Dialéctica y economía (Perfil 23/1/10)

23 enero 2010 at 9:59 8 comentarios

 La discusión económica en Argentina está por convertirse en un asunto de interés teórico y práctico. Hay momentos en que las mañas, los artilugios argumentativos, todos los recursos del saber económico descienden a la coyuntura y se enfrentan en la arena pública. En algunos países existen ciertos temas que se discuten poco, reglas que no se cambian, conductas que se mantienen. A este modo de proceder lo llaman política de Estado. En nuestro país el compromiso trans-gubernamental no existe, en lo concerniente a políticas públicas se puede hablar y hacer de todo, imaginar una infinidad de escenarios posibles, y llevar hasta su raíz cada una de las dificultades que se presentan. Por eso tenemos el talento de refundar la república de vez en cuando, de no pagar la deuda externa y luego pagarla por anticipado, mandar a los sabuesos de la AFIP para amedrentar contribuyentes y luego decretar amplias y cómodas moratorias, de ser peronistas aliados con Bush padre y con Chávez después, radicales con los no alineados en los ochenta y con el Consenso de Washington en los noventa.

El abanico de posibilidades es grande, y en ciertos momentos se condensan los problemas  en lo económico que hace girar alrededor de sí lo medular de la discusión política.    

Esto ocurre cuando el país se encuentra en un callejón sin salida que presenta una aporía, o, en otros términos, el apretado corredor de un dilema. Hubo momentos de nuestra historia en que este tipo de situaciones se desarrolló antes de un estallido social y una convulsión política.

Todo comenzó en los momentos previos al Rodrigazo en los años setenta cuando el ministro de economía José B. Gelbard lanzó el plan de inflación cero y de redistribución de la riqueza con el objetivo de llegar a los niveles de veinte años atrás. Fue el último sueño auténticamente peronista que mostró buenos índices de crecimiento en 1974 y un infierno un año después.

Se le agrega el período de la plata dulce dos veces implementada con Martinez de Hoz y Cavallo que dió lugar a continuas discusiones sobre el valor real de la moneda nacional, la posibilidad de anticipar la curva inflacionaria, de llenar de créditos abundantes la plaza comercial, financiar obra pública y gastos corrientes, frenar los aumentos de precios con la apertura de importaciones y modernizar la economía con tecnología a menor costo.

Pero en estos dos casos, Martinez de Hoz del 76 al 80, y Cavallo del 91 al 94, la discusión sobre la estrategia económica no alcanzó relieve ya que la situación que originó los nuevos planes de gobierno fue de un desastre tal que ni los responsables de políticas anteriores ni paradigmas derrotados por la realidad tuvieron legitimidad o autoridad para oponerse.

El Rodrigazo del 75 y la hiperinflación del 89 silenció unos años el debate económico. De aquellas cenizas pocos podían elaborar algún nuevo proyecto. Se reavivó la discusión en los momentos en que las políticas de orden y administración aplicadas luego de una crisis aguda llegaron a un punto límite que ya no podían atravesar y generaban un panorama sombrío.

Desde el año 1995, luego del Tequila, hasta el fin del gobierno de Menem, la dialéctica de la confrontación entre economistas fue de una gran riqueza discursiva. La defensa de la Convertibilidad hallaba todos tipo de protectores,  las explicaciones sobre su necesidad y vigencia tenían un mundo por detrás y un futuro que consideraban incuestionable a pesar de la crisis de los mercados emergentes, de la desocupación masiva y crónica, de la deflación de precios, de una economía deprimida, de un déficit creciente y de una deuda impagable. Pero sus defensores pedían para salir del pozo más convertibilidad, más ajuste y más deuda. Quienes atacaban el sistema no sabían cómo salir de él y finalmente una vez en el gobierno intentaron mejorarlo sin cambiarlo hasta que estalló en el 2001.

Hoy nuevamente las voces económicas se alzan y se cruzan en el ágora nacional. En este caso el modelo de crecimiento con equidad, tal como es bautizado por el oficialismo, tiene fisuras que permiten un debate exhaustivo. Los primeros años de Néstor Kirchner mostraron buenos resultados, y lo sucedido en el 2001 – como antes en el 75 y en el 89 – daban poco lugar para sutilezas y reparos críticos dada la procedencia de la situación que se había heredado.

A partir de esta nueva situación la primera pregunta que formulamos es si estamos ante una próxima crisis. La segunda pregunta es si hay algún sector político de la oposición que de verificarse este diagnóstico tenga las espaldas para soportar el costo que implica salir de la misma. La respuesta es “no” para el segundo interrogante, y “no sabemos” para el primero. Cuando hay incertidumbre y temor por la situación en la que se vive, y no se ve en el horizonte la posibilidad de una mejoría concreta ni a quienes pueden conducir la nave en la tormenta, la agitación es grande y los números de los economistas se multiplican a favor del temor o de la esperanza.

No hay como la inseguridad para aguijonear al pensamiento. Fue la virtud socrática, la del Tábano de Atenas, el uso sabio de la incertidumbre para que sus conciudadanos tomaran consciencia de la crisis en la que vivían.

Podemos enunciar varios enigmas. Si el gasto social aumenta un treinta por ciento y la recaudación doce, ¿el modelo es sustentable? ¿El uso de los recursos fiscales del Ansés alcanzan para respaldar los planes sociales sin poner en peligro los pagos a los futuros jubilados? Los subsidios al transporte, a los combustibles, el control de precios de productos básicos, ¿no tienen un límite tanto en lo que concierne a la falta de inversión y al funcionamiento de la infraestructura como a los recursos crecientes que se necesitan? ¿El estímulo a la demanda por aumentos salariales, créditos blandos y asistencia social no producirá una inflación de tal magnitud que evaporará el alivio transitorio de la población y requerirá nuevos y mayores estímulos para solventarlo hasta que la situación se torne inviable? ¿Serán suficientes el crecimiento de Brasil y China para mantener o aumentar las exportaciones argentinas y mediante el superávit comercial sostener los alicientes a la demanda interna? ¿Se necesitará financiamiento externo o alcanzan las reservas para cumplir compromisos con acreedores y proteger al país de las presiones contra la moneda?

No hay que sorprenderse que no se vivan tiempos de tranquilidad cuando oficialismo y oposición están alarmados. El primero porque se siente apretado en dinero para satisfacer las demandas populares y la de los mandatarios provinciales. El segundo porque no quiere recibir una bomba de tiempo en dos años. Ante las urgencias y conveniencias de unos y otros se agitan los espíritus. Los políticos gritarán “traición a la patria”, “conspiración”, “restauración conservadora”, “corrupción”, “dictadura de caja”, pero es en lo económico en donde se juegan las cartas. Lo que no hay perder de vista es que a pesar de este determinismo, es la situación política la que condicionará el resultado de las opciones que se tomen.

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Entrevista de Newsweek con comentarios de bloggers El tercer triunvirato ( Revista Noticias 23/1/10)

8 comentarios

  • 1. corredor  |  23 enero 2010 de 13:27

    De lo dicho: desacuerdo con pensar que ninguna oposición tiene espaldas para cargar con la crisis que estamos sufriendo incipientemente (`por lo menos en lo “institucional”). Creo que si se le entregara el mando a la Coalición o si ud prefiere, a los socialistas santafesinos, o algún partido socialista moderado del interior, encontrarían una rápida salida. Hay que cortar con pactos mafiosos. Y con la deuda. pagar, pero no a costa de las reservas. Redistribución de la recaudación y RECURSOS PÚBLICOS se ha convertido en RECURROS PÚBLICOS

  • 2. corredor  |  23 enero 2010 de 13:42

    Ud critica a Lavagna, no queda claro eso.

  • 3. ernesto  |  23 enero 2010 de 16:53

    Abraham sigue enfocando mal: no es cierto que los primeros años de Kirchner dieron buenos resultados, lo que dió buenos resultados fue la súbita onda expansiva del valor internacional de las commodities, situación que se dio a partir de 2003, justo cuando asumió Kirchner.
    La verdad histórica es que Kirchner con su demagogia populista-electoral malversó en lo que pudo la buenaventura de la nueva situación internacional, la pobreza y la distancia entre los que mas y que menos tienen no dejó de crecer desde 2003 a la fecha. Finalmente Kirchner despilfarró el impuesto restrictivo al agro y hundió la productividad. Parece planeado y puede que lo sea, hay serias dudas sobre el equilibrio mental de Kirchner.
    También se equivoca Abraham sobre la convertibilidad o, mejor, lo analiza muy elementalmente y desde una óptica de oposición: es que tanto la convertibilidad como la devaluación del peso tienen ventajas y desventajas; no voy a analizar esto, los resultados están a la vista, son realidades históricas (se quieran ver o no) pero la caída de la convertibilidad no fue porque “debía estallar” como tampoco estalla la devaluación, la convertibilidad estalló porque Machinea y Cavallo vaciaron el Banco Central (ilegalmente) y dejaron el peso sin resguardo.

  • 4. Mar  |  23 enero 2010 de 17:31

    Es muy buena la nota Abraham. Es verdad que no tenemos políticas de estado y que cualquier intento de compromiso transgubernamental es fácticamente imposible, si lo que ha pasado sistemáticamente es que las sucesivas asunciones de los gobiernos enfrentan siempre la nebulosa y complicada salida de una crisis. Qué podrían mantener?
    Alfonsin entregó el gobierno a Menem antes porque el país estaba en llamas. De la Rúa se vió encajonado entre sostener la convertibilidad – con la economía que venía desinflándose- y las presiones para devaluar. Duhalde no pudo defender una devaluación progresiva, y es cierto que Kirchner en esos primeros años logró estabilizar la economía y empezar a crecer, dado el contexto económico internacional que había.
    Pero no iba a ser por mucho tiempo sustentable una economía que no se apoyara sobre la producción, que aumentara tanto el gasto público sin entradas. El impuesto al cheque no favorece la circulación, y las restricción a las exportaciones no es comprensible en ningún país que se proponga crecer, pero resulta que era uno de los pilares de entrada que se necesitaba para sostener al gobierno. Fue y es insuficiente.
    Manotazo al ANSES… también fue insuficiente y como dice, una medida de ominoso desenlace para el pago de las jubilaciones.

    Acuerdo con que es difícil afirmar si estamos nuevamente ante otra de las cíclicas crisis en las cuales estamos entrampados como en una extensa montaña rusa. Ahora se siente el vértigo al menos.
    También estoy de acuerdo con que no se consolida una oposición de espaldas fuertes para soportarla si la hubiera, como tampoco está sólido este gobierno para hacerlo.
    Perón decía “el que no tiene cabeza para pensar, tiene que tener espalda para soportar”.

    La incertidumbre “aguijonea el pensamiento”, pero también es disparadora de conductas de mucha ansiedad. Leí que en el último mes (o 2 meses, no recuerdo bien), aumentó el 20 y pico % el traslado de dinero hacia Uruguay. Me trajo malos recuerdos.

    No sé si Ud. acostumbra a agregar, o comentar luego de la nota que publica, porque es la primera vez que participo.

    A mí me hubiera servido, que en la última parte de la nota hubiera información sobre otras visiones económicas serias, para enfrentar el nudo actual. Yo no las tengo en claro.

    Sin embargo entiendo, y me parece lógico, que de todas formas es la situación política la que va a delinear la o las opciones posibles.

  • 5. Herb  |  23 enero 2010 de 21:49

    Ernesto
    lo que dijiste
    Parece planeado y puede que lo sea, hay serias dudas sobre el equilibrio mental de Kirchner.

    planeado para terminar siendo como una república Chavista pareciera, que lo niegue el Dr Anibal Fernandez y la Senadora Diana Conti y otros tantos oficialistas.

  • 6. Herb  |  23 enero 2010 de 21:54

    Mar
    ¿De aquella época viene entonces lo de la espalda?, no la recordaba. El impuesto al cheque también es caro, pero uno lo puede soportar. El tema de las exporataciones no lo manejo.
    Saludos.

  • 7. Mar  |  24 enero 2010 de 0:05

    Herb,

    Yo tampoco manejo los temas económicos en profundidad con respecto a cuestiones técnicas.
    Es más, algunas cuestiones me cuesta entenderlas.
    [ Como ejemplo, te pongo la crisis internacional. Es difícil para mí hacerme una representación de cómo puede ser que había todo ese dinero en juego, pero en realidad no estaba! ]

    Lo que entiendo sobre las exportaciones es una cuestión de lógica simple. Muy elemental lo mío. Si vos ponés restricciones a los que exportan (es lo que se produce en el país), desalentás la producción, en vez de estimularla. No hay mayor solidez económica para un país que la generada por la producción.

    El tema del cheque lo puse como un ejemplo entre otros, de apelar a una forma de generar ingreso (es un impuesto más) a través de maniobras financieras (ingresa para sostén del gobierno). Sostenemos el gobierno a través de los impuestos, pero si aumenta (como pasó) tanto el gasto público, no alcanza (contabilizando que hay evasión también). Te quedás “sin caja”.

    Si en tu casa gastás más de lo que te ingresa, vas a tener problemas FINANCIEROS, no? Podrías apelar a un préstamo para intentar solucionarlo. Te endeudás. Pero si además no produjiste nada o muy poco, vas a tener un problema ECONÓMICO grave. No tenés patrimonio para responder.
    Pasemos al país. Un país puede tener alguna dificultad financiera, y maniobrar. Pero si no tiene patrimonio, si no produce, quiebra.

    Bueno, siento algo de vergüenza por una explicación demasiado elemental, pero espero que te sirva.
    Saludos
    PD: sí, esa fue una frase de Perón, y por cierto bastante acertada.

  • 8. LAURA  |  3 febrero 2010 de 23:04

    Primero: el tipo de cambio subvaluado del dolar es el que favorecía las importaciones y desalentaba las exportaciones (que en el caso del sector agropuecuario con un contexto de precios internacionales tb favorable, no se lo oyó quejarse), por lo tanto mantener esa convertibilidad nos provocaba salida de dólares por la importaciones, déficit fiscal por la caída de la industria (que sumaba desocupación), y los dólares que necesitabamos para mantener esa convertibilidad se obtenían entonces con ENDEUDAMIENTO por supuesto cada vez más caro por el incremento en el riesgo por nuestra cada vez mayor insolvencia. Las AFJP tengo entendido mal o tomaban los aportes de los trabajadores (de los que se cobraban su comisión claro) y los invertían en gran medida en títulos públicos? Es decir, el dinero terminaba exactamente donde ahora (EL estado), con la diferencia que ahora sin el “intermediario”. Además si este sistema quebraba (cosa no tan “rara” si miramos hoy EEUU..), quién era el garante en última instancia? Además de que ya se hacía cargo de una parte de las jubilaciones. Por otro lado, no estuvo anunciando recientemente CFK el tema del superavit que no escuché que el medio desmintiera? O sea que todavía cubrimos el gasto y nos sobra? La acumulación de reservas puede provenir de superavits de balanzas fiscal y comercial? El tema del gasto que le preocupa a la derecha, no es porque se torne impagable (para el caso, nunca le preocupó demasiado el ENDEUDAMIENTO IMPAGABLE que logró en las dictaduras y durante los 90). Es un problema de base, en el sentido de que más gasto implica más recaudación que en un país serio (para lo que deberíamos revisar nuestro sistema impositivo), el que más gana es el que más paga. Y el gasto social a quién beneficia? al que menos tiene. Entonces el problema no sería si es mucho, sino cómo se recauda y en qué se gasta. (porque obvio que no es lo mismo gastar en un plan o en un proyecto educativo y de inclusión a largo plazo, ni recaudar a través del consumo o de la renta financiera, por ej.). Apoyo muchas medidas de CFK ( a quien no voté), con mis fundamentos, y cuando veo en el noticiero al dr. en economía Redrado diciendo que “defenderá las reservas de los argentinos” y no es capaz de dar el más minimo argumento serio, siento que se nos están burlando en nuestras caras. Con la complicidad de los medios, que por supuesto y es entendible defienden sus intereses económicos, intereses que no siempre se condicen con el interés general de una información lo más plural, objetiva y veraz posible.


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