Tomografía de la Pampa (Perfil 10/5)
21 Mayo 2008
Vivimos la política como una fatalidad. En los 90 nadie pensaba que se podía sobrevivir sin la Convertibilidad. Se soñaba salir de ella pero era un sueño con pesadillas. Hoy a nadie se le ocurre que pueda haber gobernabilidad en la Argentina sin los Kirchner. Muchos gritan, otros tantos declaman, pero todos saben que no hay oposición con la fuerza suficiente para hacerse cargo en el corto o mediano plazo del timón presidencial.
Repasemos a los candidatos y las alternativas que ofrecen. Macri vive una época difícil de poco o ningún glamour. Gobernar la ciudad se parece a un trabajo digno de Sísifo que esta vez en lugar de cargar una mole hasta la cima para verla caer eternamente, tapa baches que se destaparán mañana. El mantenimiento de lo que hay se lleva los ingentes esfuerzos de la administración porteña. La gloria sólo llega con obras faraónicas, es decir con deuda impagable que hundirá al próximo colega.
La Coalición Cívica por las características de su lider corre el riesgo de ser una colisión no tan cívica. Carrió que con sus denuncias contribuye a la salubridad nacional, es una desorganizadora vocacional y lo que crea hoy lo desmorona mañana. El país ya fragmentado en sectores que pujan entre sí no soportaría una política con oscilaciones bipolares.
Hermes Binner es el hombre cauto que tiene el lema que dice que quien se precipita va derecho al precipicio. Prefiere dedicarse a administrar su provincia y sanear la política. Al acecho están los candidatos vitalicios al poder como de la Sota, los Saá, el mismo Lavagna, que tejerán y destejerán alianzas con paciencia eterna.
No nos olvidamos de Duhalde, responsable de dejar una provincia con la bonaerense, los secuestros, el paco y los negociados del Banco Provincia, más una presidencia con dos muertos antes de la renuncia, y que hoy despunta como un sabio conciliador que espera una nueva operación clamor como aquella que organizaba su subordinado Aníbal Fernández.
Por eso el sentido común de los argentinos los conduce a estar a la expectativa de lo que ocurra con el matrimonio Kirchner, habituados que estamos a pensar la política como un avatar conyugal.
Hablan de doble comando, pero no lo hay. Existe un único comando a cuatro manos, es usual en las escuelas de conductores. Para que haya un doble comando la presidenta deberá darse cuenta de que los argentinos aunque fuere nominalmente la votaron a ella. Trasmite la sensación que aún no gobierna por sí misma por una deuda de gratitud que tiene respecto de su marido a quien supuestamente le debe todo. El día que se independice y nombre a su propia gente a la vez que inicie algo distinto de lo ya visto, entonces sí habrá doble comando. No será divertido, salvo para los aficionados a marearse con kayaks en desfiladeros de montaña.
Pero no todo es política, también hay que considerar las determinaciones económicas. Es decir la inflación, bendita variable que le permite a los gobernantes ajustar los cinturones sin que nadie los acuse de tomar medidas impopulares. El mercado se encarga de la tarea, el anonimato así lo permite, y, además, este juego impersonal autoriza a los que mandan a señalar con el dedo a lobbies empresariales, pools cerealeros, mercaderes del abuso y salir del dilema puros y beatos.
Pero tampoco hay que creer mucho en lo que dicen los economistas del otro lado de la barricada que hablan de las maravillas nunca vistas desde tiempos inmemoriales, se rasgan las vestiduras porque tiramos oro por la borda, se muestran desesperados al ver que este gobierno desperdicia la gracia divina enviada por los pueblos del lejano oriente.
Todos exageran, total es barato.
Tampoco el mundo se reduce a la economía y a la política, hay cultura, y de la exótica. Esta idea reciente de que los medios de comunicación discriminan y se portan mal con el gobierno, ha estimulado a un decano y a un par de catedráticos de una facultad algo caótica y supernumeraria, a erigir un Panóptico, un Observatorio de vigilancia con imparcialidad debida. Como aseguran ser objetivos por diploma y credenciales que se distribuyen entre sí, consubstanciados que están además con el lenguaje pedante de los expertos, se han ofrecido al personal gubernamental para protegerlo de la pésima conducta de algunos periodistas.
El pensamiento crítico porteño ha canalizado su vocación de poder hasta ahora frustrada, para sacarse la ansiada foto con el Príncipe, esta vez la Princesa, y posar para la posteridad. Por ahora escriben solicitadas y juntan firmas.
Esperemos que el gobierno y las partes en conflicto negocien. Que el proceso inflacionario se detenga sin altos costos sociales. Es necesario que lo político se fortalezca. Cuando fracasa la dirigencia política, los sectores sociales se enfrentan sin mediadores y en esta batalla la derrota se distribuye con equidad. La política sin representación desata una violencia indefinida. Es lo que sucedió – más allá del relato encubridor, frivolidades culturales y manipulaciones demagógicas - en la década del 70.
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1.
Pablop | 21 Mayo 2008 at 17:18
Tomas, yo se que pegarle a los “de Sociales” es divertido y fácil pero los Observatorios de medios existen en todo el mundo e incluso en caso como la discriminación son mandatos de pactos internacionales firmados. Por otra parte son totalmente inocuos en cuanto a sus posibilidades de punición y control, apenas si pueden pedir (en un país en el que el Derecho a replica no esta legalizado) la propia retractación de los medios o actores “acusados”. Así que paremos un poco la mano con machacar en contra del Observatorio porque solo le hacemos el juego a los siempre queridos amiguitos de la SIP.
2.
santiagodelrio | 22 Mayo 2008 at 3:15
Creo que a la oposición hay que construirla.
A Binner lo conocemos bastante. Hoy le pesa la posición de estar nivelando la balanza entre los terratenientes sojeros y los corruptos K, pero cuando suelte una de las pesas, ay el ruido que va a hacer. Es tranquilo el hombre pero cuando tiene que apurar, tiembla todo.
En lo personal, yo estoy apostando al Proyecto Sur de Carlos del Frade y Pino Solanas.
Ojalá que no me defrauden.