El NO de los Philodoxos (Perfil 28/8/2010)

28 agosto 2010 at 10:01 16 comentarios

Seguiré con el tema de la columna de la semana pasada acerca de las ciencias sociales y la filosofía. Tomaré un nuevo atajo. Escribí que la filosofía tiene que ver con el NO. Karl Jaspers nos enseñó que la filosofía nace de tres estados de ánimo. El asombro metafísico acerca de que las cosas sean. La duda ante las verdades indiscutibles. Las situaciones límites que nos hacen preguntar sobre el sentido de la vida. Por eso, la pregunta y la interpelación al Ser, la Verdad y la Vida, son las fuentes del filosofar. A estos principios les agrego el NO. No hay filosofía sin este no. La filosofía nace con Platón, es decir con su Maestro ágrafo Sócrates. Fue el primero en considerar que la era de la sabiduría había caducado. Los Maestros de la Verdad, fueran Poetas, Reyes, Sacerdotes, Adivinos y Legisladores como Solón, desaparecieron en la noche de los tiempos. Platón vive en la Polis democrática diseñada por la reforma de Clístenes, en donde los poetas cobran por su versificación, como Simónides,y los sofistas por su conocimiento, como Protágoras. Son tiempos de secularización en los que la palabra escrita circula entre pares y en donde el conocimiento es exotérico, es decir público. La decadencia de la era de los sabios es la aurora que anuncia a estos nuevos personajes destemplados llamados filósofos. Es el momento del ejercicio de la filosofía, de un tipo de práctica limitada y perecedera por ser escrita, que requiere para su complementariedad el acto incierto de la lectura. La relación de “phylia”, de amistad, que se daba entre maestro y discípulo, se desplegaba en el diálogo. El maestro, de acuerdo a las imágenes platónicas, era un partero de almas, y conducía a su discípulo, por medio de preguntas, al conocimiento de las nociones en su verdad translúcida. Escritor y lector, por el contrario, son dos seres solitarios cuyo desencuentro se oculta por un texto común. Platón desprecia esta labor insuficiente. Crea su Academia para reestablecer la vieja costumbre en la que maestros y alumnos compartían un mismo espacio. Leer un Diálogo de Platón es una experiencia auditiva. Por supuesto que se trata de un monólogo ya que la condición de existencia de un texto así lo determina, pero la escansión de las frases, el ritmo de la prosa, si bien ya no nos devuelve la escena viva de Sócrates con los jóvenes, nos entrega algo sin duda importante: el pulso de la filosofía. A Platón se lo lee y se lo escucha. Es letra y música. Déjense llevar por la rapidez de los intercambios de puntos de vista. Deténganse ante la brevedad de las interrogaciones socráticas. Observen como interpela a sus interlocutores, recorta las respuestas y distribuye los méritos. Escuchen la melodía del desafío y la armonía de la discordancia. Es la tecla del NO la que suena. Es la novena nota de la escala musical. Es el NO a la presunción del sabio. Sócrates es quien desafía a los expertos a que nos muestren la verdad de la justicia, la del coraje, la del conocimiento, la del bien. El sujeto supuesto saber del que nos habla Lacan y que permite el amor de transferencia, aquí se diluye. Claro que hay un SÍ, es el que no se alcanza con las palabras, el del sol que de tanto brillar enceguece, el del espacio fuera de la caverna que nadie habita. La gran invención de Platón es la filosofía, es decir el NO a los que saben. Pero no es un canto a la oscuridad. Sin duda que el camino del Logos debe darnos claridad. El hilo de Ariadna debería guiarnos por el sendero y no perdernos en los laberintos ideados por Dédalo. Pero no sólo de Logos vive el hombre. Jean Pierre Vernant y Marcel Detiene, quienes nos ayudaron a descubrir una nueva Grecia y comprender las condiciones políticas para que naciera el género literario llamado filosofía, nos hablan de otra categoría: la “metis”. Metis es inteligencia astuta, la que debe desenvolverse en un mundo flexible, ambiguo, incierto, impredecible, no sólo en todo lo que concierne a las técnicas artesanales, sino el de la política, el del olfato comercial, la medicina, el de la navegación con sus vientos cambiantes. Para ese mundo no alcanza la coherencia, la racionalidad reposada, el principio de no contradicción, el rigor demostrativo. No es el de la univocidad sino el de las circunstancias y contingencias que requieren de una inteligencia práctica, que Aristóteles llamó “prudencia”, en el sentido de capacidad para discriminar lo conveniente en las situaciones cotidianas. Escribí la semana pasada acerca de la pretensión positivista de las ciencias sociales que insisten en llamarse “ciencias”, y advertí que en lo que concierne a la conducta humana el ideal de experimentación y verificación del paradigma científico está en manos de la farmacología, la ingeniería genética, la bioquímica y la neurología, disciplinas que anhelan ocupar el sitial de futuras auténticas ciencias sociales. Por ahora, decía, presenciábamos en nuestras casas de estudios dedicadas al análisis de la sociedad y la comunicación, una mezcla de populismo y marxismo que elucubra sus solemnidades teoricistas entre Capusotto y Althusser. Desde mi punto de vista no está mal mezclar códigos, por el contrario, el puritanismo académico de los futuros comunicólogos es el primero en aterrorizarse ante la cultura de masas, que condena por mala, y encomia la popular, que bendice por buena. El problema comienza con la canonización y la consagración ideológica que captura para su cesto moral a un Olmedo y no a un Hugo Soffovich, a un Tato y no a un Dringue Farías o a una Polémica en el Bar , a un Capusotto y no a un Fabio Alberti, para no hablar de los olvidados Juan Verdaguer y el recientemente fallecido Hugo Guerrero Marthineitz. Todo es captura para la causa del higienismo progresista. Por otra parte, agregando otra página a este panorama, dicen los colegas de este diario de la sección “escritores” que están hartos de opinar cada semana sobre cualquier cosa y se espantan ante la posibilidad de convertirse en opinólogos. Por eso vuelvo a Platón y a su idea de la “recta opinión”, que es el del conocimiento aplicado a un mundo cambiante, conjetural, probable, es decir, el nuestro. Los expertos se enojan porque los opinólogos nos metemos en todo, Platón nos llamaba “philodoxos”, un término aplicado a este saber intermedio entre la opinión o doxa y el saber o episteme, un saber híbrido útil para la caverna, el mundo de las sombras, el de las apariencias mudables, el del devenir. El otro gran instrumentador de la filosofía del NO, Federico Nietzsche, decía que no hay que creer en lo que uno piensa, buen consejo para quienes salen a la pesca con sus redes de captura para ver si vestidos con su escapulario consiguen alguna nueva presa para legitimar su “contemptus mundi”, el horror al mundo, desde la tinellización al cambio climático. El NO de los antiguos philodoxos es el SÍ de los filósofos de hoy. A Fogwill.

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De paseo con la filosofía (Revista Pulso) Sucesos argentinos ( perfil 4/9/2010)

16 comentarios

  • 1. daniel rico  |  28 agosto 2010 en 11:19

    Dijo Fogwill :
    “La cocaina nunca ha sido un problema para mi, es facil dejarla, yo mismo la deje como diez veces.” Note que el numero de veces variaba con cada reiteracion de la frase.

    Era, como muchos publicitarios, un provocador profecional, un provocador de palabra que en los hechos no produce molestia alguna en el poder de turno, un retador de la moral que no cuestiona los valores sagrados, la propiedad privada por ejemplo; por eso, propietarios y desposeidos pueden leerlo y disfrutarlo por igual, como a Bucowsky.

    Gustaba promocionar su mejor novela, “Los pichiciegos”, diciendo que la habia escrito mientras consumia buenas dosis de cocaina. Algunos de sus admiradores han reiterado el procedimiento nasal, birome en mano, sin haber conseguido escribir Los pichiciegos, ni ninguna otra cosa que valiera la pena.

    Para terminar, un declaracion de Fogwill aparecida en el diario reaccionario La Nacion, con motivo de su deseso:

    “Sé que todo lo que se dijo de mí lo provoqué yo. Y todo sirvió para venderme como autor, que actualmente ya no es vender libros al público, por lo menos en la Argentina, sino que tiene que ver con vender proyectos de negocio editorial a las editoriales”

    Saludos!

  • 2. Lector  |  28 agosto 2010 en 14:03

    La columna es brillante y es un placer leerla; entendí casi todo menos : ” la novena nota”. No sería ¿ la octava nota de la escala musical?

  • 3. francal  |  28 agosto 2010 en 15:18

    la nota es interesante, pero sobre las ciencias sociales, alguna otra idea aparte de la advertencia sobre las ciencias empíricas que pujan por desplazarlas y ocupar su lugar, y las canonizaciones ideológicas e higienismo progresista?

    el homenaje a Fogwill estuvo muy bien, no hubiera sido justo que en este blog no se lo hubiera nombrado.

  • 4. Ma.Cristina  |  28 agosto 2010 en 16:54

    Es la novena, porque se lee así: DO RE MI FA SOL LA SI DO… NOO!

  • 5. Viviana  |  29 agosto 2010 en 16:25

    La NO – VE – NA nota sería a saber visto y considerando que:
    DO RE MI FA SOL LA SI DO (es una octava) RE AGUDA sería la 9ª nota.
    Entonces es un RE NO agudo.

    Qué carácter Don Tomás Abraham ! No deja espacio para equivocaciones.

  • 6. Marcelo Grynberg  |  29 agosto 2010 en 17:06

    Mas sobre Platon (menos sobre Prozac 🙂 )
    Segun Castoriadis, (filosofo, politico, economista, y psicoanalista), en su estudio
    de “El politico” (uno de los dialogos 5 (o 7 ?) platonicos), argumenta que el pensamiento de Platon es ajeno al imaginario griego. Fue profeta de reyes y enemigo profundo de la democracia; representaria la negacion misma del
    pensamiento politico griego (algo asi como un moderno conservador ?). Platon jugaria con lo
    mismo que denuncia: ataca a los retoricos pero procede retoricamente, critica a los sofistas pero es el mismo un sofista incomparable. Platon habria tenido asi un papel considerable en la destruccion del mundo griego, como tambien en la segunda fundacion de la filosofia .

  • 7. Lector  |  29 agosto 2010 en 18:59

    Estamos confundiendo NOTAS de una escala musical, con SONIDOS de una escala musical.

  • 8. ezequiel  |  1 septiembre 2010 en 3:19

    Sr. Tomás Abraham, qué hay de novedad con respecto al seminario de los jueves en el teatro???

  • 9. santiago  |  1 septiembre 2010 en 23:35

    Me encanta ver como tipos intentan embanderar a personas que han escrito cientos, miles de años atrás y dicen que alguien es esto o aquello… me encantaría preguntarle a Castoriadis en persona –ya que el por el apellido debe tener origen griego y “debe saber”..- cual era el ideario, “imaginario griego” en aquellos tiempos, y si en verdad existía alguno. Que me lo cuente por favor. Griego era ser ateniense? .. o griego era ser espartano? O tebano?… corinto?
    me parece una opinión bastante acotada -mas allá de los variados campos donde investigó- por el cristal de los anteojos ideológicos, que es lo que suele suceder cuando se emplean hipótesis tan reduccionistas.
    Lo dijo Tomás Abraham: “El problema comienza con la canonización y la consagración ideológica que captura para su cesto moral…Todo es captura para la causa del higienismo progresista.”
    Marcelo con lo que pusiste sobre este Castoriadis le das toda la razón a Abraham… y a Platón también, a su forma de escribir.
    Abría que preguntarse primero que cosa buscaba lograr, o lograba y logra Platón con sus diálogos, antes de ponérselo a encasillar ideológicamente para dormir tranquilo… aunque en realidad si pensamos así, buscando encasillar todo el tiempo, ya se está dormido aunque no nos demos cuenta y con esa actitud “encasilladora” lo único que hacemos es tratar de que no nos despierten (que no nos puedan despabilar, desencasillandonos a nosotros mismos).
    Platón procede retóricamente??? pero que significa actuar retoricamente para este hombre? Platón es juzgado solo por lo que literalmente quedo escrito de el? y si hay otros sentidos? y si se descubren otros sentidos? O como llego eso escrito hasta hoy? gracias a que?
    Platón se jugo de cuerpo entero, pensemos que no estábamos en esta época de hoy donde hay una supuesta civilidad por todos lados. Platón fundo un lugar concreto, la academia, en una época muy complicada y dio lugar a seguir ese ejemplo, escuelas que duraron mas que cualquier otra universidad hasta hoy… eso lo logro gracias a la retórica? Que se me muestre alguna simple retórica que haya logrado algo semejante y capaz veo si le creo a este hombre.

  • 10. santiago  |  1 septiembre 2010 en 23:42

    Lo dijo Tomás Abraham: “El problema comienza con la canonización y la consagración ideológica que captura para su cesto moral…Todo es captura para la causa del higienismo progresista.”
    selección para sus cestos morales, en el caso de Platón parece que es rechazado pobre Platón.. parece que han descubierto su conservadurismo griego clásico..(?)

  • 11. francal  |  2 septiembre 2010 en 8:48

    a mí no me encanta ver que embanderen, tampoco que enjuicien ligeramente.
    ni Platón ‘portaba una bandera conservadora’, ni Kant ‘se equivocó por creerle a los sapos empiristas ingleses’.
    disparates

  • 12. Marcelo Grynberg  |  2 septiembre 2010 en 9:21

    Dame un tiempo para contestarte, ahora estoy a mil con otras cosas. Comento nada mas que Castoriadis no era un chanta, todo lo contrario, y tenia un gran conocimiento de la antig\”uedad griega. Lamentablemente, fallecio en 1997.

  • 13. db  |  2 septiembre 2010 en 10:01

    Lo único que faltaba, el antiprogresismo vernáculo no tiene límites. Taparle la boca a un pensador basandose en el repudio a Aníbal Ibarra es más de lo que me imaginaba leer algún día.

  • 14. santiago  |  2 septiembre 2010 en 18:44

    Lo de los ingleses lo dije chabacanamente, como para quitarle solemnidad a “la cosa”. Seguro que algunos ingleses fueron grandes filósofos, era para condimentar un poco el tipo de terminología que use.
    Lo dije chabacanamente, pero no superficialmente, o ligeramente como vos decís. Si queres mándame un mail y te explico el porque.

  • 15. santiago  |  2 septiembre 2010 en 18:48

    Es medio obvio que Platón, con los supuestos ojos “destapados” de hoy, puede ser visto como un moderno conservador. Pero creo que para los ojos de los griegos de aquellos tiempos esto no era tan así. Creo que en gral ni le entendían (hasta a Aristóteles le pasó de malinterpretarlo), como nosotros hoy tampoco. A Castoriadis no le quise tapar la boca ni mucho menos. Nadie soy para hacer eso. Solo exprese porque no le puedo creer a su hipótesis, a mi gusto muy reduccionista.

  • 16. santiago  |  4 septiembre 2010 en 17:58

    Tampoco creo que haya tenido intenciones de chanta, no quise decir eso.
    Por esos años murió también Eggers Lan, alguien que se había dedicado a Platón.
    Lo que hay en ese dialogo creo es una hipótesis propuesta por Platón a raíz del mito –que viene creo de la cultura egipcia y Atlántida- de que el mundo es regido por ciclos de 11000 años o cosa por el estilo -no me acuerdo muy bien- por cronos donde se pliega un orden dictado por los mismos dioses y luego, otro por Zeus donde sucedería lo contrario –que sería en el que nos encontramos. Algo así creo que era el mito, un estilo de big bang y big crunch arcaico. Yo creo que Platón, Marcelo, no era solo una especie de intelectual o aristócrata, ni pretendía esas posturas como hoy las entendemos.
    Según se cree Platón viajo a la corte de un rey en Siracusa (sicilia), Dion creo se llamaba, para aplicar lo que sabía. Le fue mal y lo terminaron vendiendo como esclavo, después de casualidad se lo encontró un amigo y lo compró y liberó. Antes de esto me parece, Platón había viajado a Egipto donde se embebió de todos estos tipos de sabiduría mítica y de la supuesta Atlántida (hace alusión a esto en el timeo y el critias) y todas esas cosas. Yo creo que mas que tratar de imponer cosas Platón intentó transmitir inquietudes “intelectuales” que el tenía, por eso las dejó expresadas en forma de diálogos y no tratados o discursos. Además era muy lógico que pensara de esa manera de la democracia ya que “democráticamente” (aunque no era un régimen del todo democrático lo que regía en aquellos momentos, pero si era consecuencia de aquellos) se había cometido la mayor injusticia para el perpetrada, la muerte de su amigo Sócrates.


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