Segunda breve historia de la filosofía 33: La confusión de lenguas

12 septiembre 2008 at 22:16 1 comentario

[ Ver partes 30-31 y 32 ] 

Los sistemas de pensamiento se ordenan de acuerdo a reglas inmanentes. Los efectos de lo social en cualquiera de sus manifestaciones no inciden directamente en el orden de los  discursos, sino que deben atravesar las configuraciones epistémicas que definen un campo de saber.

Los cambios en los sistemas de pensamiento no son “causados” por determinaciones económicas como afirmaba el marxismo de hace un siglo. Las sociedades no están organizadas como un cuerpo sin órganos – para usar el término de Deleuze – sino como un sistema de tabiques que no permite un fluir continuo y una causalidad expresiva cuya poder de determinación sea directo. Tampoco la palabra dialéctica nos resuelve la dificultad ya que no se trata de un dispositivo de acciones y reacciones ni de una germinación paulatina de semillas en floración.

Hablando de germinación, el premio Nóbel de Medicina François Jacob en su libro La logique du vivant completa con información de la ciencias de la vida la configuración renacentista elaborada por Foucault. Nos dice que el modelo reproductivo del Renacimiento se basa en la idea de generación. Los cuerpos son “engendrados”.

Jacob dice que en el pensamiento renacentista la naturaleza es Una. Existe una trama secreta que une a los seres. En la continuidad de la naturaleza no son posibles las diferencias salvo las que separa al hombre de las bestias. Hay un mismo “calor” que genera a los seres que se trasmite por la simiente masculina y por el sol. Las imágenes de la generación se inspiran en la alquimia y en el arte. Todo el universo se refleja en el niño, el niño refleja el universo.

El historiador de las ciencias, el ruso-francés Alexandre Koyré, en su libro Mystiques, spirituels, alchimistes du XVI allemand, nos habla de Paracelso, de su noción global de naturaleza que no es un sistema de leyes ni un inmenso cuerpo regulado, sino una fuerza mágica que crea y produce a sus criaturas como si fueran niños.

No hay que dominar a la naturaleza, hay que dejarla hacer. Los médicos deben tan sólo ayudarla además de recordar que son sus aliados y no sus amos. Conocer es asimilar, no imponer, es devenir idéntico a lo que se quiere conocer. No hay conocimiento sin simpatía, y no hay simpatía sin semejanza. El universo es un Libro, en él, lo invisible y lo visible se articulan en cada parte del todo.

Dios y mundo constituyen así una experiencia orgánica, no son idénticos, pero cuando más se acercan, más real es el mundo. En este libro cósmico, cada ser que lo habita es una “signatura” divina. Hasta los monstruos están bendecidos, los “fuera de especie” , mojones del mundo creado, -  nos dice Jacob – que van en contra del curso de la naturaleza, pero no en contra de las formas naturales. Los principios naturales jamás se equivocan, y los monstruos, no son monstruos para Dios.

Para comprender la discontinuidad y las rupturas en la historia del saber, Foucault toma caminos extraños. Nos dice que para pasar de una episteme a otra hay momentos de transición. Rinde tributo a la lengua castellana. Entre el Renacimiento y el pensamiento cartesiano se yergue la figura de Don Quijote, el hombre que confunde las palabras. Es la otra cara de la prosa del mundo renacentista. La escritura y el mundo dejan de parecerse. Las letras ya no son signaturas y se convierten en literatura, y las semejanzas se hacen  ridículas. El caballero loco es un forjador de semejanzas salvajes y un alucinado de la analogía. Héroe barroco, instituye el tiempo de las trampas, de los desdoblamientos, de las máscaras, del teatro, de las metáforas y alegorías, de lo cómico. Es el diferente por desconocer las diferencias.

Pensar que Descartes era un lector admirado del Amadís de Gaula, esta obra del ciclo artúrico que narra las aventuras de un niño entre hechiceros. Lectura diletante y tranquizadora del anacrónico mundo de la caballería.

Mundo que Cervantes descompagina, y Descartes reordena en una nueva constelación filosófica.

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1 comentario

  • 1. alberto  |  13 septiembre 2008 en 2:12

    abraham… mandese una paginita de Wigensttein: ese refutador de leyendas que dijo solucionar los problemas, y lo unico que hizo fue dar una “solucion” negativa, volviendo lo ke para el era evidente: los problemas fundamentales de la “filosofia” no pueden ser formulados. no hay caso, verdad? no hay libro que vaya a darme la clave del universo, el sentido del sinsentido, o la brusca adopcion de la fe (don precioso del que carezco)? toy leyendo, pa variar, el libro del desasosiego. usted ha escrito algo acerca de pessoa, no? (no se lo pregunta como corrobacion de lectura sino como inicio de pesquisa: de algun lado lo saque y me gustaria saber donde lo consigo)
    saludos y disculpe


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