Tulio Halperín Donghi

15 diciembre 2008 at 20:43 5 comentarios

Los dilemas exigen una decisión, los problemas una solución. Halperín hace una historia política de la Argentina entendida como una serie de acontecimientos en los que las decisiones tienen un costo. Es una historia de pérdidas. Se podrá decir que también de beneficios, pero para eso habría que hacer un balance, y el historiador lo hará, en especial en los últimos libros y en reportajes recientes….

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La tradición socrático-platónica y la web Más halperín

5 comentarios

  • 1. Ariel Yablon  |  16 diciembre 2008 en 12:58

    Muy buen texto, Tomás. Halperín cita a Paul Veyne por allí cuando éste predica que el filósofo de la historia busca la continuidad y similitud con el presente mientras que el historiador verdadero busca la diferencia,

    Dice algo parecido también en el último reportaje que le hiciera Carlos Pagni en La Nación a propósito de sus memorias.

    “–En su obra el juego de un presente que ilumina el pasado es permanente. ¿Cómo lo definiría?”

    “-Lo que lo vuelve a uno hacia el pasado es un interés que surge del presente. Pero al mismo tiempo, una de las cosas que caracteriza el estudio del pasado es que lo que uno tiene que descubrir del pasado es que no es el presente. De tal manera que uno se pregunta a partir del presente pero va a recibir respuestas que ya no aluden al presente sino que aluden al pasado. Cuando uno tiene una filosofía de la historia (es decir, si usted cree, por ejemplo, que las relaciones de propiedad de la tierra en la época de Rosas forman parte de un proceso que se continúa hasta el presente), sí. Pero si no cree en eso sino que hay, diríamos, una serie de procesos mucho más complicados y con interposiciones de otros factores, ya no. “

  • 2. ernesto  |  16 diciembre 2008 en 18:54

    Me quiero referir a una frase de Halperin que cita Abraham en su interesante nota:
    “La respetabilidad y la miseria se imponen desde arriba”.
    Es claro que la frasecita es rigurosamente puntual, políticamente correctísima y, á la mode. Puedo traducir también, si se me da la gana, a la sudodicha frase como demagoga, populista y ¿porque no? populachera.
    ¿Hasta que punto la respetabilidad y la miseria se imponen desde arriba en nuestro país? ¿Hay algo que iguale o se aproxime, en cualquier gobierno democrático, a la barbarie de la gente común en las canchas de fútbol; en el tránsito de las ciudades; en las rutas, en el alumnado y sus padres en los colegios, en los universitarios que convirtieron los claustros en circos de cartón pintado y decorados con la cara del Che, en los gremios o grupos que sitian las ciudades; en el periodismo que exacerba a la gente con toda clase de llamados a la violencia y la rebelión del tipo de “la ambulancia tardó cincuenta minutos, los bomberos llegaron mucho después, la policía había liberado la zona, el Diputado tal hablaba por su celular, la chica fue violada y la policía no hizo nada… etc.etc”;
    Por otro lado ¿quienes son los responsables de la crisis educativa? Colegios hay en todos lados, maestros también, los maestros tienen excelente preparación, los programas son de “última generación” ¿Quienes son los culpables entonces, sino el alumnado y sus familias?
    Y en cuanto a la miseria, también hay parámetros, preguntas y puntos de vista, pero esto ya es muy largo y aparte a los motivados, “modernos” y polìticamente correctos lectores de este blog no les interesará leerlo. Ellos como buenos argentinos tienen incorporados en sus genes el famoso “la culpa la tiene el otro”.

  • 3. Ruben  |  17 diciembre 2008 en 19:04

    Lo que no me quedo claro es si para Abraham la historia tiene o no sentido. Probablemente la respuesta no es exigible en el contexto de este comentario sobre Alperin, pero bien valdría la pena. Por lo demas esta lectura es muy rica en contenido y para una persona como yo, -que esta lejos de ser un intelectual- indica varias pistas novedosas a partir del contraste entre agudas observaciones. Toda una lecciòn para enseñar a ver y pensar.

  • 4. Mishíguene kop  |  26 diciembre 2008 en 2:13

    El encanto de la historia reside en que nada se repite salvo las pasiones.

    Es muy cierto, Tomás. Y en los análisis muchas veces también priman las pasiones. Sin ir muy lejos, Ernesto, que la va de racional, está cargado (como yo y como todos) de pasiones más que evidentes. Como bien decís, Tomás, “la racionalidad es histórica, frase que traduzco como: los usos que se hacen de la racionalidad siempre son históricos, en función de objetivos coyunturales a los que la razón trata de enmarcar intentando aproximar una suerte de coherencia que la historia, como sucesión de hechos fortuitos, no tiene por qué tener. No le quito méritos a Ernesto, ni a él ni a sus pasiones, pero son sus pasiones las que le impiden ver que él mismo es parte de lo que critica. Es verdad que el origen de la miseria no puede ser endilgado a la dirigencia, que el comportamiento anárquico de la sociedad argentina nos viene de arrastra tal vez desde el siglo XIX (por no tirar la pelota muy atrás en el tiempo) y que el proyecto de la generación del ´80, un proyecto que se acreditaba como racional y progresista, se mostró como una pantomima, una actuación con su cartón pintado correspondiente y el teatro resulto una carpa en el desierto, en el que el destino resultó dar vueltas en círculos como los judíos a los que guiaba Moisés. El gran dilema de nuestra sociedad es que para dar un paso hacia adelante deberíamos abdicar de ciertas pasiones y dejaríamos de ser nosotros. Entonces sí podríamos aspirar a que el alumnado y las familias respeten a sus superiores, no porque los superiores sean superiores en tanto seres humanos sino por ser superiores en la apropiación de ciertos conocimientos. Así también la sociedad se iría ordenando de a poco, asimilando la distancia existente entre quienes más merecen y quienes no merecen tanto porque no se lo han ganado. Pero para que eso ocurra quienes se muestan como superiores no tienen que lucir como usurpadores de lugares que no les corresponden ni por conocimiento ni por capacidad. Esa es la única manera que yo encuentro para dejar de dar vueltas 40 años más en el desierto.

  • 5. Ezequiel  |  27 diciembre 2008 en 21:31

    En buena hora el despertar de Tulio y Martinez Estrada, muy citado y poco leído. En hora buena, Tomás


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