El mundial del 94
15 Febrero 2008
Glamour, vivíamos el glamour. Batistutta, Caniggia, Redondo, no daban abasto con los fotógrafos. Los sponsors ya no sabian en qué rincón disponible de sus estampas pegar su logo. Además había vuelto Diego. Basile estaba tan contento que se felicitaba a sí mismo. Menem se felicitaba a sí mismo. El país tenía inflación cero, entrada de dólares en balde, créditos en cascada, plata dulce para quienes tenía capacidad de ahorro y capitalización – viajaban barato – los teléfonos resucitaban modernizados, el incendio y el caos alfonsinista parecían de otra época, el cinco a cero contra Colombia también.
Por mi parte publicaba el resultado de mis primeras investigaciones argentinas en el libro Historias de la Argentina deseada, y a diferencia de la década del ochenta en que había polemizado con el mandarinazgo académico, arremetía esta vez contra el progresismo local que no podía salir de su melancolía y se prendía a toda voz que les recordara su bondad ideológica, como Mariano Grondona, a quien visitaban en ceremonias televisivas de cordial reconciliación.
Arremetía también contra Duhalde que era la contracara de la frivolidad menemista con su apego a la Santa Sede episcopal, su contratación de los higienistas que luchaban conta el flagelo de la marihuana y denunciaban a la juventud, y su uso de la policía bonaerense del gatillo fácil, entre otros amores del que disfrutaba con su esposa Chiche.
Me dedicaba a escribir, a trabajar nuevamente en la empresa familiar, a cuidar de mi hija, a administrar mi casa, a construir el seminario de los jueves, a dar algunas clases en la universidad, a editar la revista La Caja y a ver televisión, el mundial por televisión.
Después del partido contra Grecia, un equipo mucho más débil que el de ahora, y de un triunfo valioso contra una Nigeria temida que no supo aprovechar los agujeros infinitos de la defensa nacional, sobrevino el affaire Maradona y se armó el gordo.
Todo el mundo dependía del doping, de la suspensión del astro, de denunciar el complot mundial de la FIFA contra nosotros, mientras yo, fana de la selección como siempre, seguía concentrado para el partido contra Bulgaria y escribía alguna nota en Clarín, para que nos olvidáramos del asunto farmacológico porque el equipo estaba de pié y en plena lucha deportiva.
Como es habitual, me ganó el entusiasmo y el voluntarismo, porque en los dos próximos partidos a la selección le metieron cinco pepas y no porque los jugadores estuvieran en una crisis depresiva por el Diego sino por el hecho de que Basile plantea las cosas así, en ganador, con la nuestra, encantado con los astros y la buena vida, como aún lo hace en nuestros días en que los de la verde amarela ya nos metieron seis.
El equipo del sudamericano del 91, el mejor del Coco, jugaba con Astrada y Zapata, dos obreros, jugadores de esfuerzo y contención, sin sponsors, sin maquillaje, que les dieron junto a Simeone y Leo Rodriguez, el aire para que el Cani y el Bati hicieran de las suyas con singular talento y belleza.
La Argentina de esa época era una Argentina pacificada, con Seineldín en la cárcel y el fin del ejército carapintada golpista, Alfonsín y Menem firmaban la Reforma Constitucional llamada Pacto de Olivos con el apoyo del todo el justicialismo y el radicalismo, Cavallo era el master plan de la recuperación nacional admirada desde Washington a Santa Cruz. Ya nadie recuerda aquella felicidad.
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1.
Gustavo Romero | 15 Febrero 2008 at 19:40
A tu excelente texto, Tomás, también podríamos mencionar la aparición de los barrios privados, que, al menos en la zona norte donde viví mucho tiempo, siempre están rodeados por zonas de mucha pobreza. Por ejemplo, el histórico y paradigmático Tortugas, o el Miraflores de Tortuguitas, encerrados por paredones, y a su alrededor la vida que cuesta ser vivida cada día, la vida de las changas, del trabajo de doce horas en las plantas industriales (como la de Pilar), la de la salita de salud del barrio sin remedios, la de la escuela como lugar de desayuno y almuerzo y por último de estudio, porque ¿cómo alguien con el estómago vacío, con hambre, puede ponerse a analizar sintácticamente una oración?.
Lo que más extraño de los 90 (que, en términos de edad, comprendió el período entre mis 5 y 15 años) eran las colecciones de ibros clásicos que salían en los puestos de diarios. Colecciones a 5 mangos cada tomo, libros que hoy superan (como los de la editorial Gredos) los 100 mangos.
Tengo mis contradicciones. Critico al capitalismo y en el período menemista formé una gran biblioteca, toda para mi solito. Pero también existen los otros, y su situación nos atraviesa. La alteridad atraviesa nuestra propia mismidad. Y somos responsables de la situación que nos llevó a esto.
Abrazos
Gustavo
2.
alita | 15 Febrero 2008 at 19:57
Recuerdo que más o menos para esa época fui a visitar a una amiga a su casa en un country de la zona norte. Fui en un micro. Lo primero que me llamó la atención durante el viaje fue el gran contraste, como dice Gustavo, las hermosas casas encerradas por kilómetros de cercos y alambrados, alrededor zonas de extrema pobreza. Muchos de los que iban en el micro conmigo eran jardineros y mucamas, iban a hacer su trabajo a estas pequeñas ciudades cerradas que inmediatamente trajeron a mi cabeza las ciudadelas medievales.
3.
JorgePayador | 15 Febrero 2008 at 22:58
Sí, Tomás, pero no es ese el equipo que perdió dos veces seguidas con Colombia, la segunda por goleada y en cancha de River?
Y la felicidad de aquella época, cómo no acordarse. También en mi recuerdo estaban las eternas discusiones con amigos o familiares que me acusaban de pesimista, agorero, cuando les decía que esa fiesta iba a salir muy cara y que en algún momento habríamos de pagarla. Hoy tengo el reconocimiento de los mismos; al menos ya me tildan de “realista”, claro está, no como adherente a la realeza. La verdad, vistas las consecuencias, me hubiera gustado equivocarme pero, como decían en mi pueblo, era tan calvo que se le veían los sesos.
4.
Televidente | 15 Febrero 2008 at 23:06
“La alteridad atraviesa nuestra propia mismidad” un fenomeno el pibe.
El Cholo metia y mucho en aquella selección y al margen de los planteos Rond Point del eterno Coco, no se puede decir que el equipo no sufriera, no se si “una crisis depresiva”, pero que le dejó la moral por el piso se la dejó. No todos tienen tu capacidad entusiasta y el Caniggia que jugó contra Bulgaria (por dar un ejemplo) parecia un chico que repitió tercer año y vuelve a la casa arrastrando la mochila.
Muy triste ese mundial…
5.
Abraxas | 16 Febrero 2008 at 9:20
Los barrios cerrados y countries que tema ese…Yo viví por 8 años en uno , caí en la trampa de pensar que era una vida más sana y terminé huyendo despavorida. Era la vida en un tupper…También se diferenciaban entre si, estaban los “grasas” y los “paquetes”.
Lo que decís alita de los micros ( allá llamados charters), es tal cual. Viajaban en el mismo invitados y gente que trabajaba en el lugar. No en todos, pero en la mayoría, cuando se iban a los invitados se los despedía amablamente, mientras que a las mucamas se las hacía bajar a la salida y abrir sus bolsos antes de retirarse. Curioso no?, desconfiar de quién entra todos los días, pero no del eventual visitante.
6.
El marce | 16 Febrero 2008 at 12:49
By the way…¿porque se vuelve a convocar a un tecnico cuyos conceptos rigidos y tozudos atrasan notoriamente? Cuando a la Seleccion Argentina le juegan de contraataque, como notoriamente hizo Brasil en la ultima Copa America, como por ejemplo hizo Bulgaria en ese Mundial, siempre hace agua…
Ya no basta con ese concepto de preocuparlos con los tremendos jugadores de ataque de la Seleccion, cuando te toman el pulso porque conocen tu tactica tenes que cambiar, palabrita que el Alfio desconoce o ignora, encerrado en su filosofia arrogante del futbol.
7.
medusa | 16 Febrero 2008 at 19:35
¿Vieron la novela Las viudas de los jueves? Como novela, es un espanto, pero recrea muy bien la vida en los countries. Tengo una amiga que viviò en uno, ahora vive su madre allà.
8.
alita | 17 Febrero 2008 at 3:56
… a mí tampoco me gustan nada los countries, me parecen demasiado artificiales, no tienen historia, como las ciudades… más bien parecen maquetas.
Me pregunto como será el proceso de adaptación de los chicos que siempre vivieron allí, al salir y encontrarse con la ciudad… bueno, si es que “se encuentran”….. es probable que este tipo de urbanizaciones contribuyan, o sean la expresión de una sociedad cada vez más dividida, donde las diferencias son cada vez mas pronunciadas entre las distintas clases sociales…
En general la gente que conozco que ha vivido en countries, se aburrió y se fue, es una vida rara….
Me gusta más la mezcla, la variedad de la ciudades …. creo que se está más en contacto y se aprende a convivir con lo diferente…. cuando dije que me parecían ciudadelas medievales fue en el sentido de comunidades cerradas, por el sentido de ghetto, de exclusión, no por su forma, por supuesto, no tienen nada que ver.
9.
frank | 17 Febrero 2008 at 5:30
la analogia parece correcta alita,
el country recrea la idea medieval de ciudad fortaleza, con controles de acceso y pequenho ejercito de ´guaruras´….
servidores que viven del lado de afuera y entran y salen por otra puerta
la seguridad vuelve a pautar el habitat como en aquellas epocas
abrazos
10.
Abraxas | 17 Febrero 2008 at 7:46
Hay una película muy interesante de cine independiente que muestra en forma irónica pero realista la vida en los countries, yo que viví en uno puedo dar fe de eso. Se llama ” Los perros del jardín”, de tanto en tanto la pasan en Film & Arts. Se las recomiendo, está cargada de metáforas muy acertadas. Desde la no sútil diferencia que se hace con el personal que trabaja, siempre los responsables de todo lo que falta… hasta esa búsqueda de seguridad con respecto al exterior que supuestamente preserva el alambrado, cuando la verdadera inseguridad está en el interior del mismo.
Hace poco le preguntaron a una persona que vive en Fuerte Apache, ” Es seguro vivir acá?” y yo pensé debe ser más seguro que darse una ducha en Carmel…
11.
LEON | 17 Febrero 2008 at 8:44
Ese mundial fue una esquina generacional para el futiból de la aryentina.
Los equipos de la “era Basile” fueron, al menos 2. El de la copa américa 92, una aplanadora de fuerza, un caudal de energía desperdiciado y sin dirección (Astrada, Zapata, Franco, Simeone, Leo Rodríguez, Latorre… el mencho Medina Bello!). Los ultimos “heroes” sostuvieron a ese equipo que ganó esa copa de una forma contundente.
La simpleza (o ausencia) táctica de Basile logicamente se trasformó en falta de sorpresa y de juego en las eliminatorias. Nos pasaron por encima todos. El equipo de Maturana, una delicia, irrepetible, genial, arte! y si no acuerdense de Higuita, de Rincón Asprilla y Valencia, del dinosaurio Valderrama…
Y nosotro, bue, casi siamofuori, de no ser por un repechaje con… Australia -un equipo de rugbiers con las manos atadas- y por la reaparición del verdadero lider a último momento.
El equipo final de USA 94, una verdadera joya. Reconozco la capacidad de selección de Basile, pero a la hora de meter juego en la cancha, de proponer una dirección, de ponerse a la cabeza de un equipo, debería llamar a otro. En esa ocasión lo tuvo al último Maradona, ¿pero hoy en día?
Es cierto lo que dice TA. Después del fiasco de la efedrina el equipo podría haberse levantado, pero el pozo depresivo nos resulta fresquito, tan cómo. Podría haberse levantado. Ganarle a Rumania hubiese purgado de nuestro sistema futbolatorio la toxina maradoniana. Pero Basile… en las inferiores todavía, buscando cracks para no saber que hacer con ellos.
En Italia 90 me había gustado el juego de los amarillos, los rumanos… Hagi, Bumbescu, todos esos escu jugaban a cara de piedra y cuando apareció Bulgaria, me cerró el concepto del futbol europeo; contundente, frío, de intensidades crecientes que ahogan la respiración de los rivales. Obvio los búlgaros eran menos disciplinados, más calentones… se acuerdan del chisme de la partuza de Stoichkov y sus amigos?
El partido contra Rumania lo viví intensamente. Me acordaba bien del tratado entre caballeros del 90 y me di cuenta de que fríamente nos querían romper bien el culo, así salieron a jugarnos. Fue un partido de ida y vuelta, bien jugado por ambos, resuelto gracias a la maravillosa pierna de Hagi, “el Maradona de los Cárpatos”. Lástima que no se encontraron en la cancha… lo que hubiera sido ese partido!
12.
alita | 17 Febrero 2008 at 22:09
… gracias Frank por la aclaración…. me pareció o dijo Tomás que sos arquitecto?…si es así sabrás mucho del tema… hace unos días no venías por acá, se te extrañaba…. ocupado con el carnaval bahiano tal vez?….. podrías contarnos algo, si tenés ganas y tiempo, por supuesto …
… y es verdad lo que decís, Abraxas, no lo había pensado de esa manera… algunas veces en los countries, detrás de familias aparentemente bien constituidas, casi “perfectas”, hay otra realidad, se esconden tramas e historias secretas que sorprenderían a más de uno….bueno, aunque eso no solo pasa en los countries.
me dieron ganas de ver la peli, debe ser interesante… si te enterás cuando la dan por favor avisá….
Cariños a todos,
alita
13.
La herida de Paris | 18 Febrero 2008 at 16:13
En cuanto a los countris o barrios cerrados, hace tiempo leí un libro de una socióloga argentina con apellido italiano (algo así como Mastrantonio…), que se llamaba “Los que ganaron” que era bastante interesante.
A mi tampoco me gustan como modelo de urbanización y jamás viviría en uno, pero tampoco me parece cuestión de estigmatizar a todos los que optan por vivir así.
Supongo que habrá de todo…
Saludos.
14.
Matías Maciel | 18 Febrero 2008 at 22:21
Nunca fanático de la Selección [pero sí de Boca], aquel partido contra Nigeria fue el último que vi completo hasta 1999, cuando empezó el ciclo Bielsa. No vi un solo partido completo de Passarella, casi por una cuestión de “principios”. La verdad que la exclusión de Maradona del Mundial fue un mazazo al espíritu, del que solo pude reponerme con el paso de las semanas. Tenía 18 años y lo viví con tremendo dramatismo.