Universidad de Vincennes
Enero 9, 2008
Esta universidad fue creada en 1969 luego del mayo francés. Fue un premio consuelo al reflujo juvenil que no vió realizados sus deseos utópicos. El gobierno le dió una porción de realidad institucional y así se creó un establecimiento educativo a la medida del movimiento político del 68, que estaba en contra de todo el sistema educativo.
Allí fueron a parar todos los profesores que no estaban incluídos en el mandarinato de la Sorbonne, el plantel de los marxistas althusserianos, Foucault, Poulantzas, el grupo lacaniano-maoísta de la hija y el yerno de Lacan - J.A. Miller - , el psicoanalista Serge Leclaire, Felix Guattari, el profesor François Châtelet, y muchos más.
Para un entusiasta como yo era una kermesse con lo mejor del mundo en materia filosófica. Allí conocí a Foucault y cambié mi modo de ver la filosofía, de relacionarme con ella, me trasmitió el positivismo feliz, es decir la voluntad de saber y de estudiar con alegría.
El grupo de Althusser estaba dividido. El mejor profesor que tuve de aquel círculo fue Jacques Rancière, cursé con él dos materias: Teoría de las Ideologías I y II. Era un joven amable, inteligente, preciso y sagaz, que criticaba el teoricismo de su antiguo maestro, e intentaba despegar el marxismo de la dupla valorativa ciencia-ideología, para resituarla en sus determinaciones políticas, es decir en la lucha de las clases.
Alain Badiou era un combinación entre brillante intelectual, buen profesor, y celador. Dogmático a la manera de los escolásticos, sus materias se llamaban Teoría de la contradicción I, y, claro, Teoría de la contradicción II, la última basada en escritos de Mao Tsé Tung, como se escribía en aquella época, y no Mao zé Ding…o lo que fuere.
Etiènne Balibar sudaba su materialismo historico, en medio de una banda de anarquistas que interrumpían sus clases y le pedían explicaciones sobre su posición revisionista de afiliado al PC.
Serge Leclaire se las arreglaba como podía para dar su curso sobre el Complejo de Edipo viendo como lo esperaban a la salida un grupo de karatecas maoístas comandados por la familia de Lacan. Se lo veía aterrado.
Sin embargo, la violencia era más bien retórica, pero con presencia corporal evidente. Foucault, nombrado director del departamento de filosofía, llevaba a cabo una tarea diplomática para conformar a sirios y troyanos a la vez que dictaba sus materias sobre sexualidad, penalidad, y…botánica del siglo XVIII!
Su discípulo Daniel Defert dictaba la materia Formación del campo sociológico, fascinante aproximación al tema, y Chàtelet nos hablaba sobre Platón, un exotismo académico.
Todo en medio de ocupaciones de facultad, asambleas permanentes, delirios políticos, latinoamericanos con sueños de Sierra Maestra, hasta el actor del Evangelio según san Mateo, la película de Passolini.
Yo, traga sudaca, iba a todas las clases, engullía cada concepto como Alicia en Wonderland, y rogaba a los dioses para que nos enviara un diluvio que ahogara a los matones maoístas, troskistas y anarco situacionistas, que hacían callar el verbo de estos grandes pensadores de la filosofía.
Hasta dí una clase especial en el curso de Badiou sobre el concepto de Método Experimental según un texto de Balibar, como pude, de un modo literal, intentando comprender algo de lo que yo mismo hablaba.
Ésa fue mi universidad, mis mejores clases, retazos de cursos, caos académico, encuentros inolvidables, y ahí obtuve mi diploma de filosofía, un trofeo paracultural.
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1.
Gustavo Romero | Enero 9, 2008 at 5:23 pm
¡Qué hermoso recuerdo hecho texto, Tomás!
De verdad.
Transmitís algo más que lo que convencionalemnte, a través del sentido común, llamamos “recuerdo”. Es una experiencia vital maravillosa.
Estoy siguiendo los textos que últimamente estás escribiendo sobre tu formación en Francia, que es más que una dimensión académica, profesional o personal. Es vital, y la alegría que atraviesa el texto es conmovedora.
Alegría en el sentido spinoziano, nietzscheano, deleuziano, foucaultiano, por supuesto. No hablo de la alegría que se compra en los supermercados de la felicidad, en los libros que le dicen a la gente lo que tiene que hacer, la alegría expresada en recetas. No. Es alegría profunda que atraviesa el cuerpo y el alma.
Un abrazo y gracias.
Gustavo
2.
Ariel Y | Enero 9, 2008 at 7:35 pm
La única comonalidad que le encuento a tu experiencia con la mía en la carrera de Historia en la UBA a fines de los ochenta y comienzos de los noventa es el deseo de que los militantes dogmáticos dejaran al resto de los estudiantes pensar un poco.
Los cursos en mi carrera, con honrosas excepciones, no entusiasmaban. A lo sumo, realizaban una presentación prolija de la disciplina. Muy poco para una generación que venía perdiendo sus ilusiones democráticas a la velocidad de la luz.
Gracias por el texto.
3.
alita | Enero 9, 2008 at 10:48 pm
Interesante mezcla, estaba todo en ebullición …
“Allí conocí a Foucault y cambié mi modo de ver la filosofía, de relacionarme con ella, me trasmitió el positivismo feliz, es decir la voluntad de saber y de estudiar con alegría “.
Sin duda los conocimientos que un profesor pueda tener, las ideas, son muy importantes, pero no lo es menos la capacidad de transmitirlos, de inspirar a sus alumnos a recorrer su propio camino en la creación de sus pensamientos. Todo lo valioso que pueda tener, sin ese puente que establece una buena comunicación, quedará encerrado, no llegará nunca a destino.
Estuve viendo un video de Foucault , no lo había visto antes hablando, se ve claramente toda esa energía, vitalidad, pasión, humor y alegría de pensar que transmitía, que tuvo tanto que ver supongo en que se convirtiera para vos en un maestro, un guía, como tan bien describís en un post anterior.
Tenes alguna “anécdota”, aunque decís que nunca contás anécdotas, no sé como llamarlas, algo que recuerdes especialmente de M.F. …. cómo era ?…. su relación con ustedes, sus alumnos … por lo que ví no tenía esa cara de torturado como muchos otros filósofos … y qué enseñaba en Botánica del XVIII? … estoy re intrigada!
Gracias Profe, me alegro que sigas escribiendo … a pesar que estoy un poco ofendida porque llamaste monstruito a mi amado perro! … bueno, aunque un poco de razón tenés, medio monstruito es !
Cariños,
alita
4.
JorgePayador | Enero 10, 2008 at 1:25 am
Muy buena expresión de una historia personal, sin dudas, por el tiempo y el lugar, y los personajes, apasionante. Uno se imagina estar en esas aulas, y en ese ambiente plagado de contradicciones y de tipos, realmente, brillantes.
Importante es lo que señala Alita en cuanto a la posibilidad de incentivar el pensamiento propio, lo que se denomina pensamiento crítico y que está siendo aplicado como nuevo criterio educativo en algunos lugares.
5.
medusa | Enero 10, 2008 at 6:13 pm
Muy bueno lo de “trofeo paracultural”.
Saludos
Medu
6.
estrella | Enero 11, 2008 at 4:37 pm
Leo y empiezo a juntar estos post de los recuerdos. Ya hay varios: voy armando mi propio libro.
Espero más y más y más.
7.
Roberto(Gloria Mundi) | Enero 11, 2008 at 9:10 pm
Supongo que si te pregunto por Jaim Peres me dirás (si lo conociste) que era uno de los que hubieras deseado que se callen.