La filosofía y las ciencias sociales

25 septiembre 2008 at 15:46 25 comentarios

 

 

 

Exposición  pública en el marco del Concurso para profesor Titular ( Renovación del cargo ) de la materia Filosofía CBC-UBA.

Tema propuesto por el Jurado.

 

Para reflexionar sobre esta articulación entre filosofía y ciencias sociales, prefiero la palabra Humanidades a la autorizada etiqueta de cientificidad del otro par de este binomio. Es un resabio Renacentista. A pesar de tener una adherencia ética, la resonancia de la noción de humanidades es estética. Implica un cuidado de la forma.

La palabra “ciencia” está asociada a una pretensión de seguridad, a una voluntad de verdad garantizada por una exactitud comprobable, o por un soporte referencial, expresa un rigorismo insatisfecho y una supuesta seriedad puritana.

El pensamiento filosófico es una construcción abierta. Es parte de un rizoma ideativo. A pesar de esto, las mayúsculas segregadas por el orden burocrático de la institución universitaria se esfuerzan por mantener  las disciplinas en su aislamiento y protegida pureza. La sociología, la ciencia política, la antropología, la psicología, la semiología, etc, se levantan  como totems para intercambiar fetiches con la señora filosofía.

No es la teoría sociológica o cualquiera de las teorias con pretensión científica la que colabora con el pensamiento filosófico. No se trata ni de un intercambio ni de un auxilio ni siquiera de una ayuda mutua entre saberes autorreferentes. Cada uno de estos ya inútiles sistemas de clausura ha padecido con o sin placer un proceso de mestizaje largo y profuso.

La filosofía, que no es una disciplina identificada a un método, ni siquiera a temas y problemas propios con sus respectivos objetos teóricos a la manera de un sistema de conocimiento, es la construcción de una forma-pensamiento.

A pesar de su utilidad en ocasiones, no concibo a la relación entre la filosofía y las ciencias sociales como un pasaje ida y vuelta entre puentes epistemológicos, con peajes metodológicos. Sin la materia de la historia y de trabajos concretos sobre situaciones concretas es un camino a la esterilidad y a una mala comida, mucha salsa, nada de carne.

La filosofía no es un saber o un sistema informativo que funciona de modo análogo a los confeccionados según protocolos disciplinarios. La actividad del pensamiento se yergue contra lo sabido para abrir espacios ocupados por verdades dichas y asumidas.

La filosofía es una máquina de soplos pensantes, su aspecto disolvente y sísmico es tan importante como su labor edificante.

Desde un punto de vista nominalista, al que adscribo, de acuerdo a las enseñanzas del maestro Michel Foucault, la filosofía es  el despliegue histórico de las veridicciones, de las formas de decir la verdad, así como de las juridicciones, o formas de pensar y practicar la justicia, entre otras tareas, que incluyen, a pesar de su aparente distancia teórica, a la metafísica.

De todos modos apropiarse de la filosofía y ponerle patente de exclusividad, es una tarea vana, tal es la diversidad de estilos y de propuestas que presenta  la historia de la filosofía. Desde el diálogo, al tratado, la suma, el aforismo, las máximas, sentencias, poemas, los sistemas, la crítica, las meditaciones, las confesiones, la fábula, todos los modos inacabados de la expresión filosófica y la singularidad de sus intervenciones en campos afines y lejanos, nos hablan de la imposibilidad de capturarla en un aparato de legitimidad.

La filosofía tiene un título de nobleza: la bastardía.

La alétheia griega, el silogismo, la parrhesía cínica, la confesión cristiana, el juramento ordálico medieval, la semejanza renacentista, la mathesis cartesiana,  la sinceridad romántica, el salto existencial, etc, son formas de decir la verdad. Pertenecen a un orden del discurso que está configurado por sus propias reglas de validación y de exclusión, sus modos de autorización, sus instituciones de control, su normas de sentido, lo que Michel Foucault designa como régimen de verdad. No hay verdad sin autoridad.

La filosofía no es una ciencia, ni los saberes que se refieren al mundo de las organizaciones humanas, lo son. Pueden incluir elementos científicos junto a otros procedimientos epistemológicos heterogéneos en un saber de tipo conjetural.

Con la palabra “humanidades” se abre una perspectiva de estudio diverso y plural de los sistemas de pensamiento. En la misma intervienen varias disciplinas. Un sistema de pensamiento no se basa sólo en un léxico, una semántica y un entramado lógico, lo que Nietzsche designaba como “gramática” o Wittgenstein “juegos de lenguaje, sino en un orden enunciativo en donde importa el “quien ” habla, contra quien se habla, para quien se habla. Es decir un diagrama estratégico, en el sentido de un campo en el que intervienen los efectos producidos por los modos de acción y reacción entre los agentes de una práctica discursiva en un campo social.

Hay, por lo tanto, un sujeto de la enunciación, y una estética de la recepción como lo señala en la historia de la literatura, Hans Robert Jauss.

La filosofía se desarrolla en la tierra, es decir en la historia. La historia es una disciplina que ha tenido profundos cambios hace ya décadas. La Escuela de los Anales, las nuevas corrientes historiográficas conocidas como Nuevo Historicismo a la manera de Stephen Greenblatt, entre otros, la historia serial de Fernand Braudel, los modos de narración histórica de Paul Veyne, han reconfigurado el campo de la historia.

El conocimiento de la historia en combinación epistémica con otras disciplinas históricas como la economía política, la sociología, la arqueología, que no son auxiliares sino constitutivas de su campo teórico, permiten pensar a los sistemas discursivos en un espacio de interlocución plural, en el juego de tensiones de los poderes, en las diversas formas que adquieren las mutaciones culturales, y en esa multiplicidad agónica y cambiante que constituye el acontecimiento histórico.

La historia es importante para entender el presente, pero no hablo del nuestro, sino del presente de los filósofos, su presente absoluto. Hay quienes no alcanzan a comprender que los filósofos piensan inevitablemente su tiempo. Y por más que algunos quieran adjudicarles miradas de lince, o de águila, los filósofos están presos en los límites de su lenguaje y de su mundo.

Sin embargo, en este aparente cautiverio, es en donde vuelan más alto y con mayor libertad. Es por la agudeza de su mirada, por la innovación que aportaron en el pensamiento de su tiempo, por el modo en que trazaron líneas de demarcación y provocaron rupturas epistémicas o señalaron mutaciones culturales, que un filósofo nos instruye. Es por su presente absoluto y el modo en que pertenece a él, que nos permite a nosotros pensar el nuestro.

No hay  progreso en la filosofía. Superar el discurso del amor de Platón, la mirada hacia la política de Maquiavelo, el sistema de transformaciones de los modos de Spinoza, no tiene sentido. Pero la filosofía sí lo tiene, el arcón de objetos inservibles a los que la querían destinar los positivistas lógicos, se ha llenado sólo con su propia soberbia.

La historia de la filosofía es una geografía de problemas, un espacio problemático, en el que tradiciones divergentes suelen encontrarse.

Ése es el modo en que dos filósofos preclaros de nuestra contemporaneidad, Foucault y Deleuze, mostraron en sendos libros como Las palabras y las cosas y Diferencia y repetición , que la historia de la filosofía no es la de autores, escuelas, teorías, doctrinas,  que se exponen en orden sucesivo, sino una simultaneidad de campos conceptuales con su desplazamiento de objetos teóricos, filigranas sintácticas transdiciplinarias, una arqueología y una historia serial que recorre el orden temporal de un modo facetado y entrelazado.

Es decir una red. Por supuesto que el conjunto que obtenemos por un acercamiento de este tipo no nos da una totalidad sino un conjunto inacabado. En una narración existe un componente de intriga, es decir de suspenso y suspensión, tensiones y puntos de alta intensidad. El aspecto intrigante es  una característica de los relatos.

El sentido de este dibujo rapsódico no es integrador, no todo es explicado ni cada uno de los efectos y las determinaciones están saturadas y ordenadas. Pero esta no es una carencia sino el resultado de la abundancia que caracteriza al pensamiento, a su trayecto rizomático, a su exceso.

La inteligibilidad de un orden expositivo no excluye las tensiones, los caminos truncados y los encuentros inesperados.

¿Cómo diagramar una forma de vida – para emplear otra intuición ideativa de Wittgenstein – si no es usando lenguajes diferenciados y aproximaciones móviles, que nos proporcionan la sociología, la antropología, la economía, el psicoanálisis, la literatura y, no olvidemos, el periodismo en sus diferentes maniestaciones y la producción cultural de los medios masivos de comunicación .

Para el Nacimiento de la filosofía han sido de un valor inconmensurable los aportes de la Escuela de Antropología Política francesa liderada por J. P. Vernant, junto a Marcel Detiènne. Han situado históricamente el tradicionalmente llamado “milagro griego” en la   experiencia cultural helénica que fue la Polis. Es la Polis lo que distingue aquellos comienzos respecto de otras civilizaciones contemporáneas. La geometría política es una configuración ordenadora para el funcionamiento de una comunidad que debe gobernarse entre pares. Es ella el sitio en donde se elaboran las artes de la palabra, la techné oratoria y la sofística.

Alfabeto fenicio, moneda, matemática, nuevas tecnologías en la navegación, reformas demográficas, configuran el campo político-simbólico que dará lugar a la estructuración y la función de aquella singularidad llamada filosofía.

Para el Imperio Romano y los primeros tiempos del cristianismo, el abordaje del historiador escocés Peter Brown y los trabajos infinitos de Paul Veyne, que nos trazan un paisaje entre Siria y Roma, permiten comprender los movimientos de grupos y sectas que darán lugar a ese otro supuesto milagro que fue la venida del Verbo con Jesús de Nazareth.

Los descubrimientos de los rollos del Mar Muerto, la asunción de su importancia por eruditos de la teología como el cardenal Danielou, hasta los trabajos del crítico literario Edmund Wilson, le da una nueva densidad a las palabras de Pablo de Tarso.

Las nuevas escuelas históricas han incursionado en objetos no históricos, los mal llamados objetos de la vida cotodiana o de la vida privada. Hay muchos que creen que es éste un camino rendidor, y se quedan en el inocuo pintoresquismo. No es lo que hacen quienes saben articular las formas de vestir, comer, los lazos familiares, con los sistemas jerárquicos de una sociedad y con los discursos de autoridad.

Cuando Foucault estudia el cuidado de sí en la antigüedad, inserto en el conjunto de las técnicas éticas, lo inscribe en el pasaje de la polis a la metrópolis, que implica un cambio radical en los modos de participación política de los ciudadanos y un nuevo horizonte de acción social y expectativas para los miembros de la sociedad. En este mundo hay vida privada, hay arquitectura diferenciada de casas romanas, esposas a cargo del patrimonio, hay un anárquico sistema de herencias, algo impensable en la sociedad griega diseñada en forma excluyente hacia lo público.

En una de mis investigaciones histórico-filosóficas que culminó en el libro La guerra del amor, partí de una estructura teórica de Foucault sobre el uso estrátégico de los discursos – que anulaba la mal planteada, indecidida e insoluble bipartición prácticas discursivas / prácticas no discursivas – y de una serie de reflexiones de Jacques Lacan en su seminario sobre la ética, acerca del nacimiento de la dama en el área cultural occidental.

Quise comprender el modo en que se construye un tipo de literatura como parte de un circuito de prácticas sociales, sin apelar a contextos, tabiques diferenciados entre un exterior y un interior imposibles de combinar luego, sino forzadamente, en causalidades artificiosas.

Los aportes de la linguística para hacer inteligible el status teórico de una lengua escrita en función oral y musical, de la crítica literaria aplicada a los poemas trovadorescos, la historia medieval de George Duby, Jacques Le Goff,  y sus discípulos, que sitúan el momento en que los segundogénitos quedan libres y desheredados a disposición de la cortesía, la antropología que habla de usos y costumbres palatinos, los efectos sociales de la invención de la chimenea y el estribo, la historia teológica que da cuenta de la masacre de los cátaros, la literatura del al andalús, que reubica el nacimiento del género romance en su recorrido geográfico-cultural desde el Yemen hasta las canciones de Guillermo de Aquitania, y la filosofía de los tiempos de Abelardo, un primer “ intelectual” en la naciente Universidad de París, de Bernardo de Clairvaux, y de las beguinas y goliardos, que siguen las enseñanzas de Meister Eckhardt, todos ellos participan de la apertura del campo del amor cortés, primer amor legitimado simbólicamente en occidente en el que la dama es superior al caballero. Se construye así, lo que llama Deleuze una síntesis conectiva.

En mi libro La empresa de vivir, reflexioné sobre la posición teórica de la filosofía respecto de la literatura empresarial. Desde la ética se producía una intervención en la cultura del managment, cruzando elementos de la tradición filosófica, de Aristóteles a Kant, con la teoría de las organizaciones. Hube de recorrer los cambios de perspectivas en la teoría de la economía, los intentos de hacer de esta disciplina una matriz del saber, a la manera de von Mises para quien la economía es la teoría de acción humana.

Las innovaciones técnicas de Taichi Ohno en la producción de automotores en los años cincuenta, cambian la visión de las relaciones humanas dentro de la empresa, dando lugar a los círculos de calidad y a los grupos de creatividad.

La investigación me permitó apreciar el modo en que dos tradiciones diferentes como la psicoterapia de grupo desde hace décadas con fuerte tradición en los EE.UU con, entre otros, Elton Mayo y Karl Rogers, este acerbo conductista, produce un nuevo acontecimiento discursivo y administrativo al converger con las innovaciones japonesas al interior de la empresa, dando lugar a toda la propuesta teórico-práctica de la excelencia.

A partir de los textos de Robert Reich, secretario de trabajo durante la administración Clinton, se da inicio aun debate sobre las mutaciones en los sistemas de trabajo y su apreciación social. Las mutaciones tecnológicas abren, según su visión, un nuevo espectro de evaluación de las labores humanas por el que los llamados analistas-simbólicos, especialistas en ciencias de la comunicación e informática, ocuparán los puestos mas jerarquizados de la sociedad, en relación a la gradual e ineludible decadencia de los que designa como servicios rutinarios de producción, aquellos que ocupan un abanico que va desde la producción industrial mecanizada al trabajo educacional.

El llamado servicio a las personas, desde turismo al catering gastronómico y los personals trainers, serán el complemento de las nuevas formas de la organización social en el mundo globalizado.

En la nueva empresa de vivir no se puede dejar de lado, la constitución de una sociedad terapéutica, que desde la dietología generalizada a los servicios de ayuda mutua y grupos de autoayuda, incitan a un proceso de hipocondrización de la sociedad.

La noción de “calidad de vida” es un aglutinador de tipo holístico que da cabida a que todas las disciplinas puedan ser convocadas para la constitución de un proceso abierto e infinito que se proponga a la vez mejorar la vida de las personas y señalarles que nunca vivirán bien.

Incluí esta descripción de la sociedad de nuestro tiempo, una categoría clínica, la “depresión”,  como el síntoma más expandido, respecto del cual la farmacología universal produce ingentes productos que pretenden neutralizarlo. Desde los análisis de Richard Sennet hasta las novelas de William Styron, me permitieron interrogarme sobre los modos de acción de este síndrome masivo.

Interrogué entonces el problema del dolor. Tomé dos ejes. La filosofía estoica y el modo en que la concepción trágica de la vida reflexiona sobre la desdicha. Los textos de sobrevivientes del campo de concentración nazi, en especial a Primo Levi, el concepto de “cuidado del otro” de Tzvetan Todorov sobre la base de los mismos testimonios, y los escritos de Pilar Calveiro en lo que respecta a lo sucedido en nuestro país en la época del Proceso. El tercero es la labor testimonial y práctica del grupo de ayuda mutua Renacer, de padres y madres que perdieron a sus hijos.

Me permitió pensar en los límites de las pretensiones científicas de la supresión del dolor a partir del pensamiento farmacológico y de modos alternativos de pensarlo.

En la historia de la filosofía que estoy escribiendo en este momento, me encuentro en el momento de la aparición del acontecimiento filosófico llamado Spinoza. El filósofo holando-portugués, este judío sefaradí expulsado y anatemizado por su comunidad de origen, es alguien que me exige para comprender su importancia, incursionar por el despligue de su pensamiento y su vida en lo que llamo presente absoluto. Fue un cartesiano semiclandestino, un comerciante en apuros, un crítico de extrema ferocidad de la enseñanza y la práctica religiosa de su pueblo, un pensador político seguidor de la república de los hermanos De Witt, un filósofo que diagramó una ética basada en una ontología autosustentable en el que la potencia y los modos se componen de tal modo que producen estados de ánimo llamados pasiones alegres o tristes, conocimientos adecuados o inadecuados, y un estado de beatitud inefable.

Me acerco a Spinoza por medio de un viaje a su mundo. Y este viaje es llevado de la mano por estas “humanidades” de las que hablaba. Es un mundo que nace de una mutación cultural luego de los viajes de Colón, de las denuncias de Lutero y de los descubrimientos de Galileo.

El horizonte hermenéutico de Spinoza debe explorarse con los trabajos de la historia económica de Braudel, Jan de Vries, Ad van der Wonde, Alberto Tenenti, quienes nos dan  una idea de los productos que se intercambian, de los cambios en los hábitos de consumo, de la expansión de los imperios entre Recife y Bathavia, la actual Djakarta, y junto al impresionante desarrollo de las fuerzas productivas, de la violencia y la crueldad organizada en la naciente trata de esclavos.

 Llego a este mundo de la mano del estudioso de la vida de las poblaciones judías en Holanda, Jonathan Israel, con Simon Shama que ha escrito otro de sus voluminosos libros esta vez sobre las ambigüedades del milagro holandés, con la magnífica presentación de Tzvetan Todorov sobre la pintura de género,  en la que ha sobresalido entre otros el genio de Johannes Vermeer, pintura figurativa y narrativa que nos ilustra sobre la vida en los interiores de las casas holandesas, de los biógrafos de la vida de Baruch, es decir,  Benny el espinozo ( remedo de Buggy el aceitoso ) – Spinoza etimológicamente significa aquel que viene del monte de espinos – como Steven Nadler  y Margareth Gullan-Whur, quienes lo siguen en su obra y en su vida, y de tantos otros que me dibujan su tiempo. Hasta llegar a las maravillosas clases de Gilles Deleuze que recorren su obra y enriquecen nuestra lectura de Spinoza.

Es un trabajo disperso a la vez que orientado en el que juegos de lenguaje y formas de vida se entrecruzan para llegar a tener una visión viva de las intensidades y de los desafíos que deben enfrentar los hombres en tiempos convulsionados.

El género biográfico recién mencionado es de una ayuda inestimable para la comprensión de un pensamiento. Entre obra y vida no hay una relación de expresividad, reflejo o causalidad, sino de cruces permanentes y recíprocas incitaciones.

Hoy los mejores biógrafos provienen del trabajo de especialistas académicos, desde el Nietzsche de Werner Ross al San Agustín de Peter Brown. Conocen la obra, y tienen el talento literario para narrar los sucesos de la vida y contarnos con maestría las principales líneas de fuerza del pensamiento del filósofo en cuestión. Relatar ideas es un arte casi escultórico, le da volumen y amplitud intensa al pensamiento.

Desde mi punto de vista el maestro en este arte de la biografía es Ray Monk, quien escribió sendas biografías sobre Wittgenstein y Bertrand Russell.  

Los ejemplos para mostrar la imbrincación de los estudios filosóficos con otras disciplinas llamadas de las ciencias sociales son inúmerables.

Al comienzo de mi exposición nombré a la metafísica, que lejos de ser un sin sentido es lo que le da su dirección a la filosofía. Es el lugar de la pregunta por el Ser, que no la considero olvidada como dice Heidegger, sino presente en el acompañamiento del trayecto filosófico aún en los sistemas en que aparentemente responden a la pregunta adjuntándole un nombre. Aún en lo que responden con el nombre del Ente persiste la pregunta por el Ser. Estimo que la renovación de la metafísica es iniciativa de la obra de Kierkegaard que abre el campo de la filosofía existencial.

A partir de ella se refuerza la idea de que no hay filosofía sin un vacío activo, una ignorancia asumida, un misterio presente, y una persistencia irrefrenable en la  búsqueda de sentido.

Para terminar, reconozco en mi trabajo la presencia de tres tradiciones.

Una proviene de la teología negativa que me ha enseñado que no se puede decir todo. Otra deriva del romanticismo que me dice que no somos nada. Finalmente, la del escepticismo, que me enseña que sin poder decirlo todo ni ser nada, puedo afirmar lo que quiero.

Ecce homo.

El pensamiento filosófico no tiene definición disciplinaria. Como toda identidad, la insistencia por justificar su nombre, es más un problema para los coleccionistas y clasificadores que para los que practican este arte del pensar.

Debutante universitario en París, en un famoso artículo que leí apenas editado en aquel primer número de los Cahiers pour l’ Analyse, Qu’ est ce que la psychologie? de Georges Canguilhem, el célebre epistemólogo e historiador de la ciencia, afirmaba que debía reemplazarse la pregunta sobre la identidad de la psicología por otra que remitía a la voluntad de saber, la pretensión y el móvil de los psicólogos. Con una última y siempre recordada imagen, dice que el psicólogo a la salida de la Sorbonne, podía descender la rue des Écoles, la calle que desembocaba en la Prefectura de Policía, o remontar la dirección y encontrarse unas cuadras más allá, en la rue Soufflot, con el Panteón, en donde están enterrados los grandes hombres del pensamiento.

Suponiendo que un mejor camino para la disciplina y su practicante es inspirarse en la sabiduría ancestral que en los agentes del orden, no se puede evitar para llegar allí, caminar por la calle junto a los pequeños hombres de los que el supuesto científico es parte.

Michel  Foucault. haciéndose eco de su querido tutor de doctorado y protector, dice: “No sé si existe la filosofía , hay filósofos.”

Agrego por mi parte que distingo a los filósofos, de los pensadores, y de los intelectuales. Los pensadores provienen de cualesquiera de los campos de la actividad humana y reflexionan sobre los alcances de su práctica y de su quehacer en el mundo. Fernando Pessoa, Sandor Marai, Thomas Bernhard, Glenn Gould, Fernando Fader, Federico Fellini, Daniel Baremboin,  Jacques Lacan, Ezequiel Martinez Estrada, Tulio Halperín Donghi.

Los intelectuales a partir de su formación humanista intervienen en los problemas de su comunidad e interpelan a los que ocupan lugares de poder y saber. Un filósofo, reune ambas actividades – no deja de pensar en el significado de su actividad, de su lugar en el mundo, además de intervenir en campo social a tgravés del debate de los problemas que inquietan a su comunidad -  con el agregado que el filósofo reconoce su pertenencia a una tradición, que, desde mi punto de vista – desde Simone Weil a Hannah Arendt, Sartre, Foucault, Sloterdijk y otros – se define como socrática.

  

 

 

  

 

 

 

 

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25 comentarios

  • 1. Laura  |  25 septiembre 2008 en 21:24

    Me parece que sucedió lo contrario: las ciencias sociales nacieron mixturadas con (de) la filosofía pero fueron distánciandose por la creciente imposibilidad de abarcar todo lo que incluís en las Humanidades. Esa creciente y necesaria especialización se basa en el reconocimiento de los límites del conocimiento humano e implica una renuncia a la que los desencantados puritanos llamaban la universalidad fáustica de lo humano.

    Muy interesante el post.

  • 2. Tomás Abraham  |  25 septiembre 2008 en 21:33

    está bien laura.
    pero en los cientistas sociales no hay reconocimiento de límite alguno sino una seguridad profesional miope.
    no hay universalidad fáustica de lo humano, es sueño del idealismo humanista.
    de lo que hablo es de pensamiento y no de conocimiento, marco la diferencia. la filosofía no pertenece al rubro información, demostración, comprobación.
    bienvenido sea el fin del rumiar humanista que todo lo abarca.
    he dado un amplio listado de las humanidades de la que hablo, y no son fáústicas, desde la antropología politica a la economía.

  • 3. ricardo carrizo  |  25 septiembre 2008 en 22:35

    tal vez compartan el “rigorismo insatisfecho”, hay rigor en tus enunciados y en tus búsquedas. gracias por tu post amigo!!!

  • 4. Camila  |  26 septiembre 2008 en 3:45

    Que casualidad! el otro dia relei el texto de Canguilhem. Muy interesante…como decia Freud “hay saberes y saberes” y luego Lacan “hay saberes y conocimiento”.

    Besos y abrazos

  • 5. Ariel Y  |  26 septiembre 2008 en 10:56

    Tomás,

    Hace poco escuché un reportaje a Ray Monk sobre sus biografías en el excelente “Philosophy Bites”, un programa de podcasts que es muy popular en Inglaterra y que introduce temas filosóficos a través de entrevistas a filosofos ingleses.

    El link:http://philosophybites.libsyn.com/index.php?post_category=Ray%20Monk

    Saludos!

  • 6. franco  |  26 septiembre 2008 en 11:45

    Puesto que ciertas cosas se dan por comprendidas y luego se explica quiénes fueron ciertos señores de gran popularidad… Quién habrá será ese jurado?
    Si es algún tipo de entrevista de laburo debe ser realmente desgastante.

  • 7. Ricardo Gomez  |  26 septiembre 2008 en 15:59

    el enredo que tenés en la cabeza me parece interesante. Claro que no creo que sea “eso” la filosofía, pero…. en esta época, se podría hasta decir que con un artículo como éste podes “jugar” de pensador. Claro, que todos, todos sabemos que “ellos” son los que han querido tener un vínculo más íntimo con la verdad. Un vínculo que se buscó a través de métodos y recursos filológicos y aún genealógicos que hicieran de eso llamado “pensamiento” un movimiento singular pero disciplinado, no una disipación atractiva, mas propia de otros géneros, claro.

  • 8. La Herida de paris  |  26 septiembre 2008 en 17:02

    El puesto es suyo.
    Saludos.

  • 9. Laura  |  26 septiembre 2008 en 23:29

    Pero Tomás, la de los cientificos sociales es una seguridad inevitablemente acotada a ciertas areas, los limites los impone la necesidad de especialización.
    La idea de que las ciencias sociales venian a “superar” a la filosofía tradicional sólo la sostuvieron en el pasado los primeros cientificos sociales positivistas en su lucha por el reconomiento contra el establishment cultural al que pertenecia la Filosofía. Hay mucho escrito sobre esa historia de rechazos mutuos.

    Fáustico es el anhelo de abarcarlo todo: sólo los filósofos en sus rumiaciones humanistas pueden intentar esas síntesis conectivas de las que hablaba Deleuze. A los científicos sociales solo les corresponde el trabajo de producción de conocimientos, no el arte del pensamiento. Eso es claro para cualquier científico social por más miope o creido que sea.

  • 10. Televidente  |  27 septiembre 2008 en 0:28

    Y pensar que hace un par de meses estabas haciendo el cursito en el automovil club.
    Despues dicen que en este pais no se puede progresar.

  • 11. Tomás Abraham  |  27 septiembre 2008 en 0:43

    pero pero
    laura, vos leíste la conferencia? de qué hablás? en donde está el rumiar humanista? en qué lugar de los treinta libros de deleuze hay algo de eso?
    desde cuando una síntesis conectiva remite al pandemoniun humanista?
    que la sociología trasmite conocimiento? y eso? producción? suena lindo desde althusser, pobre viejo, era mucho más inteligente que eso de “producción”.
    no creo que un sennet, un bourdieu, un passeron, para hablar de algunos buenos, trasmitan eso que llamás conocimiento, y que no hagan síntesis
    conectivas.el libro de sennet sobre carne y piedra abarca dos mil quinientos años.
    nadie abarca todo, el último fue Hegel, desde Nietzsche que la filosofía transita por otros caminos.
    Hay gente conocida que se ha dedicado toda su vida al poema de parménides. eso te gusta? es serio?
    y depende…
    está dicho en mi clase, y de varias maneras. así que no tenés que inventar una filosofía anacrónica para justificar la burocracia universitaria.

  • 12. Laura  |  27 septiembre 2008 en 2:36

    De las condiciones de producción de conocimiento hablaba Bourdieu (en él pensaba). De Althusser no me acuerdo.
    La pretensión hegeliana sobrevivió a Nietzsche en el marxismo y sus variantes (tan influyentes en las ciencias sociales durante todo el siglo XX). Ese “rumiar humanista” no es una descalificación de la filosofía, al contrario. Es obvio que los científicos sociales “hacen síntesis” pero con propósitos diferentes a los de los “pensadores”. Vos mismo señalás la diferencia entre ambos (y establecés una jerarquía).

    Hay quienes dedican toda su vida a estudiar un único tema. Y qué importa si eso nos gusta o no? Son elecciones personales y sí, depende… En todo caso lo fundamental es el aporte a la comprensión de lo que se estudia, la poesía de Parménides o lo que sea.
    No necesito inventar nada para justificar la burocracia universitaria: esos sistemas de clausura entre las disciplinas, según tu exposición, parecen ser menos compatibles con tu idea de la filosofía que con las necesidades de los científicos sociales.
    Es obvio que leí el post inicial, si te referís a otra conferencia, por favor avisame porque entonces estoy desubicada.

  • 13. Laura  |  27 septiembre 2008 en 2:40

    También pensaba en la historia de las ciencias sociales de Lepenies.

  • 14. Tomás Abraham  |  27 septiembre 2008 en 18:08

    en mi post hay un largo listado de “científicos sociales” que me guían en mis investigaciones. no hay privilegio del “pensador” sino un intento de pensaren la práctica filosófica como intervención en otros campos y los efectos que produce.Foucault interviene en el campo de la historia.
    en mi caso, que no me queda claro, intervengo en los medios de comunciación y en la política, otras veces en el campo psicoanálítico, y en dos libros en el literario, sin ser por eso no crítico ni periodista.
    en la distinción entre pensadores-intelectuales. pensadores, sigo pensando la misma práctica.
    en el reconocimiento explícito de la tradición a la que me remito, teología negativa, romanticismo, escepticismo, está lo que pienso del conocimiento totalizador.
    la idea de producción de conocimiento es efectivamente de Althusser, aunque en el camino de bachelard, de donde parte bourdieu en su primer trabajo.
    el marxismo hegelianismo no da cuenta de la revolución teórica de marx, que fue el abandono de la crítica religiosa a la manera de feuerbach, y de alemania, e irse a estudiar a los economistas ingleses a la cuna del capitalismo industrial.
    es su uso de las monografías sociológicas y la importancia de sus análisis històricos.

  • 15. Gabriel Muro  |  27 septiembre 2008 en 21:34

    Creo que lo que asemeja a las ciencias sociales y a la filosofía es su relación con el sentido común y el buen sentido, una cierta pretensión de combatirlo o de darlo vuelta. El sentido común, que es imprescindible para la supervivencia en la vida cotidiana, ha recibido muchos nombres a lo largo de la historia de la filosofía: doxa, ideología, caída del ser, etc. La diferencia se da en relación a lo que viene luego del buen sentido. Para la filosofía, al menos la que aquí nos interesa, no se trata de fundar un nuevo buen sentido que corrija las deficiencias del primero, sino hacerlo entrar en cortocircuito, como en las paradojas del Deleuze de la Lógica del Sentido. Supongo que por eso considerás que esa línea filosófica es socrática. Platón, paradójicamente, representa el fin de ese socratismo cuando opone una episteme trascendente al conocimiento vulgar de las cosas. Cuando Foucault utiliza el concepto de episteme lo hace de una forma muy diferente. No son las Ideas universales sino los sistemas de pensamiento que hacen a una época (las épocas no hacen a los sistemas de pensamiento). Y lo utiliza justamente para seguir el trazo histórico que hizo posible la aparición de las ciencias sociales.
    Hay otro Sócrates no platonizado que persiste en su interrogación del presente sin el recurso a la verdad universal. Ese Sócrates será redescubierto recién en la modernidad, a partir de Kant.
    Nada más alejado del diálogo socrático que la encuesta sociológica. El encuestador nunca re-pregunta, sólo toma datos. Sócrates llevaba el diálogo hasta el límite. En la estadística no hay singularidad del encuestado, se trata tan sólo de un caso. La ciencia dice sólo querer comprender, “producir conocimiento”. Sin duda lo logra. Las estadísticas funcionan. Pero ¿para qué? ahí el científico pierde, la cosa se termina en el informe, por eso el de la ciencia social es un conocimiento tan fácilmente capturable por el Poder. Describe el sentido común, llena planillas con el, pero no produce un nuevo sentido. La filosofía, en cambio, no hace otra cosa que luchar infructuosamente por la producción de sentido, producción infinita, síntesis disyuntiva.

  • 16. Laura  |  27 septiembre 2008 en 22:50

    Sí, Tomás, creo que entiendo tu planteo y me parece muy interesante (para filósofos y sociólogos por igual).
    Sólo trataba de pensar esa relación (filosofía/ciencias sociales) desde la historia de las ciencias sociales.
    Gracias
    Saludos

  • 17. yuliana  |  14 octubre 2008 en 4:36

    y pienso q las ciencias sociales son:aquellas ciencias o disciplinas científicas que se ocupan de aspectos del comportamiento y actividades de los seres humanos, estudiados en las ciencias naturales. En ciencias sociales se examinan tanto las manifestaciones materiales e inmateriales de las sociedades.
    La característica diferenciadora entre las ciencias naturales y las sociales es que los seres humanos poseen habilidades cognitivas específicas que crean una conciencia y representaciones mentales abstractas que en general influyen en su comportamiento y crean unas reglas de interacción entre individuos complejas, por tanto a diferencia de las ciencias naturales introducen los hechos mentales reales o supuestos. Por otro lado las ciencias sociales se diferencian de las humanidades, en que estas dan un mayor énfasis al método científico u otras metodologías rigurosas de análisis.
    La mayoría de las ciencias sociales, en el estado actual de conocimientos, no pueden establecer leyes de alcance universal, por lo que muchas veces el objetivo es simplemente interpretar los hechos humanos, aunque abundan en los últimos tiempos los intentos genuina mente científicos de formular predicciones cualitativas. Con frecuencia, las interpretaciones de la actividad humana se basan en la comprensión de las intenciones subjetivas de las personas. Aunque tal como hacen algunos teóricos en antropología y sociología [cita requerida], conviene distinguir entre:
    • Las intenciones declaradas que son conscientes y pueden ser recogidas directamente preguntando a los sujetos, ésta es la descripción émica o “emics”) de un suceso.
    • El comportamiento observado que en ocasiones puede ser inconsciente y diferir significativamente de las intenciones declaradas. Este comportamiento es la descripción material y objetiva de las secuencias llevadas a cabo sin presuponer motivos o intenciones. Dados dos observadores la descripción ética (etológica) o “etics” es el conjunto de hechos observables por ambos con independencia de las interpretaciones que ambos hagan del fenómeno.

  • 18. yuliana  |  14 octubre 2008 en 4:37

    y pienso que la filosofia es:La filosofia
    aunque equívoco, no se aparta en sus acepciones comunes de ser una ciencia, una doctrina particular, una corriente de pensamiento, un conjunto de saberes o teorías, y un sistema del intelecto.3 4 5 Según lo dicho por el DRAE la filosofía no se encuentra separada de la acción o guía sobre el conocimiento y el hacer de los individuos y sociedades. Se acepta, por otro lado, que en sentido figurado la filosofía es un «sistema particular de entender la vida y todo lo relacionado con ella.».4
    En los diccionarios especializados de filosofía, la separación entre el sentido popular y técnico se extiende más, siendo el término definido desde una perspectiva histórica que expone y contrasta gran diversidad de sentidos. Desde cierto punto de vista se considera a la filosofía como la “Ciencia de las ciencias”, mientras que desde otro punto de vista aparece como una crítica rigurosa y sistemática del conocimiento y los saberes -incluida la propia filosofía o filosofías.6 La referencia obligada de la filosofía a la sabiduría abre la discusión de su significado visible en la ampliamente conocida tensión entre el conocimiento racional y la sabiduría moral. No obstante las discrepancias, la filosofía se mantiene atenta a una afirmación o comprensión de la verdad, entendida como la cosa en sí, el sentido, el Espíritu, el sentido del hombre en el mundo, lo revelado, etc.7 Como bien apunta Ferrater Mora, «la unidad de la filosofía (…) se manifiesta a través de su diversidad».8
    En Occidente la filosofía se desarrolla bajo dos perspectivas que podemos encontrar en la filosofía griega: (a) como una búsqueda de lo permanente y perfecto frente a la adquisición de la prudencia, y (b) como una afirmación de la identidad frente a la diferencia. Estas tensiones han permitido la creación y profundización conceptual de grandes temas de investigación filosófica como lo son la metafísica, la ontología, la gnoseología, la teoría del conocimiento, la ética, la estética y la lógica.
    Nacimiento del concepto Paradigma
    Dicho concepto emerge en Grecia, por las diferenctes corrientes de pensamiento y de personas que se dedican a pensar libremente, aparece la clase de hombre denominada “filósofo”-individuo arrebatado por el amor al conocimiento o sabiduría- Los distintos enfoques del librepensar se le asigna el concepto Paradigma.
    Cada paradigma se basa en un enfoque unitario, alimentado por la necesidad de buscar el saber por el saber mismo, sin otro designio ulterior, no movido por actitudes pragmáticas. No se habla de una sabiduría atada a lo concreto: sino de la que es accionada por un apetito de generalidad con la orientación que marca el paradigma que se ha propuesto el propio filósofo. En lo esencial, independientemente del paradigma enfocado, se trata de un tipo de personaje muy específico: Su saber es un saber curioso, interrogante e insaciable, siempre agitado por el deseo de no cejar en la persecución indagatoria de los últimos fundamentos de la realidad. Su preguntar es por esto ilimitado y carente de la fácil apelación a presupuestos llamados para inhibir la aparición de novedosas indagaciones. Al mismo tiempo y en cierta forma como corolario de lo antedicho, en el filósofo siempre se ha de hallar enhiesta una actitud definitivamente crítica y de duda, ya sea para el propio pensar, o para el ajeno, del momento presente o del pasado
    Contrastes
    La ciencia nace de un uso de la filosofía polarizado, mostrando un espectro del pensamiento humano sistemáticamente racional. Dicho paquete de pensamiento conceptualiza lo que se denomina epistemología. Estas herramientas del conocimiento, se centran en regiones determinadas del ser, especializándose en la dinámica ser-medio. Un estado filosófico puro de la mente humana es inexistente, pero de existir se interesaría por la coherencia que dota de significado al todo a efectos éticos y políticos (fundamentación de las normas).
    La religión es otra polarización de la filosofía, en la que al tomar forma nace la herramienta denominada ontología, que tiene en común con la epistemología el hecho de que se plantea las cuestiones últimas de la existencia humana. La mejora del conocimiento con este tipo de herramientas, enfoca una visión del medio perezosa al avance cultural. Dicho avance emerge de la dinámica natural que el ser vivo adoptaría ante los cámbios del medio por supervivencia. an hecho que estas sociedades adopten un sistema de preservación del conocimineto heredado por sus padres y ancestros por un sentimiento de aprecio, naciendo lo que se llama el pensamiento religioso, tendente a usar la analogía pura y la demagogia.
    A diferencia del uso que hace la religión de la ontología (de otro modo no sería religión), la ciencia usa la epistemiología sujeto a un uso de la razón sistematizado, abierto y expuesto a crítica, siendo susceptible de mejora por cualquiera que demuestre conocer dicho sistema (de otro modo no sería ciencia).
    Cuando el uso de las herramientas mencionadas se sujeta a las variaciones según el parecer de una autoridad, que por su rango, es el único capaz de tener acceso a cierta fuente de conocimiento (Revelación divina, por su experiencia, por su sabiduría, o por que lo dice y punto), junto con los que son de su clase, reservándose el sistema de conocimiento usado de forma cerrada y exclusiva a sus colegas (por ejemplo: cónclave, Partido político), forman movimientos religiosos, sectarios, segregacionistas o de cualquier otra índole que acaba separando a grupos de personas, en lugar de tratar de observar las partes comunes.
    Síntesis
    Por tanto, podemos definir la filosofía como el análisis coherente de tinte racional, que hace el hombre del medio como resultado de su búsqueda del sentido de su propia existencia y de la colectiva, fundado en la comprensión del ser. Dicho paquete de información puede dar un resultado más o menos coherente dentro de la cosmovisión del ser que lo procesa y capacitarle en mayor o menor medida para hacer frente al medio y así satisfacer la necesidad del ser. Muchas culturas del pasado, han fudamentado su conocimiento en tradiciones anacrónicas. La filosofía torna mucho más dinámica y con resultados más variados, en momentos históricos en los que entran en crisis los discursos míticos y religiosos, planteándose las cuestiones “¿qué hacer?”,”¿qué puedo conocer?”,”¿qué es el mundo?”,”¿qué puedo esperar?”, “¿qué es el hombre?”. Kant, en su Lógica, sintetiza la indagación filosófica, en estos cuestionamientos. Y agrega, con una expresión casi del siglo XX, que todas las preguntas confluyen en la última.
    Tanto las ciencias sociales como las ciencias humanas junto con las ciencias formales, parten de un inicio filosófico, demostrando así que la filosofía no se ocupa de un único tema, sino que, partiendo del librepensamiento y polarizando el conocimiento en función de la coherencia que emerge del texto, acaba formando sus propias divisiones y ramas, como la lógica, la ética, la metafísica, la filosofía política y la teoría del conocimiento o también conocida como epistemología.
    Orígenes
    Aunque mucho se ha debatido sobre este punto, lo cierto es que Isócrates, contemporáneo de Platón, atribuye a los egipcios la invención de la filosofía:
    “…además, la cultivación de la práctica de la sabiduría se puede también razonablemente atribuir al mencionado egipcio (Busiris). [...] Los sacerdotes pues gozaron de tales condiciones de vida, descubriendo para el cuerpo la ayuda que el arte médico produce, no de aquel que utiliza drogas peligrosas sino solamente drogas de tal naturaleza que son tan inofensivas como el alimento diario, y que con todos sus efectos es tan beneficioso, que todos los hombres convienen en que los egipcios son los más sanos y los de más larga vida posible entre los hombres; y entonces, para el alma, ellos introdujeron el entrenamiento de la Filosofía, una búsqueda que tiene el poder, no sólo para establecer leyes sino también para investigar la naturaleza del universo…” (Isócrates. “Discusos y Letras”. Busiris; 11, 21-22.1
    Sin embargo, no se sabe con exactitud cómo empezó el hombre a filosofar, no obstante hay algunos filósofos que han opinado al respecto:
    • Platón y Aristóteles: El hombre empezó a filosofar, gracias al asombro.
    • René Descartes: El hombre empezó a filosofar por la duda, ya que la duda se vuelve una duda metódica.
    • Jaspers: El hombre empezó a filosofar cuando uno llega a las situaciones límites, por ejemplo: el asombro, la muerte, el acaso, etc.
    Hay una controversia entre filósofos e historiadores sobre el origen de la filosofía, ya que muchas personas piensan que la filosofía empezó en la Antigua Grecia con Tales de Mileto, pero también hay otras hipótesis de que la filosofía no se haya empezado en la Antigua Grecia, sino que ha empezado a surgir en el oriente.2
    Definición
    El término “filosofía”, aunque equívoco, no se aparta en sus acepciones comunes de ser una ciencia, una doctrina particular, una corriente de pensamiento, un conjunto de saberes o teorías, y un sistema del intelecto.3 4 5 Según lo dicho por el DRAE la filosofía no se encuentra separada de la acción o guía sobre el conocimiento y el hacer de los individuos y sociedades. Se acepta, por otro lado, que en sentido figurado la filosofía es un «sistema particular de entender la vida y todo lo relacionado con ella.».4
    En los diccionarios especializados de filosofía, la separación entre el sentido popular y técnico se extiende más, siendo el término definido desde una perspectiva histórica que expone y contrasta gran diversidad de sentidos. Desde cierto punto de vista se considera a la filosofía como la “Ciencia de las ciencias”, mientras que desde otro punto de vista aparece como una crítica rigurosa y sistemática del conocimiento y los saberes -incluida la propia filosofía o filosofías.6 La referencia obligada de la filosofía a la sabiduría abre la discusión de su significado visible en la ampliamente conocida tensión entre el conocimiento racional y la sabiduría moral. No obstante las discrepancias, la filosofía se mantiene atenta a una afirmación o comprensión de la verdad, entendida como la cosa en sí, el sentido, el Espíritu, el sentido del hombre en el mundo, lo revelado, etc.7 Como bien apunta Ferrater Mora, «la unidad de la filosofía (…) se manifiesta a través de su diversidad».8
    En Occidente la filosofía se desarrolla bajo dos perspectivas que podemos encontrar en la filosofía griega: (a) como una búsqueda de lo permanente y perfecto frente a la adquisición de la prudencia, y (b) como una afirmación de la identidad frente a la diferencia. Estas tensiones han permitido la creación y profundización conceptual de grandes temas de investigación filosófica como lo son la metafísica, la ontología, la gnoseología, la teoría del conocimiento, la ética, la estética y la lógica.

  • 19. Marcelo Grynberg  |  7 septiembre 2009 en 9:53

    Un problema importante de las ciencias sociales
    es que en la medida en que lo particular NO se reconoce en lo universal, al individuo no totalmente socializado (o a lo poco que queda de el segun Foucault), le resulta incomprensible lo que la sociedad le inflige. Pero precisamente por ello es que las ciencias sociales deberian esforzarse en comprender esa incompresibilidad.

  • 20. santiago  |  18 noviembre 2009 en 22:12

    “A pesar de su utilidad en ocasiones, no concibo a la relación entre la filosofía y las ciencias sociales como un pasaje ida y vuelta entre puentes epistemológicos, con peajes metodológicos. Sin la materia de la historia y de trabajos concretos sobre situaciones concretas es un camino a la esterilidad y a una mala comida, mucha salsa, nada de carne.” eso es muy bueno. hay que trabajar ahí para mi.

  • 21. Yo  |  2 febrero 2010 en 21:01

    La frase “es parte de un rizoma ideativo” hizo que mi detector de lenguaje pretencioso explotara.

  • 22. nemo  |  6 febrero 2011 en 14:58

    A mi me parecio una gran calase de Tomás. Me interesa esa idea de la filosofía como una forma de decir verdad bastarda. Es una buena definicion de una práctica intelectual. Por otro lado el linaje de ‘ciencias sociales’ que valen la pena (Sennet, Brown, Annales, Veyne, Antropologia política francesa) suena muy bien. Eso no desmerece el oficio de ‘cientista social’, antropólogo, historiador, sociólogo, geógrafo. Allí existen una serie de prácticas de producción de saber que suelen ser aridas, que necesitan trabajo de archivo, lectura de estadísticas, transcripción de entrevistas, construcción de diarios de campo, uso de mapas, pero parte de un oficio que a mi me gusta pensar como una “saber menor” y que rsponde a tradiciones que acumulan infromación y datos sobre un munod humano. En sus mejores casos dan ejemplos como el linaje honorable que menciona Tomás, es los peores, saberes olvidables. Pero en esa aridez hay un oficio que responde a una tradición científica en su mejor sentido, no en su sentido cientificista, sino incluso en el que siempre tuvieron las ciencias del espíritu y su tensión universalista-romántica (las humanidades). En todo caso, sus produtos más áridos no son muy diferentes a buena parte de los malos ensayos de filosófía que circulan por ahi.

  • 23. Gustavo Romero  |  3 mayo 2011 en 1:08

    Recomiendo la lectura del libro “La guerra del amor”.

  • 24. Rodrigo  |  18 agosto 2011 en 9:11

    Coincido con esa frase Santiago, está muy bien. Yo leo los libros de Tomás cuando habla de filosofía y los disfruto. Debo reconocer que muchos de sus análisis de la coyuntura política me parecen una pelotudez.
    Interesante los autores que nombra.
    Abrazo de gol

  • 25. Rodrigo  |  18 agosto 2011 en 9:14

    Entre los autores que le gustan a Tomás y que a mí me parecen excelentes están: Giorgio Colli, Deleuz, Vernant y Veyne.


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