El Mayo Francés ( editado parcialmente por Perfil )
22 Mayo 2008
Por la conmemoración del Mayo francés que recuerda su cuarenta aniversario se han programado una serie de actividades en diversos medios que organizan mesas redondas, jornadas, entrevistas a quienes pueden reflexionar sobre el tema. Al haber sido testigo del acontecimiento me ha tocado en estas décadas decir algo al respecto.
He envejecido. Eso es lo que me dice el Mayo francés, pero no por la edad, lo que es obvio, sino porque me deprime el tema. Tener 21 años con un adoquín en la mano mientras se grita “nous sommes tous de juifs allemands” ( todos somos judíos alemanes) tiene encanto, sin duda, pero cuando sólo se reduce a una rememoración a la manera de una postal sepia de un abuelo que recuerda glorias juveniles, es una derrota espiritual.
Muchos viejos y no tan viejos odian a los jóvenes, los desprecian, dicen que escriben mal, que no leen, que sólo quieren comprar zapatillas, que sin música estruendosa no viven, que son los reyes de la sociedad, que han degenerado por el facilismo pedagógico, la irresponsabilidad paterna y la falta de autoridad del juvenilismo posmoderno. Gracias a todos estos monos gramáticos, aquella rebelión sigue vigente.
Mayo está vivo, y siempre lo estará. Es el filósofo Kant quien ha dicho que los pueblos recuerdan gestas que despiertan su entusiasmo más allá de los fracasos políticos. Una virtualidad permanente estimula la imaginación colectiva que hace de un recuerdo épico un símbolo de protesta, de resistencia al poder y de voluntad revolucionaria.
El filósofo alemán lo afirmaba respecto de la resonancia que tenía la revolución francesa a pesar de su siniestro desvío hacia el Terror. El espíritu de la gesta revolucionaria no se silenciaba por su fin sangriento. Había dejado una huella indeleble que se reavivaría a pesar de las severas advertencias del realismo sensato.
Entre lo sublime artístico y el entusiasmo político el deseo de infinito despliega su energía.
Mayo fue insensato. Si no lo hubiera sido, Francia no habría dejado de rumiar su decadencia institucional y su acritud ciudadana. A ese país amargado por el fin de sus glorias coloniales, desilusionado por la traición de su partido comunista que no era más que oportunista, sólo le quedaba la figura de su General representando la dignidad tricolor sostenida con alfileres.
La abulia de la juventud francesa estaba a la vista. En la universidad los estudiantes se dormían sobre los bancos. Las clases en nada habían cambiado respecto de los ritos catedráticos de siglos atrás. Los profesores tenían una investidura monárquica. En el anfiteatro de la Sorbonne sólo faltaba Descartes quien después de todo estaba presente porque le daba el nombre al majestuoso hemiciclo académico.
En este mundo sombrío aparece Danny el pelirrojo con su desparpajo anarquista y provoca un revuelo que aún hoy nos hace volar. Ese mismo Cohn Bendit hoy diputado verde del parlamento europeo. Él sí ha sabido envejecer porque su irreverencia ha cambiado de dirección. Nunca lo tentó celebrar “una juventud maravillosa” de la que fue protagonista. Supo que el mundo había cambiado y le dió a su voluntad otra letra con la misma música. Tuvo la dignidad y el talento de no convertirse en monumento.
El líder del 22 de marzo introduce en aquel mundo severo una voz que pone en tela de juicio todo el edificio cultural y educativo. Desafía a la Autoridad. Le pide que justifique sus credenciales. Le pierde el miedo. No se amilana ante el gigantismo de su tradición y el peso de su saber. La voz juvenil se autoriza a sí misma y no siente vergüenza por su supuesta ignorancia. Se arroga un derecho. Nada menos que el derecho a la palabra, pero no a la libre expresión que ya estaba en la Constitución y que permitía la circulación de opiniones hace rato cansadas, sino el derecho al despertar, a dar vuelta el mundo, a no resignarse al destino sepulcral.
Cuando en los primeros días de Mayo Louis Aragon, el poeta y militante comunista francés, cruza el boulevard Saint Michel, y Cohn Bendit haciendo su corte de calle con el pequeño grupo de estudiantes venidos de los suburbios de París, lo interpela diciéndole:
- “ Eh, vos, Aragon, por qué no te arrimás junto a nosotros y nos explicás un poco a qué juegan tus amigos burócratas en Francia y qué peso tienen hoy los principios de la heroica madre rusa de la que tanto maman? Está rica la vodka con leche? Qué pasa si no nos gusta más ese cocktail y si los jóvenes de hoy queremos otro trago y otro son que el de la balalaika? Algo más espumante y jocoso…un trago sublime de una fiesta a la que quizás no estés invitado? ”
…después de que Daniel le dijo eso cambió todo. Lo había tuteado, el poeta de la melena blanca no sabía qué responder. Toda Francia desde ese día y durante un mes cambió de pronombre. La distancia del “usted” que desde la escolaridad elemental el protocolo social había mantenido incólume durante siglos, el darse la mano de los chicos desde los cuatro años, terminó, y se dió inicio al carnaval de manos libres y tuteo frontal. Eso fue el mayo, un carnaval, el de los de antes, aquel que en el medioevo invertía el sistema de jerarquías y daba rienda suelta a la risa. La fiesta del grotesco. Un mes de huelga general. Todo el país hecho un teatro. Pero no un escenario con un único actor que se divierte con su Carla Bruni mientras dice que el mayo fue una pendejada, sino una gran fiesta popular que buen susto le dió a los hijos del general que hasta fueron a buscar tanques de la OTAN. Una alegría, los pibes de Cohn Bendit nos dieron una fiesta inolvidable. Por supuesto que terminó, fue un final de fiesta algo deprimente como todo fin de borrachera, y también el fin de De Gaulle, nada menos.
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1.
Gabriel Muro | 22 Mayo 2008 at 22:52
Estaría bueno que cuentes algunas cosas más sobre tus experiencias personales durante ese mes. Lo anecdótico de mayo me parece lo más interesante (a diferencia de cualquier otra revolución). A nivel micro fue que cambiaron muchas cosas en la sociablididad francesa (la gente se tutea, habla con desconocidos, etc).
A nivel académico, y esto seria otra cosa sobre la que me gustaria saber tu opinión, me parece que también hubo una fuerte reacción contra el estructuralismo, que a posteriori se lo consideró equívocamente como la corriente de pensamiento que inspiró mayo. De hecho Althuser creía fervientemente en el objetivismo científico de lo que hablaba y en la rigidez casi autoritaria del orden universitario. De Lacan se puede plantear que los seminarios eran espacios de discusión, pero lo cierto es que Lacan era no sólo maestro sino amo y señor y su sujeto estaba indefectiblemente “barrado”.
El hombre, las prácticas concretas e históricas se diluyen en la compleja estructura significante. Es un sentimiento muy oprimente. Y En Foucault se nota claramente un cambio a partir de Mayo. De las palabras y las cosas, de un puro análisis de los discursos, complementa con un análisis único y novedoso sobre las prácticas, la genealogía.
Así también para Deleuze, quien poco antes de Mayo había escrito un artículo muy elogioso del estructuralismo (“¿en qué se reconoce a un estructuralista?”), y con el anti edipo se produce la ruptura, pasa a otro plano, uno de consistencia (como él dice Mayo fue su paso a la política), a pesar de que “lógica del sentido” es un texto genial pero aún dentro de la órbita del estructuralismo.
Los jóvenes de hoy son demasiado realistas, es imposible que pidan la imaginación al poder. El problema es que se trata de un realismo conformista (la sencasión es que no queda otra), y no de un sano escepticismo.
Es así, la gran mayoría de los jóvenes (y de los adultos) ya ni siquiera leen.
En fin, habría que preguntarse que nuevos juegos de verdad inaugura Mayo.
Saludos
2.
Gabriel Muro | 22 Mayo 2008 at 22:54
errata: “la sensación es que no queda otra”
3.
Gabriel Muro | 22 Mayo 2008 at 23:36
Mayo inspira el pensamiento del afuera, una ráfaga que airea el cuarto blindado de la estructura.
4.
Gabriel Muro | 23 Mayo 2008 at 8:41
Volviendo al futuro, ¿dónde está el afuera? si la estructura saussuriana era linguistica ahora es semiótica. Hoy el órden simbólico se confunde con el imaginario. La razón por la cual la gente ya no lee hay que buscarla en la instalación de este cyber estructuralismo semiótico.
McLuhan había previsto la transformación cultural de lo escrito a lo visual, de la imprenta a la pantalla, lo cual generaría un neotribalismo donde vuelven los mitos, pero vaciados de la dimensión sacra de las sociedades primitivas. Lo alfabético es secuencial, por lo tanto posibilita una crítica (ver la importancia de la palabra escrita sobre las paredes en mayo del 68, que se confunden tanto con el slogan como con la sentencia revolucionaria), lo electrónico es instantáneo, presente absoluto, imposiblidad de tomar distancia, de entrever relaciones, electroshock.
Tampoco se trata de ser apocalíptico. Se ha hecho posible el hiper texto, la palabra se re-impresa en la pantalla, existe la biblioteca de alejandría virtual. Existen también imágenes que rompen con la neo estructura asignificante, imágenes recargadas de sentido.
El filósofo italiano Franco Berardi habla de la llegada de las generaciones post-alfabéticas, la feria del libro es un buen ejemplo observable y a mano.
Muy vagamente diría que un posible afuera de esta neo estructura semiótica puede hallarse en la mismísima palabra.
5.
JorgePayador | 24 Mayo 2008 at 17:27
Buena semblanza de aquel acontecimiento histórico. Lo único que podría observar es apelación diferencial del liderazgo de “la juventud maravillosa”; no porque no haya habido diferencias, claro que las hubo pero las hubo, precisamente, por ser diferentes, por haber vivido procesos históricos diferentes y por falta de capacidad política la que, sin duda, años vista, no era un mal exclusivo de esa, nuestra, Juventud. Hubo jóvenes maravilllosos; muchos amigos y compañeros que quedaron en un camino muy mal trazado, ellos también reivindicaban el Mayo Francés pero la dirigencia, su dirigencia, no entendió la realidad.
Me permito adjuntar un reportaje de Sartre a Danny acerca del Mayo Francés; allí uno puede advertir la diferencia de visión política entre las dirigencias juveniles de ambos países.
http://www.nodo50.org/codoacodo/dialogo.htm
6.
Roberto | 25 Mayo 2008 at 20:51
Muy buena evaluación la que hacés y buenos, también los comentarios. Yo agregaría que del ‘68 al ‘73 se extiende el período de culminación y fin de la estabilidad keynesiana de posguerra: industrialización, pleno empleo, estado de bienestar en el centro y descolonización en la periferia. El discurso libertario se hizo posible por esa estabilidad y fue la señal de alarrma para decidir el cambio del paradigma capitalista hacia el predominio de acumulación financiera en el que hasta hoy vivimos. Ahora la juventud reclama su derecho a la inclusión; a ser explotada, no liberada.
Disiento en que hoy no se lea. Es cierto que hay una decadencia de la simbolización y la gramática; de la cultura del libro, que fue la contracara cultural de la industrialización. Pero ¿qué es esta cultura cibnernética sino la realización práctica de la expresión sloganística de Mayo, el voseo universal? Saludos.
7.
Gabriel Muro | 26 Mayo 2008 at 7:53
Roberto:
Sin duda el fin del estado de bienestar influyó en la transformación cultutral que se ha dado en llamar neoliberalismo, postmodernidad, etc. Pero no es este el elemento clave. Lo realmente importante es, al menos en el primer mundo, el proceso de automatización del trabajo físico y penoso, que ya se vislumbraba en los sesentas y era apoyado por parte de los movimientos libertarios como un camino hacia la posiblidad de trabajar lo menos posible y poder tener tiempo de vivir.
El otro cambio fundamental es la aparición de la informática y la revolución comunicacional que comienza en ese entonces, la cual ha llegado hoy a niveles insospechados. El trabajo humano se ha transformado por completo, ya no vivimos en la era industrial, el paradigma ha cambiado, si bien las industrias persisten. El trabajo intelectual (en toda su complejidad y variedad) ha reemplazado al trabajo físico, por lo menos en cuanto a su reelevancia en el proceso de creación de valor. Es el intelecto el que se ve ahora “explotado” por el capital. La plusvalía ya no pasa por un tiempo de trabajo no retribuído y apropiado por el capitalista, sino por una apropiación de cognición, de comunicación, de afección.
El capital posa su interés en el intelecto, en lo cognitivo, y la nueva disciplina ya no es física sino mental. Modula, ya no moldea. De ahí la incapacidad de una crítica, la incompatibilidad “de sistema operativo” con la política que expresan las nuevas generaciones nacidas bajo la influencia de la tecnología digital.
Además la gente trabaja cada vez más, cuando la tendencia debería ser la contraria. No sólo se trabaja más, también se le da demasiada importancia al trabajo, mucho más que a los afectos, que a los intereses personales, que a la vida que se lleva cuando no se está trabajando. Esto se debe justamente a la apropiación que hace el capital de lo cognitivo. El capital se ha vuelto humano, demasiado humano. La imagen de Chaplin en la cadena de montaje ha quedado muy atrás, a siglos de distancia, tanto como el abismo entre la imagen 3d y super envolvente de un cine IMAX en relación al cine mudo y en blanco y negro.
Se han desatado formas de control muy poderosas, pero también la posibilidad de nuevas formas de liberación, que ya nada tienen que ver con la vieja idea de revolución, demasiado decimonónica.
Creo que muchas revueltas de los sesentas y setentas vislumbraban vagamente este proceso, por eso su desprendimiento en relación a los partidos obreros o revolucionarios tradicionales. Pero aún tomaban muchas cosas de las vieja ideología libertaria. Tampoco se había producido aún la revolución teconológica y cultural al interior del capitalismo.
El No future del punk expresa el final de ese proceso, la desesperación por ver fracasar toda posibilidad de cambio.
Ese sentimiento persiste aún hoy (vaciado de lo revulsivo del punk que se ha vuelto un signo más entre otros) y espero que llegue a convertirse también en algo del pasado.
8.
Rodrigo | 6 Junio 2008 at 20:31
Hola. Quisiera que me recomendaran bibliografía sobre el mayo francés. Me decidí a realizar un trabajo sobre el tema y no sé que consultar.
Estudio derecho en una facultad católica, y la verdad es que no puedo decir que tengo filosofía del derecho sino más bien ”teología del derecho”. Mi profesora es una completa ignorante tanto del derecho como de la filosofía. Casi me muero del asombro en una charla que tuve con ella, cuando me confeso que no conocía a Foucault: y se refirió a él como “el francés ese que vos decís… “
Su ignorancia no es lo más chocante, además en su clase no existe la más mínima libertad de expresión, ni conciencia critica. Sitúa su discurso ahistóricamente, lo que ella dice es “la verdad” irrefutable, critica a autores descontextualizándolos. Todas las teorías (las que no contradicen a la iglesia) son dadas de la misma manera que nos enseñan el derecho vigente.
Por eso me decidí a hacer un trabajo del mayo francés, quiero hablar de los profesores opresores. Ella odiarme más no puede, y poco me interesa.
Desde ya muchas gracias