pero las máquinas de diversión son fantasmas del padre, de un señor que nació en los cincuentas –y no de un chico del 2000. –¿Y qué le habrá atraído a ella de vos? –Creo que la rebeldía. Encontrarse con un tipo que no se doblegaba ante nada. Todo el tiempo puteando, peleando todo el tiempo. Y en esa época políticamente yo era un cuadro político revolucionario formado, faltaba el fusil y estaba todo. Bonafini lo visitaba dos veces por semana, le llevaba sus platos a la cárcel; hacia 1993 lo convenció de que podía tener una vida afuera –y Sergio Schoklender pidió los beneficios que le correspondían: primero empezó a salir durante el día y por fin, en 1995, tras más de 14 años de cárcel, con dos tercios cumplidos, volvió a la libertad. Entre los informes que lo ayudaron a salir estaba el de la doctora Viviana Sala; tiempo después se casarían. –¿Y en esos primeros encuentros con Hebe alguna vez hablaron del parricidio? Le pregunto, ahora, tono grave: si él, preso por matar a sus padres, habló de su delito con esa mujer que el mundo conoce por su búsqueda de los asesinos de sus hijos. Schoklender baja la voz, baja la cabeza: estoy pasándome algún límite. –No. Dice, y no dice nada más. Hay un silencio. Yo le digo que él sabrá mejor que nadie que resultaba muy extraño ese encuentro entre alguien que peleó por sus hijos con alguien que mató a los padres, y él repite como si no me hubiera oído: –No, nunca. Nunca fue un tema que habláramos. Jamás me lo preguntó. –¿Y vos qué pensás? –Nada, no tenía que ver con eso. Tenía que ver con que se encontraba con alguien en quien podía confiar. Que ponía todo lo que tenía al servicio de ella, que le explicaba las cosas, que trataba de darle coherencia a un discurso muy lleno de baches. Y así ayudé a construir un mito, a sostener un mito. Y bueno, después los mitos se te caen encima. Los ídolos tienen pies de barro y siempre se caen; el problema es cuando se te caen encima. Dice, amargo. Pero, para eso, entonces, todavía le faltaban quince años. Cuando salió de la cárcel, Sergio Schoklender se transformó en el ladero más persistente, más inesperado, más criticado, más fiel de Hebe Pastor de Bonafini. Su actuación con las Madres de Plaza de Mayo produjo ciertos conflictos –discusiones, gente que se fue– pero también, dice, muchos beneficios. –En el libro escribís que el proyecto que llevaban adelante con las Madres “era revolucionario. Nuestro objetivo era la revolución, la única salida lógica era la lucha armada”, decís. “En la universidad guardábamos de todo”. –Ah, de todo. Sí, era impresionante. Teníamos de todo. –¿Qué es de todo? –Armas de todo tipo, pistolas, ametralladoras, granadas, plástico, lo que pidas. Visto ahora es un delirio; visto en plena época del menemismo era la única salida lógica: había que generar una resistencia. Ubicate en pleno menemismo, con toda la impunidad que tenían. Me acuerdo del lugar donde teníamos guardadas las cosas, que era un pozo en el sótano de la universidad: la ubicación precisa la conocíamos dos o tres compañeros y Hebe, y nadie más. –¿Y si alguien le preguntara a Hebe si eso es cierto, ella diría que sí o que no? –Nooo. Ella de eso no se va a hacer cargo ni abajo del agua… Y fue un problema enorme que, cuando se arma esta alianza con el kirchnerismo, hubo que sacar todo. Dice, y recuerda el momento en que Hugo Chávez fue a ver a Bonafini a la sede de las Madres y le dijo que el comandante Fidel le pedía que apoyara a este presidente nuevo, casi desconocido, de quien ella había dicho, poco antes, que era “la misma mierda que todos los demás”. Y cómo ella lo escuchó y le ordenó que pidiera una audiencia en la Rosada y cómo quedó prendada por la acogida de Néstor y Cristina, y cómo todo cambió tanto desde entonces. Todo, tanto. –Y sí, hubo que desarmar una estructura en la que habíamos estado trabajando, en la que muchos compañeros habían puesto muchas expectativas. A partir de ese momento, las Madres de Plaza de Mayo –y, sobre todo, Hebe de Bonafini– empezaron a tener un lugar destacado en la liturgia oficial: no había acto o acontecimiento importante que no la tuviera como invitada de honor. Las Madres fueron una instancia de legitimación que el gobierno nunca desdeñaba. –¿Pero había un plan militar? ¿Cuál era? –La idea era mandar compañeros a formarse con las Farc en Colombia, con los zapatistas en Chiapas, y que después esos compañeros pudieran venir con alguna formación y comenzar un trabajo, digamos, foquista en algún lugar. Ese era el único modelo posible, no veíamos otra salida. Era impensable que el país se iba a recuperar en ocho años, quién se podía imaginar eso. Yo le digo que no lo sabía, que nunca lo habría imaginado. Y que siempre me intrigó –y lo he escrito varias veces– que ningún deudo de las víctimas de la dictadura haya intentado la venganza: que la Argentina estaba llena de asesinos sueltos y que finalmente no habría sido tan difícil atacar a alguno, y que por eso me había sorprendido menos cuando leí que él, Sergio Schoklender, había planeado el secuestro de Massera. –En 1999, 2000, teníamos todo preparado para ir a secuestrarlo: le habíamos hecho inteligencia, sabíamos cómo se movía, por dónde, teníamos todo preparado. Mi fantasía era hacer algo muy parecido a lo que después fue esa película, El secreto de sus ojos, ¿no? Lo agarrábamos y se perdía, nunca más. Yo quería que el enemigo recibiera el mensaje de lo que significaba la desaparición, que supiera cuál era la sensación de estar desaparecido, que nadie sepa si alguien está o no está, si vive, si está muerto. Decirles esto es lo que hicieron. Y encima a Massera, que era tan emblemático. Pero ahí Hebe se opuso, y al final se demostró que tenía razón, la historia le dio la razón. Después las leyes de impunidad se derogaron, un montón de milicos están presos y procesados. Pero en esos años era impensable que eso sucediera en la Argentina. Y ese viraje fue gracias a Néstor. Visto desde ahora me pregunto si, en el caso de que algunos de estos grupos delirantes, incluso el nuestro, que no pasó de ser un embrión, hubieran llegado a hacer algo, si eso no habría debilitado la posibilidad de un cambio institucional tan profundo como el que hubo. Dice, reflexivo, y le digo que más me sorprendió que, en su libro, cuente cómo, en los años noventas, cuando se quedaban sin plata para pagar el funcionamiento de las Madres, “salían a recaudar”: –Sí, cuando teníamos que salir a recaudar, salíamos a recaudar como en los viejos tiempos. Dice, marcando las palabras, con un amago de sonrisa. –¿Qué querés decir? ¿Cómo eran los viejos tiempos? –Y, choreo. En negocios, en supermercados más bien. Tratábamos de que fuesen lugares que representaran más la concentración oligárquica, no la farmacia de la esquina. –Pero nunca firmaron sus acciones. –No, no. No, porque era temprano. –¿Temprano? –Sí, era temprano para que saliera a la luz una organización que no tenía un referente político todavía. –A mí me impresionó leer que habías escrito eso. ¿Te imaginás los títulos de mañana o pasado: “Las Madres de Plaza de Mayo se financiaban con plata de asaltos a mano armada”? –Pero es verdad. Dice Sergio Schoklender, como si eso fuera todo y, por un momento, tiene una rara candidez en la mirada. –Es verdad. Hebe lo dijo una vez en la Plaza, hace unos meses, cuando estaban los trabajadores que le reclamaban los sueldos les dijo vayan a reclamarle a Shocklender que se robó todo. Después a la semana siguiente, cuando volvieron a reclamar, les dijo yo no voy a salir a robar como Shocklender para pagarles el sueldo. –Pero todos entendimos que lo que estaba diciendo era que le habías robado a ella, no que habías robado para ella… –No, no, dijo yo no voy a salir a robar como Schoklender para pagarles el sueldo. Está bastante claro. –¿Vos decís que estaba hablando de esas acciones? –A ver… Con ella era: Hebe conseguimos la plata; bueno, yo no pregunto, no me digas nada. Pero habíamos hablado y acordado explícitamente que si algún día me pasaba algo, ella no tenía que saber nada y se tenía que despegar. –¿Y por qué salís a decirlo ahora? –Porque creo que es justo. Primero porque estoy pagando el haber sostenido un mito y estoy tratando de reparar algunas cosas. Porque creo que hubo muchos compañeros que se jugaron durante años para sostener esta estructura que ahora la hizo mierda, la destruyó, no quedó nada. Nos jugamos muchos por las Madres y por Hebe, pusimos el pecho en serio, no a medias. Sergio Schoklender piensa, busca las razones –que debería haber definido de antemano. Yo le pregunto si, al decir esto, no se está autoinculpando: si no puede aparecer un juez que diga bueno, este señor dice que salió a robar, voy a investigarlo. Él me mira como si no lo hubiera imaginado y me dice que no, apenas displicente, casi cool: –Naaa. Primero tendría que encontrar un hecho concreto… y además ya está prescripto. –Quizá. A mí me pareció raro, como que te ponías en un lugar de mucha exposición, de cierta fragilidad al decir eso. Entonces me mira con curiosidad, como quien ve de pronto algo, arquea las cejas, pita, sopla: –Bueno, hay un montón de cosas que puse en el libro y después a la noche pensando me decía uy, esto mejor no lo hubiese dicho… Pero ya está, está ahí, y forma parte de la verdad y forma parte de mi vida, casi 16 años entregados ahí. Y es entonces cuando me dice que sí, que quizá no tendría que haber dicho eso y se queda pensando y parece que está diciendo la verdad. Todo es posible. Hace dos años, Miguel Russo le preguntó a Hebe Pastor de Bonafini “cuál era la persona más maravillosa que había conocido representando a las Madres por el mundo”. Y ella le contestó que “Evo Morales, impresionante, nadie sabe lo que es capaz de hacer. Y después, al lado de nosotros, Sergio Schoklender, un tipo entregado cien por cien a la tarea. El día, para él, tiene 30 horas, y todas laborables. Alguien que nunca quiere nada para él.” Alguien que nunca quiere nada para él, decía, subrayaba. Y contaba que, después de conocerlo en la cárcel “empecé a quererlo como un hijo, lo traje a vivir acá, a mi casa. Y es una máquina de trabajar, a la que se suma una inteligencia sin igual. Él hizo el proyecto Sueños compartidos que el gobierno tomó como propio. Estamos a punto de firmar el convenio con todas las provincias, porque nosotros no tenemos plata, entonces el gobierno tomó el proyecto pero nosotros lo que le pedimos es que sea como queremos nosotros, con escuelas, con comedores, con jardines maternales pero con gas, luz, agua y cloacas, porque no se puede construir un barrio para que esté como antes. Ya lo estamos haciendo en Tartagal. Y eso es toda una idea de Sergio”, decía, en marzo de 2009, Hebe de Bonafini. Y, en esos días, Jorge Fontevecchia le preguntaba a Schoklender cómo definiría su relación con ella: “Es como una madre para mí: me cocina, me reta si no como, si le desordeno, si no me cuido”, dijo él. “Y además es una relación muy particular porque, junto con todo el afecto, te baja línea política desde que te despertás hasta que te acostás”. Pero en mayo de 2011 la relación se rompió –con el ruido apropiado. Al principio, las dos partes trataron de presentarlo como una separación amistosa, de mutuo acuerdo: Schoklender decía que “renunciaba para tener más tiempo para sus proyectos personales” y Bonafini que él “estaba de viaje”. En pocos días, las acusaciones mutuas fueron escalando, y las denuncias de periodistas y diputados sobre desvíos y corrupciones y lavado de dinero; eran, además, tiempos electorales, y el gobierno empezó a preocuparse. Cierta prensa decía que el programa Sueños Compartidos había sido una estafa, una forma de desviar dineros públicos, y apuntaba a Schoklender pero también a Hebe de Bonafini. Entonces Bonafini dijo que eso era cosa de Meldorek, una empresa que ella no conocía –dijo, hasta que aparecieron fotos y videos de ella inaugurando cosas con carteles que decían Meldorek. Meldorek era, en efecto, la empresa que construía las casas para la Fundación Madres de Plaza de Mayo, y Schoklender era o es uno de sus dueños. Su capital pasó, en 2006, de 12.000 pesos a dos millones. Al principio, Schoklender dijo que la empresa no era suya; después aceptó que era uno de sus dueños. Todo se emporcaba, y se cruzaron acusaciones de dineros sucios: que Schoklender robaba, que las Madres tenían cuentas sin declarar afuera. Ella dijo que “Sergio Schoklender es un traidor y un ladrón y un pobre tipo” y, cuando un periodista le preguntó si se iban a defender en la justicia, lo miró cual busto enfurecido y le dijo que no tenían nada de qué defenderse: “¿De qué nos van a acusar? ¿De haber dado la sangre de nuestros hijos para hacer esta patria maravillosa que tenemos?”, dijo, usando una vez más la historia y la sangre para desviar las discusiones del presente. Él, mientras tanto, dijo que “Hebe dejó de defender principios para pasar a defender a un partido” y rechazó las acusaciones de enriquecimiento y dijo que nunca se llevó ni un peso. Y lo repite ahora: –Yo no me llevé ni un peso. Pero sí hubo plata que se usó para gastos de la Fundación, ordenados por las Madres. Es el sistema que te decía, de cómo funciona la política. Yo, aparte de construir, con esa plata tenía que mantener a las Madres, los actos partidarios, los afiches, los caprichos de Hebe, los caprichos de su hija, las casa de su hija, los centros culturales, la radio, la universidad de las Madres, los viajes, los choferes, la camioneta… Tenía que hacer milagros. Tiempo después, ahora, Schoklender dirá que la pelea vino porque estaban dejando de renovar los contratos y había 6500 familias que se iban quedando sin trabajo. –Y yo lo planteo, insisto, pero veo que no pasa nada, todo se demora. Entonces Hebe me dice que si no se renovaban los contratos era porque Cristina no quería. Dice, entorna los ojitos. Schoklender tiene los ojos achinados, los entorna como si ver fuera un trabajo duro. Y dice que “todo empezó a arruinarse con la muerte de Néstor”. –Acá hubo un antes y un después con Néstor. Néstor era el tipo que siempre tenía una puerta de atrás por dónde entrar en cada ministerio. Es decir, de pronto estaba el ministro, pero él designaba un subsecretario para tal área que le respondía totalmente, que le servía para controlar el asunto. Entonces nosotros le mandábamos a decir mirá, nos están cagando, no nos firman, no nos redeterminan los precios, tenemos que echar gente, y él levantaba un teléfono y al día siguiente aparecían los nuevos contratos firmados. Mi relación no era directamente con él, mi relación era a través de Zanini. Pero cualquier cosa que yo le hacía llegar, él automáticamente la recibía y lo resolvía. No porque me quisiera, sino porque realmente creía en el proyecto. Por eso cuando Cristina comienza a gobernar, se nos corta un interlocutor. Y cuando Néstor muere, Cristina pasó tres meses sin saber dónde mierda estaba parada. Lo único que tenía eran unas breves apariciones públicas para ver cómo le recortaban el paso a Aníbal y a Alicia, que habían hecho una alianza muy fuerte. Y con unas depresiones muy grandes, que no sabían cómo levantarla, días enteros llorando. Curiosamente reaccionaba más por la bronca, cuando le decían mirá que fulano está haciendo tal cosa, ahí juntaba fuerzas y salía adelante. Su pequeño entorno de interlocutores eran Zanini, Parrili, de Vido, Nilda Garré, pero en todos los ministerios las segundas líneas de Néstor no le respondían ni al ministro ni a ella. Y en esa situación se producen los mayores descalabros. No nos pagaban, nos encontramos con todo tipo de obstáculos. Envidias, peleas de poder, gente que sentía que nuestra forma de trabajar los dejaba en descubierto… Dice Schoklender, y que por eso decidieron cargárselo: porque con su trabajo dejaba en evidencia los márgenes enormes que muchos sacan, y la mala calidad de las rutas o las escuelas o las casas que construyen, y que por eso y porque no pagaba los retornos acostumbrados se empezó a poner en contra a mucha gente. –Es que nuestras obras eran de primera calidad y costaban la mitad; con eso les estaba tocando el culo a muchos. Y no pagaba sobreprecios, no pagaba coimas. Ahora me dicen que yo tendría que ser más realista y algo tendría que haber repartido. ¡Pero qué iba a repartir si todo lo que sobraba tenía que sostener todo el resto! Y que, para colmo, dice, organizaban pobres, dice: –Cuando nosotros trabajábamos en los barrios más marginales, veías esa transformación del hombre y esa mujer que venía del sometimiento, de la prostitución, del analfabetismo, de la explotación y el abandono y vos no los extraditabas detrás del paisaje, sino que los ayudabas a seguir creciendo, y transformabas su realidad cotidiana. Y, después hacerlos volver para atrás es muy difícil. Yo no apostaba a esos trabajadores, yo apostaba a los hijos de estos trabajadores que habían podido ver a sus padres con otra realidad y que iban a ser capaces de pensar qué modelo de transformación era necesario para que esto continuara. Y Néstor valoró este proyecto, lo reconoció, entendía el impacto que iba a tener. A Néstor no lo asustaba que fuesen 10 mil, 20 mil trabajadores organizados. A Cristina sí, y ni hablar al entorno de la dirigencia kirchnerista. Y ese crecimiento político y ese nivel de organización asustó a muchos, y yo no tenía miedo de decirle a nadie lo que hubiera que decirle y de pelear por el proyecto con quien fuera. Así que alguna gente se dejó convencer de que sin mí todo iba ser igual pero mejor, y se vino la noche. –¿Y por qué decís que a Cristina la asustaron esos trabajadores organizados? –Porque Cristina se maneja con otros parámetros. Yo creo que la primera vez que Cristina vio un pobre fue con las obras de la Fundación. La primera vez que la abrazaron los trabajadores fue cuando fue a las villas con Hebe a inaugurar una obra. Me acuerdo que el entorno, la seguridad, los secretarios estaban aterrados, y ella se animó, así, tímidamente, y vos la veías que era la primera vez que estaba rodeada de esa intimidad de gente transpirada, con cascos, ropa de trabajo, hombres y mujeres que la abrazaban y le traían un regalito, y vos la veías que no era lo suyo. Y que por todo eso, dice, y las peleas y las envidias y las apetencias de poder, terminaron por cargárselo. Es una historia. Hay otras: cada cual cuenta una. Así que en pocos días Sergio Schoklender se peleó con su madre adoptiva y con su hermano de sangre, Pablo –que colaboraba con él en la Fundación–, y quedó en el centro de un proceso judicial. Y quedó, sobre todo, un poco solo. -De alguna manera me lo tengo merecido, siento, ¿no? –¿Qué? –Este cachetazo que ella me da. Mi esposa, mi ex esposa, siempre me decía Sergio, Hebe se lo hace a todos, algún día te lo va a hacer a vos. Ella peleaba mucho para que nuestro hijo, Alejandro, no se acercara tanto a ella, porque algún día lo iba a repudiar, me decía, iba a ser muy doloroso para él. Y yo le decía es imposible, es su nieto, lo adora, la abuela soñada de cualquier nieto. Y era abue y se llamaban, hablaban, por lo menos una vez por mes él se quedaba en la casa de ella. Y de la noche a la mañana fue el repudio más absoluto, el desconocimiento, un momento tan doloroso: quince años de mi vida puestos ahí a pleno. Fueron quince años de mi vida que si hacía falta pagar la luz salíamos con un fierro en la cintura a buscar plata para sostener lo que las Madres necesitaban. Y de la noche a la mañana, un cachetazo en la cara, diciéndome… Dice, y se calla. Dice diciéndome y no quiere decir traidor, ladrón, pobre tipo. Dice diciéndome y se calla. –Pero esta misma situación yo antes la viví y se la toleré y me callé frente a infinidad de compañeros que pasaron por la vida de Hebe y que después por algún problema de protagonismo o de cartel o de capricho o de que en una marcha le habían hecho una nota a él y no a ella terminaron radiados y repudiados, después de dejar años de su vida ahí. Y frente a muchas de estas situaciones, yo tampoco fui capaz de levantar la voz y poner un límite firme. Y hoy me pasa lo que les pasó a tantos. Schoklender mira el cigarrillo, la mano que le tiembla, y dice que de la noche a la mañana recibió ese cachetazo que le hizo entender que él no era, como creía, distinto: cualquier psicólogo hablaría de la herida narcisística y de ciertos mecanismos de defensa. Yo no, pero sí de que es duro cuando te pasan esas cosas que uno cree que sólo les pasan a los otros –morirse, por ejemplo. –Sí, uno siempre piensa que es distinto y, de pronto, te ves en ese lugar donde habías visto pasar a tantos en la vida de Hebe, y ves que sos uno más de todos esos… Dice, melancólico. Siempre es duro ser uno más. De todos esos. Le ofrezco un puro: me traje un par de puros, pensando que si la charla se hacía larga le iba a ofrecer uno: siempre es bueno compartir algún humo. Schoklender lo mira con interés, como pensando en algo que quizá no me cuente. En el piso de abajo su hijo juega a la play; Schoklender está preocupado porque tendría que ocuparse de que estudiara matemáticas –y su mujer ex mujer le puede reprochar que no lo haga. Suena el teléfono, habla con alguien que le pide algo, le dice que sí pero no todavía; cuando cuelga le pregunto por qué cree que ella –con decir ella alcanza– hace las cosas que él dice que hace. –Ella logró llegar a un lugar de reconocimiento de la dirigencia política, y a caminar por lugares por donde jamás se hubiese imaginado. Que entre a la Casa de Gobierno y que Néstor, Cristina, los ministros la inviten personalmente a todos los actos públicos… Me acuerdo cuando vino el de los Emiratos Árabes yo le decía Hebe, mirá que éste es un esclavista, es un hijo de puta. No, no, Cristina me invitó, yo tengo que ir, decía. Ella siempre fue muy susceptible a la adulación. Así fue como se rodeó de toda una banda de parásitos aduladores, así fue expulsando a todas las Madres capaces de cuestionarle algo y terminó monopolizando la imagen de la Madres de Plaza de Mayo, así fue incapaz de sostener a HIJOS dentro de Madres, a ex Detenidos, a Familiares, o a Abuelas, o de valorar otras formas de lucha. Terminó rodeada de obsecuentes, y pasó de ser la mujer que viajaba todos los días en colectivo hasta la Plata a ser la mujer que si no viaja en primera, no te viaja. Hebe terminó tercer grado nada más, y pasó a ser una mujer que leía tres libros por día, se nutría. En una formación donde yo colaboré un poco, pero una formación muy despareja, donde te decía estos negros de mierda que se vayan a mendigar a otra parte; uy, que no te escuchen. O armarse una ensalada entre lo que era la defensa del pueblo palestino y la defensa de Hezbollah o Al Qaeda o el antisemitismo y, entonces terminaba hablando del judío de mierda. –“Hebe era una mujer muy primitiva, de muy poca educación. Tenía muchas flaquezas humanas y yo era una máquina de tapar sus baches: había decidido sostener esa imagen falsa”, decís en el libro. –Cuando me voy encontrando con esta realidad de ella, ya era mucho lo que había hecho. Habíamos organizado una biblioteca, la universidad, el centro cultural, la radio, un montón de cosas que me parecían valiosas. Me acuerdo que con Viviana vivíamos en un departamento atrás de esta casa, y lo hipotecamos para poder pagarles los viajes a declarar en la Audiencia Nacional con Garzón. Porque Hebe a eso no le daba bola a eso, porque no lo entendía, no lo sabía. Pero vos fíjate que de ahí salieron cosas como la detención de Pinochet. Y después lanzamos el proyecto de la construcción… Sueños Compartidos empezó en 2006: un programa de construcción de viviendas populares con un par de características distintivas. Por un lado, la decisión de contratar a pobladores pobres de las zonas donde trabajaban: –No sabés lo que fue para mí la satisfacción de ver a esas 6.500 familias rescatadas de la marginalidad más absoluta. Vos pensá que para el 90% de esos trabajadores era el primer trabajo formal que habían tenido en su vida, gente totalmente indocumentada, que por primera vez pasó a ser ciudadana cuando le tramitamos su DNI, después el cuit, después un recibo de sueldo, que los sacamos de la calle, de cartonear o de andar juntando basura o de andar vendiendo droga o estar en la prostitución o de ser carne de estas organizaciones sociales entre comillas, de vivir del plancito, en los micros para los actos, como único trabajo. Que les dimos dignidad, les dimos alfabetización, un oficio… Y de la noche a la mañana, ¡pum!, toda esa gente que trabajaba con nosotros se quedó colgada de la brocha, pataleando en el aire. Esa gente no tiene red. Nosotros sí, nosotros vamos a sobrevivir, de alguna manera vamos a seguir. Pero ellos … Por otro lado, dice después, está el sistema de construcción, su gran orgullo, que les permite trabajar rápido y bien, construir casas mejores y mucho más baratas. –Y bueno, el precio para seguir adelante era sostener ese mito. Si vos querés, era tratar de darle un sentido más actual y más coherente a la lucha por los derechos humanos. Tratar de utilizar la potencia que tenía el símbolo para construir algo, no para destruir todo el tiempo. Y el precio era sostenerla a Hebe. Y qué sé yo, hicimos mucho. ¿Está bien, está mal? No sé. Hemos hecho cosas increíbles, he compartido con ella vivencias increíbles. Pero por otro lado, ¿cuánto de eso era verdad? No sé. Ahora no lo sé. Cuando estalló el escándalo la estrategia del gobierno fue la más simple: correrse de un escenario incómodo y presentar todo el asunto como la lógica traición del parricida. Para eso tenían que olvidarse de que el parricida había sido, durante años, un invitado permanente. Y el parricida puteaba pero, en esa discusión, ¿a quién le creerían más personas, a la Gran Madre o al Asesino de la Suya? –Es muy menor, pero me llamó la atención que en tu libro dijeras que los 30.000 desaparecidos en realidad fueron 15.000, porque… Le digo, y me interrumpe, atropellado: –Eso es lo que me contaba ella, no lo dije yo. Ella me lo contaba como secreto, no sé, estábamos reunidas con otras madres y entonces como la Conadep dijo 15.000 yo salí a decir que eran 30.000, dijo, y 30.000, y 30.000, y quedó 30.000. Da lo mismo que sean 30.000 o uno, es obvio que uno solo es demasiado. Pero ella terminaba siendo la primera que había ido a la plaza, la que sabía esto y lo otro, la que te marcaba las fechas, la cantidad de los desaparecidos, quiénes eran buenos y quiénes eran malos, quiénes eran traidores y quiénes no… Siempre primereando, se enfermaba si veía que le ocupaban el escenario. La postulación de Estela de Carlotto para premio Nobel la puso verde, no sabés cómo estaba… Sergio Schoklender sabe que no le resulta fácil que le crean. O, mejor dicho: fácil que no le crean. No se engaña: sabe quién es –para millones de argentinos. Es rara esa combinación de hombre duro, pesado, que puede jactarse de sus peleas en la cárcel o un asalto pero que sabe, al mismo tiempo, que tiene límites fuertes, una debilidad muy clara. Aún en sus mejores momentos, cuando Hebe de Bonafini lo impulsaba a tener más protagonismo en los actos de las Madres, él se negaba: –Yo siempre jugué de monje negro, porque entendía que no sumaba, que ella sola ya se ocupaba de hacer vulnerables a las Madres. Hebe podría haber sido prenda de unión de la dirigencia política argentina en determinado momento, o por lo menos de todos los sectores progresistas. Bajo el pañuelo de las Madres, ella podría haber hecho la gran convocatoria. Y en cambio fue la gran convocatoria de sí misma. Tenía razón: su mujer ex mujer sube a preguntarle por qué no se ocupó de que su hijo estudiara matemáticas en lugar de jugar con la play; Schoklender le contesta tímido, le pide disculpas. Después prepara más café, seguimos, en el humo de los puros: –A mí ya de por sí me pegaban por el tema de parricida, de asesino. Si encima yo aparecía como la voz de las Madres, les iban a pegar más. De hecho hubo madres que se fueron porque estaba yo, es una realidad. Si ya con los exabruptos de Hebe alcanzaba para que le pegaran a las Madres. ¿Cuántas veces las Madres se han comido críticas por eso? Si encima la cara visible era Sergio Shocklender… bueno, era pesado. Tampoco era un lugar que me gustara. Jamás tuve esas aspiraciones. A mi dejame con las experimentaciones, laburo con los barrios, las villas, organizar. Yo creo que puedo generar las condiciones para que otros sean los protagonistas a futuro. Soy un idealista en ese sentido, creo que podemos construir un mundo distinto para dejarle a mi hijo, una herencia, un proyecto. Pero con lo otro no me siento cómodo. Yo tampoco: le tengo que preguntar, de algún modo, por el asesinato de sus padres. Ya es hora. Pero no sé cómo: me da pudor, no veo por qué tendría derecho –yo, cualquiera– a preguntar cosas como ésa. Y sin embargo no puedo no hacerlo. Intento, por el momento, formas muy laterales: –¿Y cómo es cargar con esa historia? La sensación de que todos tus compatriotas te piensan primero como un tipo que mató a los padres, digo, más allá de que lo que haya pasado… –Pesado, muy pesado. En alguna época yo vivía tratando de convencer a todo el mundo de que era bueno. Hasta que dije bué, más vale hago lo que se me ocurre, y a otra cosa. Pero es pesado, en cualquier momento te podías encontrar con alguien que te podía rajar una puteada… –Pero, digo, más allá de la cuestión pública, de estar delante de gente que te puede decir esto o lo otro, ¿para vos, frente a vos mismo, cómo es cargar con todo eso? Su voz se va haciendo cada vez más oscura, grave, baja. Una mano en la frente, la otra en el cigarro, y dice que es pesado, pesado, y va a seguir siendo pesado hasta el último día de su vida –y creo que lo dice en serio. Que habla en serio. –Muy duro. No desaparece, ni va a desaparecer nunca. Siempre hay una cosa reparadora en uno, de querer dejar algo mejor para el futuro, ayudar, hacer el bien, sentir que tenés una deuda con la humanidad, con la vida, que no se va a ir nunca. Pero bueno, qué sé yo… Dice, y espanta con la mano. Debe ser espantoso tener que volver –no tener más remedio que volver– una y otra vez a esas mismas dos horas, a un momento que, desde hace 30 años, te marca la vida: que, por más que hagas, sigue siendo lo que te define. Yo sigo dando vueltas: –Estuve leyendo sobre la muerte de tu padres. Hay cosas muy raras. ¿Es verdad que quisiste huir a caballo? Schoklender me mira seco, para dejar las cosas claras. Me pregunto si así miraba en Devoto, en Caseros: –De toda esa historia, toda esa parte, yo no hablo Y después, para suavizar el corte brusco: que no habla porque es muy doloroso. Se oye, al fondo, el ruido de unos pasos subiendo la escalera. Su mujer ex mujer llega entre dos pacientes, hablamos de pavadas. Sergio Schoklender disfruta el puro, lo chupetea, lo mira; después ella se va. En su libro, él dice que “todo entrevistador tiene su precio”; yo le pregunto cuándo me va a pagar el mío. Se ríe: reírse suele ser una salida. Pero Schoklender cree saber que los medios argentinos “viven de la extorsión y de la compra de los espacios por parte de la dirigencia política”. –Todos tienen que aportar para que no hablen mal de ellos. Si vos sos gobernador o intendente de una ciudad grande y no aportaste tu cuota mensual, mañana salen artículos pegándote o, mejor dicho: mostrando la realidad de tu provincia, escrachándote a los cuatro vientos. Solo para que no te mencionen, tenés que pagar. Y eso lo aprendí tarde, eh. Yo cuando empecé en esto era el tipo más ingenuo del planeta, no conocía nada. Yo me acuerdo de estar con alguna consultora, por ahí Doris Capurro, que está como una gran asesora de Cristina, y escuchar que la llaman por teléfono y cómo, ¿todavía no te llegó lo de este mes? Ah, esperá que ya lo llamo, y llamar al gobernador tal para decirle que no había mandado la cuota para el medio tal del aporte mensual de publicidad oficial… Eso es para que no hablen mal. Si vos además querés que hablen bien, y empezar a existir en el imaginario popular, ya es otro precio distinto. Dos líneas en un diario, donde se mezcla la necesidad de este modo de hacer política con el narcisismo que todos tienen, son precios altos. Esas dos líneas son carísimas. Y así es, en general, el tipo de periodistas y de prensa que tenemos. –Sin embargo, cuando las Madres hicieron aquel “juicio ético a los periodistas” dijiste que no estabas muy de acuerdo. –Yo no estaba de acuerdo en esas movidas de Hebe. Eran medidas consensuadas con Mariotto para pegarle a tal grupo, al grupo Clarín, a fulano o mengano, y aprovecharlo como una tribuna para salir en defensa de la ley de Medios y en contra de fulano de tal, y no una reivindicación de otro modo de hacer periodismo y de hacer justicia. Y esta cosa indiscriminada de Hebe de son todos una mierda, no sumaba nada. Pero era su manera, ella siempre redoblaba la apuesta. Por supuesto desde el gobierno la alentaban, le daban manija. Cuando la llamaban y le decían Néstor y Cristina te vieron, se emocionaron, se les caían las lágrimas con lo que decías, te podés imaginar que ella se hinchaba como un pato. Y al día siguiente, quién carajo le pone el bozal…. Seguía diciendo boludeces. –Decías que Néstor era el que alineaba los medios. –Néstor era el que los llamaba y les decía déjate de joder con este tema porque te corto las patas, te saco la pauta oficial y además te volteo tres empresas. –¿A Clarín? –A Clarín, a La Nación, a Haddad, todos los medios. En el caso de Cristina es distinto. Porque Néstor te utilizaba la caja más el poder político. Cristina delegó todo eso en Abal Medina, y él maneja con pauta: te retraso los pagos, te libero los pagos. Pero no es lo mismo Abal Medina que Néstor, claro. Hoy verlo como jefe de gabinete es un escenario trágico, al 2015, porque no veo recambio. Te pueden construir un candidato mediáticamente todavía, pero no hay una generación política y una organización. No hay debate de ideas. No hay un proyecto de país. –Bueno, hay una generación que se plantea como el recambio para 2015. Los muchachos de la Cámpora… Le digo, porque en su libro dice que son “montón de yuppies que quieren tener su oficina, una secretaria con minifalda, auto con chofer y sueldos disparatados”. Schoklender se exalta y dice que son pendejos que no tienen la más puta idea de nada. Violeta, la perra, quiere que le tiren la pelota, ladra, salta. –Son pendejos que no tienen la más puta idea de nada, que no tienen historia de militancia. Son pendejos que lo único que les interesa es garantizarse un sueldo, tener un pequeño séquito y se matan por tener más puestos para repartir y tener gente a su cargo. Esa es la política que nos están dejando para el 2015. El problema no es el hoy, el problema es que no hay una construcción política y una apuesta a largo plazo en este país. Son tantas las miserias que no hay políticas a largo plazo. No hay un plan estratégico, no hay un plan quinquenal; te la dibujan, pero la realidad es que sobrevivimos porque somos un país increíblemente rico, 40 millones de gatos locos y porque veníamos de una devaluación salvaje. Pero no hay un proyecto de país que nos convoque y que nos una a todos, no hay una propuesta. Nunca Cristina –ni Néstor– se levantaron a decir esto es lo que queremos en educación, en salud, en vivienda, esta es la propuesta, tenemos que generar un consenso en esta dirección. Pero Néstor, dice, fue un tipo con unos huevos como ninguno, capaz de enfrentarse a los grandes grupos, el tipo al que le debemos no estar en el ALCA, el que le dio impulso a la alianza con Brasil, que le dio dignidad a la política internacional argentina, que le hizo frente al Fondo Monetario Internacional. –No, los méritos de Néstor son incontables, con todos sus defectos como ser humano y de su modo de hacer política. Y que Néstor, otra vez, tenía unos huevos así de grandes y pudo hacer tanto aunque, por supuesto, insiste, él también estaba metido en todo este kilombo. –¿Qué querés decir, metido en todo este kilombo? –A Néstor no se le escapaba nada. Néstor estaba al tanto de todo. Él arranca de menos diez, sin un caudal político propio, sin recursos, sin estructura. Vos en cada lugar donde ibas te encontrabas con funcionarios que habían estado con Menem, o Duhalde y ahora son kirchneristas. Es el caso como el Vasco, el intendente de Exaltación de la Cruz. Yo le pregunté un día pero vos Vasco al final con quién estas. Y el tipo decía yo soy peronista, yo estuve con Menem, con Duhalde y con Néstor; yo soy peronista, decía. –¿Vos decís que el sistema de corrupción estaba manejado por Kirchner también? –Néstor les requería a todos ellos caja, no para el lucro personal sino para el mantenimiento de toda esta estructura y de las organizaciones sociales. Estas organizaciones que fueron punta de lanza, los de D’Elia, los Pérsico, hasta Castells. Todos recibían, todos pasan por caja. No digo que se hayan enriquecido a modo personal, pero toda esta estructura clientelar que arman necesitaban financiarla. Y para eso Néstor les pedía a todos, por supuesto, y si yo te pido a vos que separés tanta guita, después no te puedo tocar el culo porque también separaste para vos. Y por supuesto, yo como Presidente de la Nación puedo mostrar públicamente que estoy repeleado con los grupos económicos, pero los grupos económicos son parte de la vida cotidiana del país, entonces no me puedo pelear tanto. Me acuerdo que cuando recién asume Macri en Buenos Aires cancela todos los pagos a la Fundación y nosotros teníamos el 90 por ciento de las obras acá en la ciudad. Entonces le hacemos un escrache en la casa del Presidente del Instituto de la Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires. Después de ahí vamos a escrachar a Petrini, un vendedor de jugadores de Boca que Macri lo había puesto de Director del Instituto de la Vivienda. Íbamos custodiados con policías en moto, con micros que nos habían puesto ellos. –¿Ellos quiénes? –El Gobierno Nacional. Y de ahí íbamos a hacerle un tercer escrache a la puerta del country donde vive Nicolás Caputo, dueño de la empresa constructora más grande del país. Y entonces se ve que el comisario a cargo del operativo avisó, porque me llama López, José, el secretario de Obras Públicas, y me dice Sergio, no, con Nicky no, por favor, ¿cómo van a ir a lo de Nicky? Con Nicky somos amigos, estamos haciendo algunas cosas juntos. Claro, con Caputo tenían sus negocios. Arriba, digamos, son todos socios. Néstor podía pelearse, pero no podía pelearse tanto con algunos sectores. Para pelearse siempre tuvo, sabemos, a Guillermo Moreno. El secretario de Comercio cumple una función que existe en todas las estructuras: ser el malo que concentra los odios –para que los demás circulen más livianos. En medio de tanto denuesto contra el secretario, me había sorprendido ver, en el libro de Schoklender, su defensa. –Decís que “Moreno es el único incorruptible, intachable, duro y loco como una cabra pero incorruptible”. –Yo me sorprendí con eso. Moreno es un bicho raro. Es un cuadro peronista, un viejo cuadro peronista de derecha. A Hebe siempre la miraba frunciendo la nariz. Y es el tipo que sigue viviendo en el departamento que compró a través del Instituto de Vivienda de la Ciudad hace no sé cuántos años. Es el tipo que el día que se vota la 125 estaba furioso y se para arriba del escritorio diciendo acá hay que salir a cagarlos a tiros. Si vos no tuvieras un tipo como él, ¿cómo hacés para enfrentar a los grandes grupos económicos? ¿O vos te creés que hay que ir por las buenas, negociando, amable? Es el tipo que no lo he visto –y he estado muy adentro– recibir ni una sola coima, jamás lo he visto liberar un pedido de aduana porque había guita. Lamentablemente lo he visto liberar pedidos de aduana o tomar resoluciones porque Néstor le decía que lo hiciera. Realmente era el cuadro, consciente de la verticalidad del movimiento, subordinado totamente a las órdenes primero de Néstor y después de Cristina, pero leal y duro como una piedra. Y de los tipos más interesantes para escucharlos hablar. –¿Por qué? –Es un tipo de una formación increíble, te da un gran panorama del movimiento económico y social, pero lo que pasa es que tiene prohibido hablar. –¿Y por qué tiene prohibido hablar? –Porque en algún punto todos son amigos. –¿Todos quiénes? –La dirigencia política y los grandes grupos económicos son la misma ensalada, no es que estén en dos puntas opuestas. Yo siempre recuerdo esa anécdota, que me contaron los tipos que estaban ahí, en una reunión con todos los ministros y subsecretarios, y entonces Moreno se para y dice: Muchachos, para estar en el gobierno hay que ser un corrupto hijo de puta o hay que ser un militante o hay que ser un inútil que no consigue otro trabajo. Yo soy un militante, dice, y mira a todo el resto y nadie abre la boca. Un tipo con la autoridad moral para decirle a sus pares yo no choreo, ni para la corona; acato órdenes, de última, en determinados momentos. Se ve que, de algún modo raro –o no tan raro– lo admira. O, incluso, lo envidia: es alguien que ha encontrado su lugar, su diferencia. Llevamos horas. Es el cuarto café, afuera empieza a oscurecer, la perra llora y Schoklender le grita, su voz una violencia inesperada. Le pregunto si todavía cree que el ataque a las Torres Gemelas no era un acto de terrorismo y me dice que sí, que sigue creyendo que fue un acto de guerra que se guía por la misma lógica de escalada armada que los americanos llevaron a sus países, pero que nada está más alejado de sus propias ideas que los grupos de fanáticos religiosos de cualquier religión, y yo le digo que es curioso que su imagen pública está muy identificada con lo judío y que él en cambio se siente mucho más católico y estudió teología y tiene parientes curas y monjas y me dice que sí, pero que esa imagen judía, en esta sociedad bastante antisemita, ayuda a su condena. –Absolutamente. Me pegan por ser judío, me pegan por estar con las Madres, me pegan por ser de izquierda, me pegan por ser parricida. Es pesado. Dice que es pesado: otra vez la voz baja, la cara resignada. Otra vez, el karma de cargar con la fama –o, dicho de otro modo, con la historia. Yo le pregunto cómo querría, entonces, definirse. –Como un rebelde librepensador. Dice, casi solemne: como un rebelde librepensador, repite, pero el efecto se pierde un poco porque aparece su mujer ex mujer, que acaba de confiscar la play station y se queja y se ríe de tener un mantenido charloteando en el play room. Schoklender también se había definido así: parece que en eso están de acuerdo. –Qué se yo. Yo diría que soy un tipo que tiene principios y los defiende, que trato de ser honesto conmigo mismo todo el tiempo. Que dejé de aparentar, o de querer aparentar. Es decir, me di cuenta de que era imposible: que por más que lo intentara iba a seguir siendo malo, judío, judío, terrorista, zurdo… –¿Parricida? –Parricida, y ahora ladrón, estafador y qué sé yo. Pero la vida es tan larga, da tantas vueltas. Dice, como quien acaba de descubrir algo. Yo me dejo tentar: he dicho en tantas clases que la entrevista es ese género inverosímil en el que uno se siente con el derecho de preguntar a un desconocido lo que no le preguntaría a su mejor amigo, y siempre puse el mismo ejemplo: que uno pueda preguntarle a ese desconocido, por ejemplo, si le teme a la muerte. Soy débil, tan firmemente vacilante: –¿Te da miedo la muerte? Schoklender me mira con un atisbo de sorpresa, se rehace: sí, claro, dice, se limpia los anteojos, suspiro lleno de humo. –Sí, claro, cómo no me va a dar. No por un castigo del más allá, ¿no? Por el tiempo. Siempre viví la vida como que no me alcanza el tiempo para todo lo que quiero hacer. Y me asusta no poder concretar algunas cosas que tengo como sueños. Lo más pesado desde que empezó el kilombo, todos estos años… Estos años son meses, seis o siete; se lo digo y se ríe pero amargo. –Sí, lo más pesado estos meses es tener que estar sin construir, sin hacer. Estar caminando en Tribunales, boludeando, jugando el simulacro de proceso judicial disparatado. Eso me agota. Ya vamos terminando, pero se me ocurre decirle que, ahora, a esa lista de sus reputaciones se agregó la de bonvivant, el tipo que vive como un duque con la plata afanada al Estado. Era un comentario; fue el gatillo de media hora de explicaciones detalladas: que su empresa, Meldorek, tenía dos aviones para recorrer las 42 obras que mantenían en todo el país porque los transportes entre las distintas provincias son muy difíciles, que él sólo lo usó dos veces para vuelos personales, una vez a Ushuaia y otra a Bariloche con su familia y que igual fue cargado de material para una obra, que nunca fue a Punta del Este, que el avión a veces se alquilaba para ayudar a pagarlo, que nunca nunca nunca tuvo un Porsche o una Ferrari, que nunca nunca nunca se subió siquiera a un Porsche o a una Ferrari, que la casa donde estamos fue hipotecada para pagar viajes de las Madres, que sí compraron unos lotes en un country para dárselos como compensación a los ingenieros y arquitectos que trabajaban para Meldorek por mucho menos que lo que suele cobrarase en esos casos, que él mismo podría haber cobrado muy legítimamente un 5 o 6 % de los 1.200 millones que el Estado les dio para sus construcciones por dirección general del proyecto y que no tiene un mango, que la casa de 19 cuartos en José C. Paz. La casa de 19 cuartos en José C. Paz es una historia larga y me la cuenta con detalle: que estaba arruinadísma y que que nunca la usaron sino que la compraron para algo que no hicieron y que después firmaron un acuerdo con la provincia de Buenos Aires por un centro de rehabilitación de adictos que tampoco hicieron y así de seguido. Yo entiendo que esto debe ser muy importante pero no consigo que me interese tanto. Sí me interesa, y se lo digo, que por más que diga lo que diga hay millones y millones de argentinos que lo tienen por culpable. Que no sé si lo es o no lo es, pero que qué se hace frente a eso: un juicio módicamente inapelable. –No sé, no hay forma. Hay momentos en que parece imposible. Podés ir, contar, mostrar, y no hay manera. Cuando algo se instala no lo levantás más. Me digo que no me tendría que dar pena. Que él odiaría, supongo, dar ninguna pena, y que probablemente tampoco la merezca. Pero me lo repito. –¿Y entonces, cómo te ves dentro de cinco, diez años? –Desarrollando tecnología, montando fábricas, produciendo casas, convocando trabajadores y demostrando que las cosas se pueden hacer de otra manera. Lo dice como si lo creyera, de corrido, enfático. –¿Y te parece que tenés resto como para reconstruir eso? –Mil veces. Lo que tengo es el apoyo de la gente. No el apoyo de la sociedad, ni de los medios, ni de la clase política. Pero sí tengo el apoyo de la gente en los barrios. La gente ha querido hacer movilizaciones para apoyarme, pero yo las he prohibido porque no quiero joderles las pocas posibilidades de trabajo que les puedan quedar. Pero yo vuelvo a los barrios y empiezo a generar trabajo, y las tecnologías y las patentes son mías y están a disposición de todos. Me veo como que esto va a durar un tiempo, que me va a servir a mí para reflexionar y mejorar la tecnología y desarrollar nuevas cosas, y después me pondré a trabajar y a seguir construyendo. Lo que no saben, es que igual lo voy a hacer. Tardará seis meses, un año. Yo soy un apasionado de la tecnología, de la investigación de nuevas tecnologías, y la empresa que armé es una empresa de nuevos sistemas de construcciones de varias ramas. Y todo esto es una etapa más, qué se yo, yo he pasado tantas etapas locas en mi vida. Hace un par de horas me dijo que era un muerto en vida; ahora desborda de futuros. Estoy por decírselo, pero pienso que no vale la pena. Ahí debe haber un formato, un patrón. –¿A veces pensás que rara es mi vida? –Bueno, ahora, cuando me hacés recorrerla. Entonces sí me pongo a pensar y me digo qué cosa loca, qué contrastes. La cantidad de cosas que he vivido: de estar en la cárcel a la selva de Chiapas con Marcos a los campamentos del Movimiento sin Tierra a las marchas sobre Brasilia a Belgrado cuando caían las bombas o un ministerio o la Casa de Gobierno en un acto público o en el Impenetrable trabajando con la gente, y de pronto ser execrado y maldecido en todos los medios y de pronto trabajar como abogado una época y ahora tener que volver a agarrar los libros a ver cómo era esto… Cuántas cosas, ¿no? Todo es por algo. Todo te enseña algo. La historia se cuenta al final. A veces en el momento uno no le encuentra lógica, pero cuando pasa el tiempo uno se dice esa experiencia me sirvió. No todo suma, hay cosas que restan, que restaron, te podés imaginar que vivimos días de mucha angustia, de mucho dolor, de muchas decepciones. Pero tratamos con Viviana de siempre manejarlo con un poco de ironía, de alegría. La gente cree que el tiempo es una cosa lineal y que pasó… Pero el espacio y el tiempo son otra cosa. Yo sigo pensando qué voy a hacer cuando sea grande. Dice, y se ríe: yo sigo pensando qué voy a hacer cuando sea grande. Tiene la risa chiquita, como contenida, y lo repite: qué voy a hacer cuando sea grande. Yo pienso en decirle que lo raro es que lo que iba a hacer cuando fuera grande lo hizo siendo muy chiquito, pero me parece que no debo. Me negocio: –¿Y a veces pensás pucha, la verdad que para ser un tipo inteligente he hecho muchas cagadas? Sergio Schoklender respira hondo, pita. Me mira como quien busca, pita de nuevo, me dice, tono confesional, que no. –¿Vos sabés que no me siento que haya hecho muchas cagadas? En general estoy bastante orgulloso de todo lo que hice. Dice, subraya el bastante, y me dice que nos levantemos. Al lado del play room está su estudio: escritorio de vidrio, silla de cuero negro, unos estantes, computadora, fotos en las paredes. Me las muestra: son sus logros. –Esto lo hice yo, esto lo construí yo con tres locos amigos… Dice, y me muestra un monumento a los desaparecidos y me muestra unas fotos en sus construcciones y una foto con el saxo y una foto con su mujer ex mujer y su hijo y los diplomas universitarios enmarcados y otras fotos y repite que no, que él está bastante orgulloso de todo lo que hizo. Y que ahora lo putearán cuando salga el libro y le tirarán con algún otro escándalo pero que, al final, todo pasa. –De últimas, al final, todo pasa, sabés. Todo pasa. Dice, y no le creo. Compartir • Eskup • Facebook • Tuenti • Menéame • Bitacoras • iGoogle • My Yahoo • My Live • Comentarios (170) | • Enlace permanente El libro ya no es lo que era Por: Martín Caparrós | 08 de diciembre de 2011 Hace unos días apareció en la web de la revista Letras Libres de México un artículo mío sobre el kindle, sus usos, sus costumbres, las nuevas formas de poseer que suscita, las de escribir que no. El texto se llamaba El regreso de Robin Hood y provocó inesperadas discusiones en la red. Por si quieren seguirla, entonces, lo reproduzco aquí: Hacía tanto que no leía un libro de la colección Robin Hood. Todo Salgari, todo Verne, Mark Twain, Walter Scott, Louise May Alcott: no sé cómo era el mundo antes de aquellos libros amarillos, pero pasaron tantos años que había olvidado la sensación de acostarme de costado y buscar la forma de sostener el libro y apoyarlo de canto en la frazada y torcer la cabeza en el ángulo correcto –y el resto de los pequeños movimientos que fui ajustando para poder hacer horas y horas lo que más quería. Me había olvidado –o no lo recordaba, que no es lo mismo pero a veces se parece– hasta que, hace unas semanas, encendí un kindle en el cuarto de ese hotel –y fui aquel lector. Tardé tres años en llegar al kindle. Seguí su aparición, su auge, las críticas desfavorables de los techies y lapidarias de los conservacionistas, esperando el momento preciso –que estaría hecho de una suma de factores: que encontrara una excusa utilitaria para contrarrestar mi culpa, que el precio bajara lo suficiente para reducir mi culpa, que venciera mi culpa –o la olvidara, que no es lo mismo pero a veces se parece. Mi relación con los gadgets es pura culpa: una pelea incesante entre la gula y el deber ser cuyo resultado no está en duda; sólo el plazo. La excusa era evidente: viajo mucho, estoy harto de quedarme sin nada que leer o caer, en su defecto, en más y más libritos de aeropuerto –que después tiro, enteros o por partes. Cuando el kindle llegó a 140 dólares me había quedado sin defensas. Y fue entonces, ante esa tipografía tan clásica, esas páginas levemente grisadas, antigüitas, que sucedió el milagro: de cómo el soporte de lectura más contemporáneo se volvió, de pronto, un Robin Hood. Seguir leyendo » Compartir • Eskup • Facebook • Tuenti • Menéame • Bitacoras • iGoogle • My Yahoo • My Live • Comentarios (24) | • Enlace permanente Boca campeón Por: Martín Caparrós | 05 de diciembre de 2011 Hace un par de horas que Boca Juniors volvió a salir campeón del fútbol argentino. Esta tarde la Bombonera fue una fiesta: hay días en que la cancha más orgullosa del mundo se transforma en un lugar incomparable, lleno de gritos y movimientos y colores que tiembla –o late– con los saltos de miles y miles, y los míos. Seguir leyendo » Compartir • Eskup • Facebook • Tuenti • Menéame • Bitacoras • iGoogle • My Yahoo • My Live • Comentarios (29) | • Enlace permanente La pelea por la historia Por: Martín Caparrós | 02 de diciembre de 2011 Ahora la pelea es por la historia. Era lógico y era de esperar. La historia siempre fue un campo de pelea de las ideas: lo que se cuenta sobre tal o cual período pasado es, entre otras cosas, un efecto de lo que ese narrador –o historiador o cronista o académico– piensa sobre el presente donde vive. Y, en la Argentina, un poco más. Seguir leyendo » Compartir • Eskup • Facebook • Tuenti • Menéame • Bitacoras • iGoogle • My Yahoo • My Live • Comentarios (25) | • Enlace permanente BigMacs sí, libros no Por: Martín Caparrós | 29 de noviembre de 2011 Son formas de decirlo. Un escritor español, Martín Garzo, se queja en El País de papel de La decadencia de las palabras: “Muy pocas veces las palabras han valido menos que hoy”, escribe. “En nuestro tiempo, el lenguaje no solo se utiliza para ocultar la realidad, sino que nadie se hace responsable de lo que dice, por lo que ha dejado de extrañarnos que alguien pueda afirmar hoy justo lo contrario de lo que opinaba unos días atrás”, leo, y podría estar de acuerdo con esto último con solo pensar en lo poco que se parece la Argentina de hoy a la de octubre, antes de unas elecciones que hubo. Seguir leyendo » Compartir • Eskup • Facebook • Tuenti • Menéame • Bitacoras • iGoogle • My Yahoo • My Live • Comentarios (28) | • Enlace permanente ¡Argentinos, a pensarse! Por: Martín Caparrós | 22 de noviembre de 2011 Al maestro Pradera. Fue casi una sorpresa. Durante toda la campaña electoral sus menguadísimos oponentes criticaron duro los subsidios estatales a la energía y al transporte. La candidata y presidenta no decía nada: todavía, pese al jolgorio de relatos, el mejor aliado del poder es el silencio. Pero ya lo debía tener pensado; en cuanto ganó, Cristina Fernández hizo algo que debería haber hecho hace ya demasiado: mandó a sus ministros a anunciar que no va a seguir gastando tarros y tarros de dinero público para que todos los porteños –incluidos los más ricos– paguen menos por su gas, su agua, su electricidad: que los subsidios a los servicios hogareños serán selectivos. Desde entonces florecen reacciones. Algunos dicen que cómo puede ser que se den cuenta recién ahora si, en sus ocho años de gobierno, llevaron los subsidios a transporte y energía desde 4.000 millones de pesos a 78.000. Y que por qué de pronto supusieron que no estaba bien lo que habían hecho durante tanto tiempo. Y que cómo no dicen nada sobre por qué lo hicieron y por qué ya no, qué cambió, en qué se equivocaron. Otros dicen que lo importante es que por fin lo han hecho –y qué bien que lo hacen y que esto sí que es justicia redistributiva. Seguir leyendo » Compartir • Eskup • Facebook • Tuenti • Menéame • Bitacoras • iGoogle • My Yahoo • My Live • Comentarios (36) | • Enlace permanente Tags: • Argentina • Lugares comunes • Política • Populismo Argentina vs. España: ¿un rey? Por: Martín Caparrós | 18 de noviembre de 2011 Nos entendemos, no nos entendemos, queremos y no queremos entendernos: vamos y venimos. Pero si hay algo que a los argentinos les escapa –nos escapa– de España es eso de que sean un Reino, de que tengan un rey. Seguir leyendo » Compartir • Eskup • Facebook • Tuenti • Menéame • Bitacoras • iGoogle • My Yahoo • My Live • Comentarios (84) | • Enlace permanente Argentina vs. España (2) Por: Martín Caparrós | 14 de noviembre de 2011 (El primer artículo de esta serie está aquí). Decíamos ayer: fue en los setentas cuando todo se dio vuelta, cuando España se lanzó a Europa y la Argentina a su desastre. A mediados de esa década, miles de argentinos empezamos a llegar a España expulsados por nuestros gobiernos. Eran tiempos confusos, argentinos bastante peculiares: mayoría entre veinte y cuarenta, mayoría clase media educados, mayoría desesperados que llegaban con experiencias duras en el lomo. Eran los años en que todavía no nos creían que lo que estaba pasando en la Argentina era espantoso: años en que los medios argentinos hablaban –como algunos ahora– de una “campaña antiargentina en el exterior”; años en que ciertos españoles suponían que exagerábamos las historias para lograr exiguas ventajitas. Seguir leyendo » Compartir • Eskup • Facebook • Tuenti • Menéame • Bitacoras • iGoogle • My Yahoo • My Live • Comentarios (78) | • Enlace permanente Argentina vs. España (1) Por: Martín Caparrós | 11 de noviembre de 2011 Llevo unos días en Barcelona y, más allá de las felices circunstancias, estoy feliz: he descubierto que soy portador –más o menos sano– de un supuesto saber. No por mí mismo sino por argentino: soy un especímen de esa fauna que debería saber cómo vivir en una crisis, qué hacer para sobrevivirla. Y eso nos da un lugar, en estos días, en esta España aterrada ante un derrumbe que, aunque resulte –en términos sudacas– lento, casi amable, no parece parar. Un lugar: me cuentan, me preguntan, me quieren escuchar –y lo mismo les pasa a otros amigos. Es una novedad, un giro más en las relaciones entre argentinos y españoles: en ese firulete que lleva siglos de vaivenes. Seguir leyendo » Compartir • Eskup • Facebook • Tuenti • Menéame • Bitacoras • iGoogle • My Yahoo • My Live • Comentarios (103) | • Enlace permanente Con perdón, Los Living Por: Martín Caparrós | 07 de noviembre de 2011 Entonces un día te llaman de Anagrama y te dicen oye, ¿tú podrías estar en Barcelona el lunes 7? Y yo que qué lunes 7 y ellos que de noviembre por supuesto y yo que bueno, que por poder podría, pero que cómo, que por qué. Y del otro lado un silencio fugaz, y yo que recuerdo que el premio Herralde se anuncia el lunes 7 de noviembre y un relativo salto: –¿Es por lo del premio? –Bueno, sí, tiene que ver con eso. Seguir leyendo » Compartir • Eskup • Facebook • Tuenti • Menéame • Bitacoras • iGoogle • My Yahoo • My Live • Comentarios (47) | • Enlace permanente Siguiente » Sobre el autor Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) es escritor y periodista, premios Planeta y Rey de España. Su libro más reciente es Los Living, premio Herralde de Novela 2011. TWITTER Martín Caparrós martin caparrós martin_caparros martin_caparros @Gabylevinas Y si en 2015 ganan el exneoliberal Boudou o el exmenemista Scioli? En qué se convertirán entonces? Y la ley seguirá allí. Gabylevinas Hoy me sentí bien orgulloso, mientras el hijo de Cristina piensa en comprar un banco, el mío trató de tomarlo @jaimelevinas martin_caparros Clarín habla de la infanta Cristina -de España, che- y su “boda de hadas”. No es un poco perverso? Ay, esa noche nupcial con Campanita! martin_caparros “Con el fin de aterrorizar a la población”, dice la ley. Y si la población es valiente y no se aterroriza? O esa prefieren no considerarla? Join the conversation Archivo diciembre 2011 Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 Archivos • diciembre 2011 • noviembre 2011 • octubre 2011 RSS Añadir este sitio a RSS >> El Pais EDICIONES EL PAIS, S.L. – Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal

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Ambigüedades de un concepto Introducción a los Tiranosabios (animales post-históricos)

86 comentarios

  • 1. Ma.Cristina  |  17 diciembre 2011 en 19:18

    Cada vez que aparecía en televisión cambiaba el canal, hoy leí todo de un tirón, estamos ante un hombre super inteligente que a veces lo ha usado para bien y otras para mal. No es una novedad que a Oyarbide lo tienen apretado con su vida personal. Y tampoco que roban pero hacen y a veces sólo roban. Esta es la vida.

  • 2. FABIO BUSTOS FIERRO  |  17 diciembre 2011 en 19:48

    No es la entrevista, sino el sentido de su publicación.

    ¿Contribuye a la estrategia judicial de Schocklender?
    Sí.

    ¿La contribución de Caparrós es desinteresada?
    En términos pecuniarios, probablemente sí. En todo lo otro, no.

    ¿Modifica el prejuicio del lector?
    No.

    Quien de antemano lo tiene por psicópata y/o traidor, halló decenas de elementos para reafirmarlo. Quien lo abraza como un “arrepentido” que abre la caja de Pandora y bate la justa, también.

    El discurso del manipulador mezcla, precisamente, elementos y hechos de “la” realidad con megalo/ mitomanías de su “realidad”. A mayor inteligencia del entrevistado, más sólida la declaración. Las consideraciones alcanzan al entrevistador. Calló cuando fue oportuno, para que el producto final impresionara sólido.

    Lo logró?
    Hay demasiados baches, pero los diarios principales se encargarán del maquillaje.

  • 3. Liliana César  |  17 diciembre 2011 en 21:08

    Ya lo habīa leīdo en La Nación digital. Hace mucho que no leía algo con tanta fruición, no sólo’por lo que dice Schoklender sino también por la buena pluma de Caparrós.

    Cualquiera que haya estado en política después de los 70 sabe que es verdad lo que dice S. sobre las cajas y la forma de pagar y recaudar.

    Luego de mi ingenuo y fanático paso juvenil por la política de los 70, tuve una experiencia dentro del peronismo de verdad, posta posta, una vez recuperada la democracia.

    No daré nombres. A punto de integrar yo una lista seguramente ganadora en un sindicato pequeño pero muy notorio -aún hoy lo es- el principal dirigente y cabeza de lista me dijo, sentados en un restaurante, que “la guita de las cometas era para hacer política”.

    Por si aquí quedara algún ingenuo idealista, lamento hacerles saber que todo lo que Schoklender dice sobre el funcionamiento del dinero en la política -al menos en el peronismo- no es más que una verdad de perogrullo para quien haya apenas metido la nariz en esos asuntos.

    Por si a alguien le interesara, no integré esa lista .

  • 4. Anonymous  |  17 diciembre 2011 en 21:41

    Who are we who are their who is living who is better who is free?

  • 5. Anonymous  |  17 diciembre 2011 en 22:02

    El texto es muy largo, por momentos trato que sea ameno con música, sorry si es desubikdo!

    (creo que tengo tres años más para descifrarlo y comprenderlo)

  • 6. Luis  |  17 diciembre 2011 en 22:25

    Este huerfanito siempre me conmueve.

  • 7. mar  |  18 diciembre 2011 en 10:32

    Bien por subirla. Es muy buena entrevista.
    La había leído ayer en La Nación mientras que al mismo tiempo pensaba en la repercusión que tendrían cada una de sus respuestas a Caparrós -ambos censurados por los kirchneristas-.
    No se hicieron esperar, el primer encargado en saltar fue Rossi. Recibió instruciones, fue evidente -porque además se ha hecho público ahora que la presidente ha bajado línea estricta sobre quién y qué se puede decir para cada situación-, y esa será la principal estrategia para disolver el efecto de las declaraciones sobre el ejercicio corrupto de la función pública del kirchnerismo: miente porque está enjuiciado.
    La secundaria apuntará también a que está enjuiciado, pero por la sociedad, por parricida. Señores y señoras, resulta que el parricida también puede robarles.
    Es una palabra condenada.
    Me pasa como a Caparrós -lo describe muy bien- le creo y no le creo.
    Lo que no suscita ninguna duda, es la descripción del modo de hacer política de los políticos. Lo sabemos, y todo lo que cuenta Shoklender en algunos casos hasta lo suponíamos, pero no por eso deja de ser nuevamente irritante leerlo.
    Evidentemente, se necesita alguien por fuera de la corporación política para que pueda ser dicho, y esto va más allá del kirchnerismo.
    Lo que es novedoso es el choreo para sostener los ideales de la Asociación Madres de PdM. Gran paradoja, el fin justifica los medios.

    El problema Moyano y Shoklender no es moco de pavo para el gobierno. Es pavo con moco para Navidad.

    Seguramente leeremos irrisorios argumentos en defensa de lo indefendible.
    También en este blog, como el comentarista lolas-de-metal, partidario de inocular -dijo- a toda la población cual brujito de kúkúkú; el nestornauta -versión 2011 del Capitán Beto del Flaco, que en vez de un colectivo por el espacio, maneja una computadora a través de los blogs (también tiene colgado un banderín al lado)-; y el enumerador de libros-leídos, que al menos es más simpático.

  • 8. mar  |  18 diciembre 2011 en 10:39

    Tema aparte, estoy como Caparrós con el Robin Hood, esos libros amarillos, el recuerdo de leer apasionadamente de costado en la cama, y siguiendo los kindle desde que salieron. Daré el paso?

  • 9. Liliana César  |  18 diciembre 2011 en 11:34

    No molesta la gráfica porque interrumpe para bien. Además sólo escuchás si apretás la flechita. ..Apruebo tus intervenciones.

  • 10. David  |  18 diciembre 2011 en 12:43

    El brujito de Kokoku

  • 11. EF  |  18 diciembre 2011 en 13:39

    Personalmente le creo a Schoklender. Hablamos de alguien que encubrio a su hermano. Por que no a Hebe la misma ley parece claro en su discurso. Ademas, en ningun momento el argumenta que no haya hecho nada que no se estaba haciendo alrededor suyo.

    Disiento con los comentarios en que la forma de financiar la politica no tenga algunas cosas novedosas mas alla de la fuente de recursos (DDHH): el % de coima llega en la era K al 25%. Con Menem era el famoso diego (10%) y no se venia de una crisis social como la del 2001, como dato agavante. Por eso Brasil es Brasil. Alla bajaron ministros por solo un 4%; si asumimos que ese 25% de toda la torta fue solo para financiar la politica tendriamos que asumir tambien que los sobresueldos le corresponderian hasta los porteros de las escuelas, es mucha guita de la que estamos hablando, y mas aun cuando hablamos de gente que esta financiando la politica real desde los recursos cuasi legales del estado con los AUH, planes sociales, jubilaciones, etc.

    Es para rescatar lo que dice de Guillermo Moreno.

    Igual Mar a la gente le importa un comino todo esto que para nosotros es un horror. Sino fijate la encuesta de Ipsos-Mora y Araujo. Son muchos los Bustos Fierros, lamentablemente.

    Saludos,

  • 12. Anonymous  |  18 diciembre 2011 en 14:50

    Últimamente “todos” quieren editar su libro, plantar un árbol, tener un hijo (o era con los verbos cambiados?). Pero “Libros para Todos” es una utopía para muchos, cada vez más!. Comienzo a cuestionarme el “Todo”

  • 13. mar  |  18 diciembre 2011 en 17:37

    Lo sé, son muchos.
    Con lo de Moreno sufrí un proceso de: sorpresa, comienzo de reivindicación, duda, y finalmente temor y aborrecimiento.
    Su descripción me recuerda la figura del “honesto soldado alemán”, tan obediente, valiente y leal a su führer, aún cuando veía el horror…
    Le han redoblado la responsabilidad, y está puesto para empezar a los tiros -tal como lo describen Shoklender y varios más- reforzando el control. O la presidente no confía tanto en De Vido ya, el que siempre estuvo más cercano a los gremialistas del peronismo ortodoxo?
    Es rescatable de esa escena de corrupción que mencionás, que supera ampliamente “el diego” de los tiempos de Menem? No. Sólo se podría decir que no guarda en su bolsillo, que lo pasa todo para el partido, y que calla con respecto a quienes no lo hicieron (empezando por la pareja K).

    (tema aparte, recordá que Menem no sube después de una crisis tipo 2001, pero sí anticipadamente por un Alfonsín que ya no podía con la inflación, paros generales, ollas populares, etc. No te creas que no tuvo por delante su monstruo también)

  • 14. EF  |  18 diciembre 2011 en 18:39

    Hola Mar,
    Para que me desencripto a ver si me entendes. Lo que rescato de Moreno no es a Moreno, sino lo que dice SS de el. Moreno es lo mas rancio del paleoperonismo, y ya viste lo que dice de cuando le hablaba a Hebe, lo de levanter la nariz por el asco. Moreno es dañino, es indefendible y hay algunas pruebas de que ha hecho algunas jugarretas con la compra de bonos y aparentemente que cobro alguna indemnización por alguna de todas esas leyes sobre DDHH. Al margen, su novia es la socia de la esposa de de vido, y de hecho es la escribana que labro todas las actas de las empresas de SS-MdPM, asi que no era ese mi punto. Lo que rescato entonces es que alguien que le declaro la guerra al poder K y que en el mismo discurso lo defiende a Moreno es porque no esta tratando de mentir ni de sacar provecho. Lo unico que me sono a bolazo es lo de la Ferrari, aunque habra que ver si alguna vez la tuvo a su nombre y si realmente no la manejo. Algo bastante intrascendente en el todo, pero que puede hacerte dudar en el resto tambien.

    Lo de Menem si y no. Si es como vos lo decis, pero Menem no siguió a un Menem previo (aca no hablo de su reeleccion) que enganio al 50% y fundio al pais. Menem siguió al Alfonsin del 89’ que venia del vaciamiento del proceso. Estos en cambio estan haciendo lo mismo, mas grosero y torpemente, y con un grado de violencia incomparable al de la epoca del turco. A esta altura Mar ya no vale la pena estar tratando de convencer a un Leandro o a un Bustos Fierro, y viendo esa encuesta y el presente de la oposición mejor es esperar. De aca al 2015 yo por el momento no tengo ni la menor idea de cómo se puede armar una resistencia, ni tampoco creo que vaya a surgir. Es solo sentarse y ver los acontecimientos. Aunque a algunos les hincha las pelotas que les vengas con los 40’-50’-70’, el kirchnerismo y particularmente el cristinismo es un remake berreta de eso. Tenes una viuda “mal asesorada”, un tarifazo, un lider sindical odiado por la neojuventud maravillosa, y un aparato de represion que a dado muestras de querer ponerse en marcha, sumado a la busqueda de leyes que las apañen. Eso con lo de los medios y papel prensa es todo lo mismo, nada nuevo bajo el sol. No van a poder sostener mucho tiempo mas la farsa. Lo de Moyano no es para subestimar.
    Cuidate,
    EF

  • 15. Gustavo  |  18 diciembre 2011 en 19:19

    Bueno yo ya no se mas nada. Cada cual sabra en su intimidad lo que hizo o no hizo. Quedara en la conciencia de cada uno. Uno que robo o estafo seguramente no podra dormir tranquilo por las noches. Sea quien sea. Shoklender, Bonafini, etc Sobre todo tratandose de Asociaciones que defienden los Derechos Humanos

  • 16. narigón  |  18 diciembre 2011 en 20:45

  • 17. Anonymous  |  19 diciembre 2011 en 0:16

    Jajajajajaaaaaaaaaaaa!!! Ñatito que tenga un buen descanso. Gracias por el humor!

  • 18. Anonymous  |  19 diciembre 2011 en 0:28

    Estimado a veces mis insomnios son tremendos por todo LO QUE ME ROBARON, ESTAFARON, USARON, HOSTIGARON, PERSIGUIERON, MANSILLARON E IGNORARON MIS PERSONALÍSIMOS DERECHOS HUMANOS. (los delincuentes también hacen inteligencia).
    La ecuación es opuesta, no es lo mismo ser amig@ de un presidente o ministro, actuar con su venia y su firma, que ser un simple, vulgar y anónimo plebeyo. ¿qué le parece?.

  • 19. mar  |  19 diciembre 2011 en 11:17

    …”No dejo de preguntarme casi a diario si tiene sentido apoyar a su gobierno, por la sencilla razón de que veo a mi alrededor tantas acciones reprobables. Porque la corrupción hormiga, la que practican muchísimos funcionarios, así como cierto maltrato generalizado en vastos sectores gubernamentales son estilo, resultan insoportables y la alcanzan a usted; le guste o no le guste, la alcanzan. Es claro que eso no quiere decir que todo lo malo deba ser atribuido enteramente a su gobierno, ni me parece justo personalizar en usted como es práctica de cierta oposición cavernaria y de ciertos grupos periodísticos. Pero tampoco me parece que eso deba ser obviado. No puede, no debe serlo” […] “A usted también la rodean impresentables -le dice a Cristina-. Hay funcionarios, gobernadores, caciques, punteros, lobbistas y demás, que es obvio que desde la función pública hacen negocios privados” […] “Me pregunto con quién consulta, con quién discute. ¿Cómo será su mecanismo de decisiones, señora? ¿Máximo, Florencia? Bueno, sin duda apoyan como apoyan los hijos, pero ¿quién le acerca a usted experiencia, olfato, intuición? ¿A quién escucha? Porque a alguien ha de escuchar, usted.”
    Mempo Giardinelli. “Cartas a Cristina”

  • 20. mar  |  19 diciembre 2011 en 11:20

    Disculpen, extraído de: http://www.lanacion.com.ar/1433701-el-kirchnerismo-critico-se-atreve-a-hablar-en-voz-alta

  • 21. tia susana  |  19 diciembre 2011 en 11:58

    Es ostensible que Shoklender es un desequilibrado, la juega de ingenuo, víctima,totem ético. Pero aún así no está impedido de contar historias reales.
    Creo que más allá de opinar “creo que sí” o “creo que no”, habria que suspender en este caso las posiciones subjetivas e investigar y constatar fehacientemente la veracidad o no de los HECHOS. ¿Es al poder judicial al que le corresponde hacerlo?
    En ese caso, Oyarbide debería apartarse,y poner a un juez probo, sí, probo….de probada decencia e idoneidad

  • 22. Alejandro  |  19 diciembre 2011 en 15:14

    Muy oportuna Mar su extracciòn de ese fragmento de “cartas…” mas que nada si se tiene en cuenta que su autor, ferviente partidario del modelo y presidente de una fundación en su chaco natal destinada a la ayuda a la infancia.destaca en la página oficial de aquella instituciòn el creciente nùmero de casos que se atienden, con fondos provenientes de programas estatales y de instituciones del exterior. Si se agrega a esto la demanda de ampliación de los planes sociales solicitada antes de las elecciones por el gobernador Capitanich, y efectìvamente ampliada por el gobierno nacional en un 25%. Se concluye que no funcionan las polìticas sociales de la administración en una de las provincias mas castigadas por la miseria. Si son criticables sus aspectos éticos, sus procedimientos, su justicia… ¿qué cosa reivindica entonces?
    En otra entrada, otro distinguido colega -David- se preguntaba hace poco, si un hijo no habido en estos tiempos, seguiría hablando en el año 2050 de peronismo; Esto último pienso, entendído como metàfora de determinada forma del poder para no volver a nuestras discusiones;
    Y leyendo yo el reportaje a Schoklender digo que sí. Que de esto vamos a hablar aunque seamos pocos durante muchos años mas, que incluso los no hijos de Andrew Lloyd Weber y Tim Rice pueden llegar a escribir otra obra tan coral, operística y barroca como la que escribieron sus no padres; Para públicos previamente anestesiados que no titubeen ante la mentira, la sordidez y la desmesura.

  • 23. Ma.Cristina  |  19 diciembre 2011 en 17:23

    A una amiga que preside una institución barrial le dije hace poco “ojo con lo que envían al Chaco, los camiones son interceptados y vaciados antes de llegar a destino” Estaban muy contentas las integrantes porque habían logrado completar una carga para una entidad de aquella provincia. El primer día comentaban que habían salido las partidas, al segundo día, habían tenido algunos inconvenientes, hasta ahora, no hubo más novedades y ya pasó una semana. Por pudor no quise preguntar-.

  • 24. mar  |  19 diciembre 2011 en 17:39

    2do intento
    Pensé eso Alejandro, pensé que por otra vía -que la de Shoklender- y debido a la actividad de su fundación en el Chaco -que no se puede negar hace por la educación y bienestar de sus coprovincianos- Mempo Giardinelli ha tenido la oportunidad de “ver” lo que sus ojos desde hace tiempo no querían ni divisar, y muy probablemente ha sentido “la corrupción hormiga” caminándole por el cuerpo y padecido ese estilo de cierto maltrato con alguno de los sectores del gobierno que desde su función pública hacen negocios privados.
    Pensé que Chaco era la provincia donde más casas y centros de salud de la “Misión sueños compartidos” se iban a realizar (además de los concretados), probablemente porque Capitanich era un elegido.
    Recordé mi “enojo” con él por sus palabras y participación durante la campaña de reelección de Cristina, mientras él estaba esperando que asumiera para recién publicar sus “cartas abiertas” que ya tenía escritas… y no es una cuestión de décalage.

    En cuanto a la pregunta de nuestro estimado David, coincido con la respuesta.

  • 25. Ma.Cristina  |  19 diciembre 2011 en 18:22

    Cuando leí que había perros entrenados para olfatear dólares creí que era un chiste, pero hoy confirmé que ya están trabajando y con resultados. No sé qué pasará en nuestro futuro inmediato, pero la oposición tendría que juntarse y pensar qué van a hacer hasta las próximas elecciones de diputados y senadores, porque por ahora son figuras decorativas, que ni vayan a ocupar asientos, busquen en cambio soluciones por otro lado para tanto desaguisado (la justicia, tal vez?)

  • 26. David  |  19 diciembre 2011 en 19:00

    La ola de reconocimientos no se ha hecho esperar Ale, quiero agradecer sobre todo esa especie de grado honorifico que es el corte de suministro por falta de pago con que me ha honrado la empresa del gas. Hay pocas cosas tan feas como un pensador que aparece con la cabeza dentro del horno. Se lo dedico a mis no hijos y todos los amigos de pan rayado.

  • 27. Alejandro  |  19 diciembre 2011 en 22:15

    Ma. Cristina: A mi edad creía haberlo visto todo; en los setentas que López Rega lo bendijese al Papa, (desde siempre era el pontífice el que bendecía a los feligreses) en los ochentas, la declaraciòn de guerra a la Otan (¡¡¡en el agua!!!!) en los noventas, que un peso valiese un dólar (con sólo manifestar esta voluntad el depositante en ventanilla) y ahora, esto de los perros olfateadores de dólares, que confieso, no estoy procesando bien.
    Técnicamente la soluciòn es buena: La alimentación del perro es realativamente mas econòmica que la de un inspector; No requiere aportes previsionales, es bastante difícil que un sabueso contratado se afilie al PO y provoque una medìda de fuerza,-aunque aquel perro líder de la revuelta griega ponga en duda el aserto.
    Daisy, la ovejera alemana, me decía hoy al mediodìa mientras miràbamos la tele: “Don Ale -no me tutea- por fín un laburo digno, esto de que a lo único que podìamos aspirar era a ír a garronear barrabravas a la cancha, me provocaba alguna contradicción de clase. es capaz que me engancho, al fin y al cabo, como en tantas otras cosas aquí se gana mas por no olfatear que por hacerlo, y de vez en cuando me gano algùn mango yendo a buscar donde no hay nada…”
    ¡Grande Daisy!

  • 28. juanelsantiagueño  |  19 diciembre 2011 en 22:42

    Y este es el que presentan como el gran cuadro formado? Maniqueismo al mejor estilo lo que propone este personaje. El eterno juego del blanco – negro, bueno – malo, heroe – antiheroe. Me aburrí de la lectura. Encima insulta a la inteligencia.

  • 29. juanelsantiagueño  |  19 diciembre 2011 en 22:50

    otro incidente entre terratenientes y pobladores en estos pagos y van… Involucran a funcionarios locales. Mientras los sabuesos buscan dólares para salvar lo que ya no hay.
    Sergio dice lo que Asis dijo en el 2006, Marroquinería política ¿porqué a sergio le creen 5 años depues? Simple, se nos escapó la tortuga (que no es la de pehuajó)

  • 30. mar  |  20 diciembre 2011 en 0:12

    David,
    la fórmula dice que n-1 tiene su cabeza dentro del horno.

  • 31. David  |  20 diciembre 2011 en 1:55

    Romero, para vos que lees “libros”: “Bien comprendio nietzsche, por haberlo vivido el mismo, en que radica el misterio de la vida de un filosofo, el filosofo se apropia las virtudes asceticas – humildad, pobreza, castidad- para ponerlas al servicio de fines completamente particulares, inesperados, en verdad muy poco asceticos. Hace de ellos la expresion de su singularidad. no son en su caso fines morales, ni medios religiosos para alguna #otra# vida, sino mas bien los “efectos” de la filosofia misma. pues no hay en absoluto #otra# vida para el filosofo. Humildad, pobreza y castidad se vuelven de inmediato efectos de una vida particularmente rica y sobreabundante, tan poderosa como para haber conquistado el pensamiento y puesto a sus ordenes cualquier otro instinto, efectos de lo que Spinoza o espinoza llama Naturaleza: una vida que ya no se vive conforme a la necesidad, en funcion de medios y fines, sino conforme a una produccion, una productividad, una potencia, en funcion de causas y efectos. Humildad, pobreza y castidad son de su (del filosofo) manera de ser un Gran Viviente y de hacer de su propio cuerpo el templo de una causa demasiado orgullosa, demasiado rica , demasiado sensual. De modo que, atacando al filosofo, cae uno en la verguenza de atacar una apariencia modesta, pobre y casta, lo cual centuplica la rabia impotente; y el filosofo no ofrece donde hacer presa, aunque sea presa de todos los ataques.
    Ahi recibe todo su sentido la soledad del filosofo. Pues no puede integrarse a medio social alguno, no casa con ninguno. Sin dudas es en los circulos democraticos y liberales en los que encuentra las mejores condiciones para vivir, o mas bien para sobrevivir. Pero estos circulos significan para el solamente la garantia de que los malintencionados no podran envenenar ni mutilar la vida, separarla de la potencia de pensar que va un poco mas lejos que los fine de un estado, de una sociedad y de todo medio social en general”
    Ustedes que leen liiibroos sabe que es Deleuze pero que libro… mmm busquen y lean. Felices fiestas

  • 32. David  |  20 diciembre 2011 en 2:05

    Si voy a esperar que Sergio salga a chorear para mi, o el seguro para padres sin hijos, seguramente mi menu navideño va a consistir puramente en carne de RATAS (salven a las ratas)

  • 33. David  |  20 diciembre 2011 en 2:13

    Rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrraaaaaaaaaaaatas

  • 34. morcipan  |  20 diciembre 2011 en 2:29

  • 35. Anonymous  |  20 diciembre 2011 en 10:00

    David:
    En el místico ascetismo de su lucha, combata lo gris del Universo.(Cierre el horno).

  • 36. mar  |  20 diciembre 2011 en 11:42

    Tiene razón Anonymus.

  • 37. rodolfo lópez  |  20 diciembre 2011 en 16:01

    Liliana, que bueno que no dio ese paso; podemos leer sus comentarios inteligentes que denotan serenidad de espíritu.

  • 38. FCEyN  |  20 diciembre 2011 en 16:13

    No sé si es apropiado escribir acá pero estoy conmovido por la muerte del funcionario camporista en uruguay. Suicidio o ajuste de cuentas espantoso, heredero del “no te metás” ?

  • 39. rodolfo lópez  |  20 diciembre 2011 en 17:06

    Ma Cristina, sospecho que Mar y Panchito se ven a escondidas.
    Lejos de la mirada rectora del blog. No para darnos el Delfín que nos prometieron (símbolo de concordia entre argentinos, que traerá bonanza duradera o eterna), sino para dar rienda suelta a su diversión preservando la fertilidad. No es novedad que había pasión, de esos ataques frecuentes -reveladores- salían chispas, pero resulta que ellos encienden fogatitas todo el tiempo -de esa manera- y a nuestro futuro que lo parta un rayo. Piense en sus nietos, en los no hijos de David (yo pienso en mínima de autónomo y me entristezco).
    Convoque comité de crísis que Ud presidirá. no dude en pedir ayuda a mARCELO -amigote del tandilense- (yo no puedo, barrera generacional impide comunicación, Ud. sí puede) que hable con su amigo seriamente. Y por el lado de Mar, a Martita, su amiga, que la llame al orden (últimamente Martita no escribe, no vaya a ser cosa que buenamandarina de Mar la esté llevando por mal camino).
    A tortolitos pícaros un llamado: primero La Patria!
    Saludos cordiales.
    .

  • 40. Ma.Cristina  |  20 diciembre 2011 en 18:14

    Rodolfo, ya entré en pánico, no pretendo dirigir nada (aunque tengo toques autoritarios) Nunca hablé con Marcelo y tampoco conocía su amistad entrañable con Panchito. Lo que sí daba por descontado es este romance inédito que se descubre en el final del año con bombos y platillos! Que no daría por un Delfín de esta pareja, sería para alquilar balcones! Abrazo grande.

  • 41. Ma.Cristina  |  20 diciembre 2011 en 18:34

    Este link corresponde a una nota algo extensa de Rolando Hanglin

    http://www.lanacion.com.ar/1434135-carta-abierta-a-pacho-odonnell

    El tema es el revisionismo histórico, tratado en un post anterior.

  • 42. Ma.Cristina  |  20 diciembre 2011 en 19:34

    Me olvidé, creo que Martita viaja, a salvo de los flujos y reflujos de Mar.

  • 43. Anonymous  |  20 diciembre 2011 en 20:06

    FCEyN:
    Es apropiado. Inapropiado es el “no te metás”, “que parezca un accidente” o “muerte por suicidio”. Creo que a esta altura de las circunstancias escribir en este blog es lo más apropiado. Hay olor a Triples de la “a” a la “z”

    A morcipan: Ratatouille es una de mis películas favoritas (estoy esperando que editen la segunda parte). Este bailongo va a necesitar muy buenos gourmets.

  • 44. Panchito  |  20 diciembre 2011 en 20:23

    Estimado Rodolfo y demás amigos/as del blog, quisiera desmentir por este medio el supuesto vínculo sentimental que me une a la Señora Mar y quisiera así mismo asegurarles que por ahora (a pesar mío) sólo somos buenos amigos.

    Como ustedes saben, apenas y con mucho esfuerzo, estoy tratando de dominar el castellano pero como dijo el poeta William Butler Yeats ” That dolphin-torn, that gong- tormented sea” o sea

    Ese Mar desgarrado de delfines, ese mar atormentado de gongs.

    Les deseo a todos unas Felices Fiestas con Paz y Amor y que la pasen fenómeno.

    PD: Rodolfo, ¡le desconocía la veta humorística!, me ha hecho reir mucho.

  • 45. martita  |  20 diciembre 2011 en 23:04

    Ante la convocatoria suya Rodolfo , me presento de inmediato
    ( no escribo , pero leo ). Sugiero a Panchito mantener cierta
    distancia de lady Mar , sino lo veremos recitar cual Romeo de
    W. Shakespeare : ” Si la medida de tu ventura se halla colmada , como la mìa , y tienes mayor arte para expresarla
    perfuma con tu aliento el aire ambiente , y deja que la melodiosa mùsica de tu voz cante la soñada felicidad……
    O sea ,caerìa en las redes de Mar, y Panchito sufrirìa mucho
    porque en realidad a èl le gusta màs hablar de las
    cloacas o salames tandilenses ( que son muy ricos ).
    Risas a un lado Rodolfo leì y me emocionò “despuès
    del 55 ” , su historia vivida con su admirado padre
    y me doliò por cuanto sufriò èl , como tantos ,
    amando la patria , soñando con un futuro que nunca logrò
    y que tampoco llegò a este lugar . Idealizando , confiando
    sufriendo y , TODOS nosotros luchamos , desde el lugar
    de cada uno , por un Paìs digno , con justicia social ,
    trabajo para todos , educaciòn , Libertad , que tambièn
    era el sueño de su papà , lamentablemente nos equivocamos
    muchas veces en a quièn le otorgamos el Poder , para
    ayudarnos a lograr nuestros derechos.
    Y seguiremos equivocandonos .
    “LO PEOR NO ES TAN MALO
    MIENTRAS PODAMOS DECIR
    QUE ES LO PEOR …..”.Rey Lear ” Cap IV ,Shakespeare .
    Saludos !!!!!!!!!!

  • 46. mar  |  20 diciembre 2011 en 23:30

    Rodolfo,
    creo que has terminado de hacer trizas el corazón de Ma. Cristina.
    Me extraña que no hayas percibido bien las pasiones ocultas. Tanto te absorbe la mente la preocupación por la jubilación? o se trata del trío los Panchos?

  • 47. Juan Manuel  |  20 diciembre 2011 en 23:44

    Después de leer el artículo….: cheeeeeee ! pero al final es como dice el osito panda ese que esta en la biblioteca nacional : ” atacan al núcleo ético de la nación ! !”
    PD: ¿ se puede ser tan ganso en la vida?

  • 48. EF  |  21 diciembre 2011 en 7:42

    Alguien se ofende si en vez de Shakespeare pasamos a Sherlock Holmes?

    Capitulo 1: Joven ambicioso, 34 anios, subiendo los últimos peldaños de la cresta de la ola, ex-silla en el directorio de Aluar gracias a las AFJP y a la Campora, con los ingresos que eso significa mas el manejo de la corporación puerto madero, que lo nombran 2do de la nueva secretaria de comercio exterior y debuta en el escenario internacional luego de haber pasada una velada placentera, riéndose y festejando como dicen los que lo vieron durante el cumpleaños de su pseudojefe Guillermo Moreno, que se ducha a la mañana siguiente y se ahorca con un cinturón colgándose del barral del placar y que como no lo resiste se cae y bloquea la puerta de la habitación, suena bastante poco elemental, no?

  • 49. Anonymous  |  21 diciembre 2011 en 8:55

    Al parecer el barral no era de aluminio. Atrevidos, jactanciosos y soberbios, De víctimas a victimarios ponen en juego la vida de Todos!
    http://www.aluarnews.com.ar/sistemas_accesorios.html

  • 50. Ma.Cristina  |  21 diciembre 2011 en 9:12

    Chicos y chicas del blog, creo que entramos en un embudo de locura que nos va a estallar si nadie hace nada para evitarlo. Tal vez alguien salga del miedo y actúe a pesar de estar amenazada su vida o su familia por eso. Tal vez debieran primero denunciar amenazas y luego actuar. Menos mal que tenemos nuestra propia interblognovela con el romance del año para aliviar esta realidad. Mar, no estoy destruída, apoyo los amores aunque sean contrariados, mi vida navega por un pacífico lago en estos momentos y espero que por mucho tiempo. Pero ustedes deben seguir en la cresta de la ola, para dar el ejemplo a la juventud que nos rodea, entre arena y salamines.

  • 51. Alejandro  |  21 diciembre 2011 en 11:21

    David: Si ha sacado la cabeza del horno, antes de acudir a las ratas, cuente con la media docena de gallos que Escolapio deberìa devolverle.

  • 52. martita  |  21 diciembre 2011 en 11:30

    EF , yo recurrì al Inspector Clouseau y me diò la misma
    pista .
    Luego me darà màs datos , volviò a su lugar de trabajo:
    ” THE PINK PANTHER ” Peters Sellers .

  • 53. David  |  21 diciembre 2011 en 12:40

    🙂

  • 54. rodolfo lópez  |  21 diciembre 2011 en 17:43

    Estimada Mar, gracias por el sentido del humor y las cosas buenas que das a Pan Rayado, el medio por el que las recibo. Con 1 línea das sentido a 10 comentarios aparentemente inconexos.
    Tu inteligencia es superior, es armoniosa y es generosa.
    Tenés ayuda, FCEyN informa rara muerte de joven economista en Montevideo, al toque Anonymous plantea nuevos interrogantes y luego otros se suman. Así es el blog.
    A todos: ¡Felices Fiestas!

  • 55. Rodrigo  |  21 diciembre 2011 en 18:17

    Si hay alguien que sabe de historia argentina, ese es Rolando Hanglin (??)
    ¡Seamos buenos entre nosotros, ese artículo es pésimo! Se parece a la metáfora de los dos demonios.

  • 56. Rodrigo  |  21 diciembre 2011 en 18:31

    ¿Alguno coincide con este artículo/carta abierta de m.ierda escrito por Hanglin???
    http://www.lanacion.com.ar/1434135-carta-abierta-a-pacho-odonnell

    Es pésimo!

  • 57. EF  |  21 diciembre 2011 en 20:38

    martita, cuando tenia 6 me llevaron al cine a ver “the return of the pink panther”. Todavía me acuerdo la decepción al no ver los dibujitos.
    Le paso data de otro personaje, aunque autoctono: Los uruguayos, que son profesionalmente serios, saben que el relato no les cierra. Se sacaron muy pronto el problema -el cuerpo- de encima. (Jorge Asis)

  • 58. mar  |  21 diciembre 2011 en 23:02

    y leí otra de Jorge Asis: “Matar, en una pajarera como el Radisson, mata cualquier sicario” […] “Pero producir un suicidio es para Los Profesionales”.

  • 59. Ma.Cristina  |  22 diciembre 2011 en 8:03

    Alejandro, no había visto este comentario suyo. Cuídela a Daisy, no quiero pensar por lo que pasan estos perros para cumplir esa función, por aquello de que el fin justifica los medios vio? Un abrazo.

  • 60. Ma.Cristina  |  22 diciembre 2011 en 8:06

    Panchito, esto de que “somos simplemente amigos” es muy remanido, busque otra excusa más novedosa. Y Mar también quiere desviar la atención, cada vez toma más fuerza la idea. Un abrazo y Muy Feliz Nochebuena para usted y los suyos.

  • 61. Ma.Cristina  |  22 diciembre 2011 en 9:31

    Muy Feliz Nochebuena para usted y los suyos, Rodolfo, un abrazo grande!

  • 62. Ma.Cristina  |  22 diciembre 2011 en 12:19

    Hace poco, Gustavo Romero dijo que cumplía años hoy, 22 de diciembre, un saludo para él: QUE LOS CUMPLAS MUY FELIZ!!!

  • 63. Mar  |  22 diciembre 2011 en 12:54

    Tenés razón Rodolfo, es así, uno da pie a otro y así siguiendo. No solo vos, varios han puesto su nota de humor, y sabemos bien cuánto nos ayuda (y nos ayudará!).
    (mmm… veo que no formas parte del trío los panchos)

    Te deseo una Feliz Nochebuena y Navidad junto a los tuyos.

  • 64. mar  |  22 diciembre 2011 en 15:10

    Lamento que no se te dió, pero yo que vos no claudicaría
    (de paso está bueno que veas películas, o no?)

  • 65. mar  |  22 diciembre 2011 en 15:16

    Así me gusta, sin claudicar.

  • 66. Anonymous  |  22 diciembre 2011 en 16:09

    Felíz cumpleaños al joven G.Romero, terco, pesimista y nihilista nacido bajo el signo de Capricornio. Astro egocéntrico.
    Que los cumpla muy feliz!

  • 67. martita  |  22 diciembre 2011 en 22:06

    Què culpa tiene Gustavo Romero de haber nacido bajo
    un signo regido por Saturno !!! ?Quizà por eso , se puede comprender
    que èl siempre quiere imponer su pensamiento , quizà
    estructurado , y ambicioso .Pero no hay duda que es
    muy inteligente y luchador .
    Un brindis por tu cumpleaños .

  • 68. EF  |  23 diciembre 2011 en 6:29

    http://www.lanacion.com.ar/1434930-en-madres-siempre-se-reivindico-la-revolucion-dijo-un-ex-docente-de-la-entidad

    Alguien con autoridad para hablar del tema.

  • 69. Ma.Cristina  |  23 diciembre 2011 en 8:29

    EF Creo que ya lo había comentado alguna vez, hace algunos años, en la revista Gente, el papá de los hijos de Hebe (de quien estaba separado) dijo que sus hijos estaban bien y en España y que ella lo sabía, pero que no querían tener contacto con su mamá por su manera de ser. Tal vez eso la haya llevado a darlos por desaparecidos y ponerse al frente de una lucha reivindicatoria.

  • 70. mar  |  23 diciembre 2011 en 9:20

    Lo leí EF,
    lo que dice Schiller, va para Hebe y su autoritarismo para conducir a las Madres hacia el kirchnerismo como su valor principal, en vez de los derechos humanos (y lo que es peor, por un interés económico).
    Pero las pretensiones de un pensamiento único no priman sólo en la fundación. Genial lo de las nuevas leyes! Veremos si el papel de diarios realmente llega a todos. Leímos a Kunkel justificando la nueva ley antiterrorista: “El que pone una bomba es un técnico en explosivos” pero es un terrorista el que informa sobre “extraños movimientos en la city”, porque puede aterrorizar a los ciudadanos (pobres los familiares de quienes fueron alcanzados por el experto en explosivos en la AMIA)

    tendremos que volver a escuchar radio colonia?

  • 71. Ma.Cristina  |  23 diciembre 2011 en 9:50

    Mar, tiene razón Rodolfo, tu inteligencia es superior y yo agregaría, clarividente. Hay en mi vida una deuda pendiente con un Rodolfo, un domingo de lluvia torrencial, yo tenía 16 o 17, él por ahí andaba, acudió a una cita con su bicicleta desde la zona oeste pedaleando hasta Caballito. Lo había conocido el sábado, noche de carnaval en Vélez. No recuerdo más, esa imagen de un muchacho cubierto con un capote oscuro y empapado, menudo y sonriente, es un hermoso recuerdo.

  • 72. Anonymous  |  23 diciembre 2011 en 11:42

    Son adorable pero hay que amarlos con alma y vida!
    Salud Gustavo. Larga y Buena Vida!

  • 73. mar  |  23 diciembre 2011 en 12:10

    Ma. Cristina
    Mi abuela paterna italiana era clarividente. Tenía una extraordinaria capacidad de ver hacia adelante. Yo no, lo mío es pura técnica y porque no incluso, hasta vicio profesional diría.
    Qué imagen bella tenés de ese hombre. La memoria autobiográfica es una maravilla. No existe al día de hoy computadora que pueda igualar su capacidad de activar un recuerdo, miles de asociaciones entre imágenes, olores, sentimientos, sonidos, razonamientos, etc. etc. Desde un perfume, una melodía, o un nick.
    Te gusta el cine, seguramente recordarás “Asignatura Pendiente” (con José Sacristán).
    Feliz Navidad!

  • 74. EF  |  23 diciembre 2011 en 15:29

    Ma. Cristina,
    aun sabiendo lo que es Hebe me permito la duda sobre esa historia. La escuche innumerables veces pero pruebas concretas nadie mostro. Que se yo.

  • 75. EF  |  23 diciembre 2011 en 15:42

    Mar, si tenes ganas lee lo que escribio Mempo en Pag.12 el domingo por esa ley. Ya se que es inexplicable que se considere K, pero creo que esta cambiando su discurso de sutil (con las criticas a aerolineas, transporte y combustibles) a dura.

    no es mala la opcion de radio colonia.
    viste que el turco asis finalmente sostiene la teoria onanistica con lo del chico este. Yo no me meto con la vida privada de nadie, pero en viaje oficial como subsecretario de estado? esa es la mesa chica para decidir nada menos que la economia?

  • 76. mar  |  23 diciembre 2011 en 17:25

    Gracias, lo voy a buscar porque no lo leí.

    Y sí, parece que se impone la teoría del onanismo oxifílico. Esperemos que no lo impongan también hegemónicamente, aunque no sé si ya no es algo que caracteriza a la mayoría de la sociedad argentina, cada vez más encerrada en sí misma y sin oxígeno (ahora, eso del orgasmo especial no nos pasa!)

  • 77. Ma.Cristina  |  23 diciembre 2011 en 17:43

    Gracias Mar! Muy Feliz Navidad para vos también, abrazo.

  • 78. EF  |  23 diciembre 2011 en 18:40

    graciosa. Aunque un porcentaje de la poblacion muy grande imita a Sally. Nunca menos.

  • 79. Liliana César  |  23 diciembre 2011 en 23:38

    FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!!!!!! para los kirchneristas, no kirchneristas, antikirchneristas….and so on. Y recuerden: lo importante son los vínculos! Abrazos a todos Y A SUS FAMILIAS!

  • 80. EF  |  24 diciembre 2011 en 16:39

    En mi caso a diferencia de Liliana no les deseo Feliz Navidad a todos por igual. A los kirchneristas les deseo nada, pero que la tengan toda junta; a los no-kirchnersitas prokirchneristas les deseo una linda noche buena y que la mayonesa este con escherichia coli asi pasan una linda navidad sentados en el inodoro con la cabeza en el bidet; a los no-kirchneristas criticos les deseo la navidad mas feliz que pueden tener en este contexto; y bueno, los antikirchneristas ya sabemos que no hay nada que festejar asi que a comer y a dormir.

  • 81. martita  |  24 diciembre 2011 en 17:37

    Ma. Cristina , me encanta su historia romàntica .Los
    amores imposibles en la adolescencia son maravillosos.
    Le deseo una muy feliz NAVIDAD Y UN 2012 PLENO
    DE : concreciones .
    Ud que es tan sensible habrà llorado con aquella
    pelìcula gloriosa :” ANGUSTIA DE UN QUERER” .
    Mi cariño Martita .

  • 82. Ma.Cristina  |  24 diciembre 2011 en 18:34

    Gracias Martita! Muy Feliz Nochebuena para vos y tus seres queridos, un abrazo.

  • 83. Ma.Cristina  |  24 diciembre 2011 en 18:35

    ja ja ja, malo pero honesto! Una Muy Feliz Nochebuena EF!

  • 84. David  |  25 diciembre 2011 en 2:22

    Siii quiero mas Dimoxinil!!!!

  • 85. David  |  25 diciembre 2011 en 2:27

  • 86. Miriam Azerrad  |  25 diciembre 2011 en 18:11

    Gracias a todos los saludos, y gracias por hacerme reír con el nuevo romance. Se está poniendo interesante, este blog, acaso, no
    puede tener tambien un romance, o acaso, tenemos que preguntar y consultar un psicoanalista, si se permite. Jajajajaja..Para terminar digo, que comenzaron a criticar que se hace con el dinero del estado, sus propios kirchneristas, por lo tanto, eso y lo de Schocklender, mas Moyano, etc etc…vamos a tener, un año muy movido. Felices fiestas, y muy buen año nuevo.


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