breve historia de la filosofía – Capítulos 90-95

13 Marzo 2008

Una mínima incursión de parte de un aficionado a la filosofía al pensamiento judío medieval nos deja perplejos. Es lo que decía Maimónides, quien escribió <B>La guía de los perplejos</B> en el siglo XII, con el objeto de orientar a los espíritus inquietos, despiertos, por las sendas del saber. Es posible que el gran sabio si volviera a la tierra en nuestros días, ante el espectáculo de tantos descarriados que no han encontrado respuestas ni quietud, se sienta decepcionado por la inocuidad del paso de novecientos años entre la publicación de su texto y nuestro actual desconcierto……

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10 Comments Add your own

  • 1. medusa  |  15 Marzo 2008 at 4:25

    no puedo abrir Breve hist de la Ffia, caps. 90-95 ¿que pasa? Quiero leer!!!!

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  • 2. medusa  |  15 Marzo 2008 at 20:13

    Por fin entrè, muy interesante lo de que Ezequiel se comiò el Libro, La Biblia, es una excelente metàfora del pueblo del grafos.
    Tambièn me gustò la profecia (o sueño) del Carro, pero Tomàs no nos dijiste què pensàs que era (El Apocalipsis?).
    Bueno, lei las lecciones Nº 9o y 91.
    Y tambièn muy bueno lo que sijo Strauss: “ser jusio y filosofo es incompatible” porque cada interpretaciòn debe ser referida a la ley mosaica.
    Gracias
    Saludos

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  • 3. medusa  |  15 Marzo 2008 at 20:14

    erratas: dijo, judio
    el teclado anda para atràs

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  • 4. Eva  |  16 Marzo 2008 at 6:06

    “Cada vez que de manera probada se establece la necesidad de excluir algo con referencia a Dios, tu conocimiento de Él se perfecciona. En cambio, cada vez que afirmas una nueva característica positiva, te lanzas en pos de tu imaginación y te alejas del verdadero conocimiento de Dios”.

    Tomás Abraham, le agradezco por rescatar este texto.

    Creo que es la primera vez que leo una lógica tan impecable para habilitar el saber de la razón (la Ciencia) sin excluir a dios. No sólo sin excluir a dios, sino justamente como el modo de profundizar en el conocimiento de dios. Y más, haciendo coincidir al saber de lo que no pertenece a dios, es decir, a la Ciencia, con el modo eficaz de conocer a dios. Pero más aún, condenando al que se atreve a lanzar sus ideas sobre las características positivas de dios, calificándolo de alejado del camino y de víctima de su imaginación. Es grandioso, hay que probar si los rabinos de Lubavitch resisten esta frase.

    Estoy muy agradecida, asombrada, y voy a recordar esta frase y a usarla desde ahora en adelante. Me pasé la vida leyendo a Descartes, a Spinoza, y nunca leí en ellos tanta claridad como esta vez en Maimónides. El libro de los perplejos me dijeron siempre que era muy crítico, por otro lado nunca lo encontré para leerlo. Así que, me siento muy afortunada.

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  • 5. Eva  |  16 Marzo 2008 at 6:35

    Quise escribir “críptico” y me comí la “p” y salió “crítico”

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  • 6. La herida de Paris  |  17 Marzo 2008 at 16:01

    Me preparo para vivir una nueva Pascua cristiana, que como se sabe tiene sus raíces en la judía. Me acompañan en esa tarea, algunas lecturas, y entre ellas, estas excelentes reseñas del pensamiento judío y cristiano medieval. Se agradecen.
    Saludos.

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  • 7. Gustavo Romero  |  18 Marzo 2008 at 4:51

    Hay algunas interpretaciones que sostienen que la traducción más adecuada de la obra cumbre de Maimónides es “Guía de perplejos”. “Guía de descarriados” suele ser considerada como una mala traducción, porque no se trata de volver al redil a nadie, sino de despejar perplejidades.

    ¿En qué consiste esa perpeljidad? Es aquella propia de los pensadores a quienes sus estudios los han llevado, de alguna manera u otra, a chocar con el credo religioso, y también la de aquellos que han estudiado filosofía, y que si bien son creyentes profundos, son firmes en su convicción religiosa, de algún modo se encuentran confundidos a causa de expresiones que pueden ser ambiguas, anfibológicas o ciertamente “chocantes” en las Escrituras.

    El de Maimónides es un intento pasional y loco, sí, de una locura arriesgada y poco obsecuente con los poderes de la época, de armonizar fe y razón. De algún modo, este tópico, de reunir-reconciliar- fe y razón, alejado de los extremos de los creyentes que excluyen razones o de los racionales que ignoran la fe, es un tópico muy importante de la filosofía medieval.

    Así como en la modernidad, el ateísmo cartesiano intenta salvar la existencia (supervivencia vital) del pensador, construyendo un edificio teórico-conceptual incluyendo la figura de dios (aunque no se la necesite para ser ciencia, pues la ciencia es atea, y Descartes quiere ciencia, no fe), los pensadores modernos tratan de introducir a dios en alguna parte del sistema, aunque sólo sea un adorno, una monarquía que ya no gobierna; en la edad media el conflicto se plantea para los pensadores a partir de la relación entre fe y razón. la filosofía medieval se plantea: ¿Puede la razón alcanzar ciertos conocimientos con independencia de la fe? ¿es inútil la razón, y alcanza con lo que la fe nos da para la vida mortal y para la vida eterna? ¿la fe sólo es superstición y únicamente valen los aportes de la razón para conocer el mundo de la experiencia, y sobre lo que no sabemos (el más allá de la física, la metafísica) mejor callar (Guillermo de Okhan)?

    Está muy buena esta breve historia.

    Un abrazo

    Gustavo

    Responder
  • 8. Gustavo Romero  |  18 Marzo 2008 at 5:24

    OCKHAM

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  • 9. Gabriel Muro  |  18 Marzo 2008 at 7:35

    Volviendo un poco al tema de los intelectuales y el poder es llamativo que los dos grandes filósofos en la historia del judaísmo, Spinoza y Maimónides, hayan sido cuestionados por la institución judía. El judaísmo, a pesar de sus agenciamientos varios y su nomadismo, también ha impedido el devenir otro de su propio entendimiento, también, muchas veces, se ha puesto del lado de las pasiones tristes. En ese sentido coincido con que judaísmo y filosofía se excluyen. Estas dos figuras, mucho más convocantes que cualquier profeta, han llegado a sensaciones similares a través de caminos muy diversos: La beatitud, la dicha del entendimiento, el arte de resucitar a los muertos, el Dios que se ama a sí mismo, a lo que con mucho “tacto” Maimónides llamó el estado profético.

    Responder
  • 10. BloggerDude  |  8 Octubre 2009 at 21:12

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